Joaquín Pérez Sánchez


Miles de fotos y vídeos circularon por las redes sociales y los medios de comunicación, mostrando la cruda realidad sobre las personas que huyen de la guerra y se adentran en Europa. Recientemente  la oficina del  Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)  informó sobre la “aceleración asombrosa” de nuevos refugiados en el mundo. Sin embargo, la Unión Europea, demora 15 días para realizar su cumbre “urgente” sobre el tema.
El “fenómeno migratorio”, como lo llama el gobierno luxemburgués, país que ostenta la presidencia de la UE este semestre, ha aumentado de forma impresionante en los últimos años, no sólo en Europa, sino en todo el mundo. Cerca de 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, la mayoría de las veces para salvar la vida por los conflictos armados. 
El ACNUR recordó que “el año pasado”, por primera vez desde la II Guerra Mundial, se habían alcanzado más de 50 millones de desplazados. En lo que va de este año, el aumento es del 16 por ciento.
En Europa, de acuerdo con la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), más de 400 mil personas han solicitado asilo en países europeos en el primer semestre de este año. Alemania y Hungría son los estados que tienen más peticiones.
En ambos países, grupos de xenófobos ya amenazan e incluso atacan a los inmigrantes, mientras las burocracias gubernamentales se enredan en declaraciones públicas que no sirven de nada.
Francia, Alemania y Reino Unido, principales cabezas dentro de la Unión Europea, “buscan” propuestas “duraderas” a la crisis migratoria, las cuales pasan por el control de las fronteras, el reparto de los costos y sobre todo acordar las “cuotas” para el reparto de solicitantes de asilo.
La razón humana parece estar perdida. En tanto miles mueren y otros arriesgan la vida día a día para tratar de llegar a un mejor destino. En los países europeos, la respuesta de algunos sectores es visceral. Por ejemplo, el gobierno húngaro pretende solucionar la crisis construyendo una  valla de púas, a lo largo de su frontera con Serbia (175 kilómetros).  
En cuestiones económicas y financieras, la comunidad europea se mueve rápido, incluso le importa un bledo lo que opinen la mayoría sobre sus políticas (caso griego), pero en el tema de la inmigración y la guerra, se atraganta de verborrea.