“… sentíamos que los truenos rascaban los tejados del convento…”
Enma Reyes. Memorias por correspondencia.

Regino Díaz Redondo
Madrid.- El Partido Popular está roto, hecho jirones. Todos los días se le cae una parte del cuerpo. Enmohecido, no responde a estímulos y arrastra su decadencia con rapidez y sin remedio. No está viejo pero se oxidó por no usarlo. Da pena ver cómo pierde el piso y no se mueve.
Un organismo político que carece de cabeza es imposible que sobreviva. Si acaso lo puede lograr con una regeneración desde su raíz. Salvarlo ahora o más adelante.
En estas semanas previas a los comicios del 20 de diciembre, muchos de sus dirigentes se han ido por la libre. Están angustiados y hasta los más duros mueven el piso y lanzan dentelladas para que haya una mínima reacción.
Pero si la cabeza no existe (Mariano Rajoy no lo es) no hay quien pueda detener su desaparición. O al menos guardarla entre los trastos viejos para ver quién se interesa por ella.
Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, nada sospechoso de traición a su ideología, manifiesta que “muchos de mis compañeros están avergonzados del PP” en una magnifica entrevista que publica el diario El Mundo.
Simultáneamente, la presidenta de los populares en el País Vasco, Arantxa Quiroga, dimite porque intentó un acercamiento político más dialogante para resolver los problemas de esa región. Lo dijo claramente “nunca pude lograrlo, lo intenté” pero no es política de los populares.
Luego, en una carta publicada en el mismo periódico, Cayetana Álvarez de Toledo, inteligente factor de la derecha, señala que durante esta legislatura “la democracia no se ha defendido ni regenerado…” y agrega que no ve en el presidente Rajoy “responsabilidad de liderazgo, convicciones ni coraje”. Por eso renunció. La sustituye Alfonso Alonso, ministro de Sanidad.
Añade Álvarez que “el gobierno ha despreciado la política y desoído todas las alarmas” y manifiesta que “asistimos todavía a una renovación cosmética e hicimos una campaña catalana errónea”.
En más de cinco cuartillas, la dama en cuestión, que forma parte fundamental del tronco sólido y fuerte de su partido, considera que “nunca creí que Mariano hubiese hecho las cosas como las hizo” y sostiene que “la erosión del PP se suma a la erosión de las instituciones”.
Acusa a Rajoy también de inmovilista y de lanzar un mal humo electoralista, vacilar ante la corrupción y de no enterarse, o no hacer caso, de los problemas reales de la gente.
Por ello, le pide que no la tome en consideración en las listas que elabora su partido para seguir en el Congreso de los diputados.
La descomposición del neoliberalismo rajoniano es un hecho más que evidente. No hay estructura, tiene pésimos portavoces, malos ministros, temerosos funcionarios y borregos en el Parlamento.
Montoro, su ministro estrella, al que mima “porque nos sacó de la crisis económica” se la revira. Habla con crudeza pero con sinceridad. Una de las pocas veces que lo ha hecho. Es don Cristóbal el que saca a relucir la inquietud y los temblores que se dan dentro de su organismo político.
Los populares siempre creyeron que el jienense era toda obediencia y genuflexión. Que también era impenetrable y que tenía la coraza muy dura.
Pero dio la sorpresa. Además de destapar la olla de grillos, el máximo responsable de las finanzas españolas abordó temas cruciales que han puesto en el patíbulo a su institución.
A Rodrigo Rato, imputado por blanqueo de dinero, malversación y fraude, que fue vicepresidente con el gobierno de Aznar, se dirige sin tapujos con estas palabras: “si todo es verdad (lo acusan de enriquecerse como pocos), hay que preguntarle ¿cómo alguien de tu nivel de renta puede usar una black (tarjeta) para ahorrarse unos miles de euros?.
No deja títere con cabeza. Así, al ex presidente Aznar que acaba de ruborizar a Rajoy porque ha hecho mal las cosas, le pregunta:
“yo estoy en política por él, pero no puedo admirar a alguien que ahora se dedica al business y da lecciones desde fuera. Esto es como en un quirófano: no moleste, estamos trabajando”.
Al ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo, que intentó suavizar el enfrentamiento entre Artur Mas y Rajoy, le dice: “uno tiene que saber reírse de sus ideas con el tiempo porque, si no, es rehén de su propia arrogancia intelectual”.
En la larga entrevista, don Cristóbal lanza un upper a María Dolores de Cospedal: “¿economía con alma…? ¡Pero qué tontería es esa, como si hubiera economía sin alma!. Economía es el viaje de novios que se regalan hoy cuando no pudieron gastarse durante la crisis”.
De paso, con estas frases, le da una repasada y descalifica el nombramiento del ex ministro de Educación José Ignacio Wert, al que Mariano premió con una consultoría diplomática en París para que allí se reuniera con su reciente esposa, Montserrat Gomendio.
Los conservadores se han atrevido a nadar y guardar la ropa y ello enfadó a todos. A su propia gente, a los ajenos y a los que empujan el carro del trasto inservible en que se ha convertido el PP.
Las respuestas a tales señalamientos han sido cuidadosas y medidas. La vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría pidió respeto a la opinión de todos, y se lavó las manos. Unos ministros consideraron que Montoro había hecho una broma. Pero todos los populares están conscientes de que este llamado de atención, hecho mediante un recto a la cara, es el principio de la descomposición que debe ser evitada antes de que el enfermo fallezca.
El bueno de Rafael Hernando, flamante portavoz popular en el Congreso, se acercó a Montoro y con aire displicente, le dijo en voz alta: “te estoy defendiendo, Cristóbal. Sabes que eso no lo hago casi nunca. Pero esta vez sí, reconócelo”.
Y el responsable de las finanzas españoles tuvo que tragarse el sapo de un individuo descalificado que cada vez que habla aumenta votos a la oposición.
El pasado miércoles 14, el equipo propagandístico del PP cerró con broche de oro las equivocaciones y puñaladas políticas que recibió ese organismo.
Los diputados, con Sáenz de Santamaría a la cabeza, utilizaron uno de los apartados del Palacio de los Leones para hacer un mitin electoralista. Allí, exhibieron un video en el que se ve a una enferma casi moribunda (España) que es acogida por un grupo de médicos que se dejan sudor y lágrimas para reanimarla. El corto que costó un millón y medio de euros apunta cómo, desde la UCI, ya en estado terminal, la dama en cuestión empezó a reanimarse hasta que por fin soltó las muletas y comenzó a caminar hacia afuera del hospital. Ya en la puerta, una mujer de mediana edad con los colores de la bandera nacional en la frente sonríe y agradece los servicios de los médicos populares.
Esta propaganda no es sólo demagógica e irrisible sino ridícula.  Además, tiene el antecedente de haber sido copiada exactamente de otro lema publicitario hecho por el presidente de la república dominicana en 2007.
La actividad sin sentido del clan Rajoy nos deja a todos estupefactos.