“Luis María Linde, gobernador del Banco de España,

es un irresponsable, inmoral e indecente”

Artur Mas, president de la Generalitat

Regino Díaz Redondo

Madrid.-  Hay personas que no deberían entrar a la política. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, es un ejemplo claro de cómo no deben hacerse las cosas. Cambia de criterio y acierta siempre contra los que menos tienen, carece de sensibilidad, es incapaz de un buen análisis, no sabe de recursos dialécticos y su discurso es increíble.

Además, hace el ridículo a veces y es por eso que no permite preguntas en las pocas ruedas de prensa que da; se equivoca en las que otorga y avergüenza porque está ayuno de argumentos y desconoce la situación española. Al menos, esa es la impresión que hay de él.

Sólo las circunstancias surgidas de la grave crisis en la que estamos sumergidos y alguna debilidad del ex presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, le han permitido, sin darse cuenta, llegar a la Moncloa.

Tropieza con la misma piedra a menudo y es tan obvio que propicia la burla y proporciona tema a los humoristas de dentro y fuera de los medios de comunicación. Acaba de inventarse un “negro” de perfiles institucionales, como suele decirse, para explicar el por qué de la Ley de Seguridad Nacional que no es otra que una norma que pone mordaza a la libre expresión de la gente y aumenta las protestas en contra de sus medidas casi siempre arbitrarias.

En las elecciones catalanas – oficialmente autonómicas, pero plebiscitarias para quienes desean independizarse de España – tuvo la oportunidad, por enésima vez, de modificar su inmovilismo, y con una posición realista, afrontar el problema de la secesión a favor de los que no desean la ruptura de España.

Pero nuevamente se equivocó. No supo. Quizá lo intentó pero no cuajaron sus argumentos ni sus razones. Se presentó ante los periodistas con una “declaración institucional” en la que reiteró que se aplicará la ley sin detenerse ante nada ni abrir un camino de negociación. Con su habitual y sospechosa soberbia, más bien infantil, advirtió: “sólo permitiré dos preguntas, eh?” y así lo hizo. Se fue tan campante y dejó a todos malhumorados, pero no sorprendidos, por su acostumbrada incapacidad para comunicarse.

Ni siquiera pudo aprovechar que el 52% de los catalanes votó por partidos españolistas frente a un 48% que lo hizo por Junts Pel Sí (Juntos por el Sí) que agrupa a Convergencia Democrática (de derechas) e Izquierda Republicana Per Cataluña (de izquierdas). Ambas corrientes se presentaron en un frente común independentista que es, cuando menos, sorprendente.

La gente de esa región envió un claro mensaje aunque se dividió entre salir y quedarse en la península. Las urnas arrojaron el deseo de los ciudadanos para que se revisen las concesiones que otorga el gobierno central a la Comunidad y que se reafirmen los preceptos de identidad y particularidades de Cataluña.

La votación con un 77% del electorado  fue la mayor alcanzada durante el período de nuestra violada democracia. La jornada se desarrolló tranquila y respetuosa. No hubo incidentes mayores y, si acaso, los extremistas de un lado y otro pusieron en jaque a la policía un mínimo tiempo.

En el recuento se conoció que el grupo de Mas obtuvo 62 curules, Ciudadanos, 25 (la sorpresa nacional), el PSOE 16, Catalunya Sí que es Pot (Sí se Puede) y el PP 11 y la CUP (Unidad Popular), 10. Estos últimos se convierten así en la fuerza decisoria para la elección de president.

Sin ellos, Junts no podría formar gobierno. Será difícil que lo haga porque la CUP mantiene con firmeza y sin titubeos su decisión de no apoyar a Artur Mas para que encabece el gobierno del Palau. Lo acusa de permitir irregularidades fiscales, desahucios, recortes abrumadores en sanidad y educación y de hacerse la vista gorda sobre el ya famoso 3% que cobraba Jordi Pujol cuando presidía la Generalitat.

Rajoy, de pronto, salió a la palestra y echó todo a perder. Tiró los anhelos de los catalanes a un estercolero. Destrozó el ánimo de los españoles y enfrentó a partidos de todos los colores por su incongruencia e ilógica que ha puesto al país muy cerca del caos político y de la violencia social.

Pero no se conformó con sumergir sus extremidades inferiores en un charco sino que, 24 horas después, “por casualidad” el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña imputó al president Mas y a sus colaboradores por prevaricación, desobediencia grave, malversación y usurpación de funciones.

¡Ahí queda eso!. Con qué facilidad enardece don Mariano a los habitantes de esta nación.

Su limitación neuronal, su inconsciencia y tozudez agravan el problema ya de por sí muy importante. No es un incauto si no que es la antítesis de Demóstenes. Sus frases propician el encono, son perversas y llaman a agredir las normas del Estado de Derecho al que tan mal representa.

Quizá el santiagués sea un hombre bueno; se puede admitir aunque está por comprobarse. Pero eso no elude que cometa desaciertos y que sea imposible que asimile lo que está ocurriendo.

Acertó en pleno centro de la diana. Antes de que los ánimos se calmaran, enardeció sin mirar a quien ni a dónde. El ambiente se crispó y las críticas a tal decisión (imparcialidad del TSJC) abundaron hasta dentro de su propio partido. No sólo los políticos aprovecharon la ocasión sino también los empresarios, intelectuales y artistas se quedaron mudos. Nadie pudo creer tal desatino.

El acoso del Tribunal se tildó de perturbador del orden público.

Las encuestas arrojan los siguientes datos: el 42% de los ciudadanos de esa región se sienten tan españoles como catalanes, 25.1% más catalanes que españoles, 21.6% españoles y 4.5% sólo españoles.

Con estos datos era prudente no remover viejos y nuevos agravios. Dejar todo en paz, porque el resultado permite que la declaración unilateral de independencia no se haga. Y así fue, pero con sus asegunes, porque ahora, con las aguas tan revueltas por la cuchara de Rajoy, cualquier cosa puede ocurrir y ninguna buena.

Tan evidente es el nuevo error cometido por el presidente del Gobierno que José María Aznar, que lo designó a dedo como su sucesor, le echó encima una carga explosiva:

“Ya va el quinto aviso (comicios europeos, andaluces, municipales y autonómicos y ahora éste) y no se puede desoír. Deja al PP en el peor escenario posible. Tu rival de la izquierda queda fortalecido, tu espacio queda mermado. Tu posición está seriamente comprometida. El partido en el gobierno no ha sido capaz de representar a la mayoría de las fuerzas constitucionales de Cataluña. Los secesionistas van a continuar el proceso”…

¡Qué tal!

Obviamente don Mariano se enojó y su gente, aún la más íntima, apenas pudo emitir una respuesta tibia y confusa. Es mucho Mariano, más Rajoy y algo Brey. Tres nombres que pasarán a la historia de España como ejemplo de inmadurez  y autismo.

El PP está tocado, herido de gravedad, tiene una enfermedad terminal que acabará con él. Pero, ¿quién puede reinventarlo?. Es una incógnita, no se ve a nadie por el momento. Quizá esté escondido en espera de mejores tiempos. ¿Esperanza Aguirre? Pues no. Vendría a darle la puntilla.

El jefe del Ejecutivo no está sordo, es que no oye.