Joaquín Pérez Sánchez


Basta echar una ojeada por los titulares de los principales medios europeos o un chapuzón por las redes sociales, para tener una imagen de lo que ocurre en Europa. Sociedades que viven una realidad contradictoria, bajo la tiranía de un sistema económico que avasalla y, donde la democracia cada vez importa menos.
Por ejemplo, en un país como España, azotado por la crisis económica con números alarmantes de paro (25 %), con fuerzas políticas y las élites económicas desacreditadas, señaladas por actos de corrupción  y con profundas divisiones, incluso con escenarios secesionistas. Se llevan a cabo manifestaciones multitudinarias, se especula con encuestas en los medios, luego llegan  las elecciones y finalmente poco cambia.
En otras latitudes, como Grecia, por ejemplo, la indignación creció, se manifestó y se manifestó en las urnas, y pese a ello, no pasó nada, las políticas económicas diseñadas por el poder europeo, se aplicarán a rajatabla.
En Alemania, ejemplo de sociedad estructurada, disciplinada y con un alto grado de confianza, también la realidad decepciona. Ya se conocían algunos escándalos de corrupción de empresas alemanas, pero tuvo que ser su aliado y mentor Estados Unidos el que rompiera el encanto, evidenciando el fraude perpetrado por Volkswagen y sus coches trucados. Ahora, emerge con verguenza la realidad, el modelo alemán está amañado, sólo se ensaña con los más débiles, con el poder no ordena, sólo obedece.
Mientras, miles de personas arriesgan la vida todos los días, unos para huir de la muerte, producto de la guerra, otros en busca de una mejor manera de vivir. Se adentran en suelo europeo desde Àfrica, Medio Oriente u otras latitudes. La crisis, que ya es permanente, provoca que en Europa se discuta por semanas, meses, años, si son refugiados o son migrantes o cualquier otra categoría que permita seguir manipulando una realidad que los supera.
Y en Suecia, por ejemplo, país modelo de democracia y tolerancia, crecen los ataques a los albergues de refugiados y los ataques xenófobos contra personas, por motivos raciales o religiosos.
En Polonia, país que dicen llegó a la democracia en 1989, ganó la ultraderecha los comicios del domingo 25 de octubre pasado y se prepara para impulsar  el ”cambio positivo”, con iniciativas políticas contra la migración, en contra del aborto y otras perlas que emanan de su proyecto de nueva constitución.
Claro que eso poco asusta, hay más temor en el Reino Unido a que pudiera llegar al poder el laborista Jeremy Corbyn, político británico que aseguran es pacifista, vegetariano y viaja en bicicleta. Si es vegetariano, cuando menos es un ejemplo a seguir, luego de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciara el pasado lunes 26 de octubre que consumir carne procesada, puede causar cáncer de colon y recto.
Así las cosas en la vieja Europa.