Dijo Judas: “He pecado entregando a ese hombre inocente”. Ellos le replicaron: “a nosotros qué nos importa?. Tú verás”.

Él se fue y se ahorcó.

Evangelio de San Mateo 27:4,5

Regino Díaz Redondo

Madrid.- El gobierno se niega a rendir cuentas a un Congreso legalmente constituido “porque no lo integran los diputados que me eligieron”, dice Mariano Rajoy. El presidente en funciones y sus ministros no acuden al hemiciclo y cierran la puerta a cualquier acuerdo que salga de allí.

La democracia retrocede y los sables todavía permanecen callados. A la espera de los futuros pactos. Las elecciones del 20 de diciembre no sirvieron, según ellos, para nada. Otra decisión absurda y desconcertante para los españoles que ya no toman en serio a la política ni su recesión.

Poco falta para que los legisladores exijan por completo el cumplimiento de la ley. Aunque no está escrito en la Carta Magna, quienes manejaron el país para mal deberían entender la necesidad de escuchar a los votantes.

De otra manera crecerá el enfrentamiento y el divorcio entre el Ejecutivo y el Poder Judicial. Puede traernos consecuencias graves y hasta irreversibles. Un ejemplo claro del desprecio a las instituciones es la postura que asume el ministro de Defensa, Pedro Morenés. No acude a la Comisión de Defensa de la Cámara y sostiene que no explicará nada si las cosas siguen igual.

Este insignificante acto nos lleva a prever la rebelión del jefe de las Fuerzas Armadas  que fue el primero en rechazar el llamado.

Cuidado con Morenés que es socio en empresas de armamento y, cuando fue ciudadano común, se dedicó a venderlas al mejor postor. Hay que poner un alto a estas sinrazones. El propio Jefe del Estado, Felipe VI, está nervioso y acaba de regresar de Puerto Rico donde nos dieron lecciones de cómo homenajear a Cervantes.

El PP ha conseguido, por fin,  crear un clima de mayor inestabilidad en España.

El tiroteo político se hace ya con municiones que hieren. No son simples mordiscos entre sonrisas sino insultos que nos avergüenzan.

En la carrera hacia la Moncloa, los líderes de los partidos hablan de pactos y compromisos y, al día siguiente, se desdicen o matizan los discursos.

El país vive en plena algarabía incontrolable mientras los rumores aumentan y se desmienten de inmediato.

Aumenta la grilla.

Que si Rajoy se va y da un paso atrás o que lo hará hasta que agote todos sus recursos; que es el único viable presidente del nuevo gobierno…

Dentro del PP de Valencia hay una confrontación importante. Sus miembros se lanzan tarascadas. Nueve concejales han sido imputados por delitos de blanqueo y fraude fiscal pero no renuncian aunque la gestoría de ese partido insista en ello.

Los casos de corrupción nos agobian y don Mariano manifiesta, sin ningún rubor, que “no tenía ni idea del blanqueo” del dinero en esa región.

El actual inquilino en funciones que vive en su palacio y conserva el sofá en el que se recuesta para reflexionar, no se entera de nada. De lo que no le conviene.

Porque si aceptáramos que efectivamente no sabe lo que ocurre sería quizás peor que admitir la culpa de muchos de sus funcionarios.

Vuelve a salir don Mariano y responde a dos preguntas en los pasillos del Palacio de los Leones: “las carreteras son para que circulen los coches y los aeropuertos para que despeguen los aviones”, expresa con su habitual sentido común. Asombra a todos.

Ha pasado la Semana Santa y se reanuda el diálogo. O lo que llamamos diálogo. Pero en realidad es un monólogo. Cada partido lleva sus argumentos bien aprendidos y no discuten cómo flexionar sus posiciones sino que se empeñan en reivindicar las suyas para que se conviertan en axiomas.

La política está enmarañada. ¿Quién la desenmarañará? El que lo haga habitará en la residencia oficial.

Al menos hemos ganado en ciertas cosas. Hay una Cámara de Diputados poli- dialéctica que influirá, esperamos, en el libre y pacífico debate sobre diversos puntos de vista. El rifirrafe positivo está servido.

Del Congreso saldrán acuerdos y mejores leyes. Buenas, si logramos un presidente que escuche. Mas bien un Ejecutivo que no tenga más remedio que escuchar y descubrir, por lo visto, cómo funciona una democracia sin máscaras.

Se inaugura una nueva época de riqueza parlamentaria en la que se aprobarán decisiones y leyes importantes. De lo que allí salga será mejor porque peor ya no es posible.

En el camino hacia un camino de izquierda, Podemos entra en una confrontación organizativa. Expulsa a Sergio Pascual, secretario de Organización “por una gestión ineficiente” y Pablo Iglesias asegura que “no debemos volver a cometer estos errores”. Alegría en las filas neoliberales y en las conservadoras de toda la vida.

La prensa, la TV y la radio se han dado un banquete y transforman un desencuentro interior en un arma arrojadiza. Utilizan el argumento de una inexistente división mientras Íñigo Errejón, responsable político de ese partido, se queda mudo.

En las entrevistas concedidas por miembros de la diligencia del partido morado mantienen que Íñigo se retira momentáneamente para analizar en frío lo ocurrido y emitir un juicio.

Si reconocemos que crisis política es un desacuerdo difícil de vencer pero no imposible, sólo son dardos que se lanzan los políticos entre sí.

Para la extrema derecha, y la no tan extrema, comienza la desintegración de Podemos de un ente anti sistema que es portador de todos los pecados bíblicos.

Admitamos que en política no es normal cesar a los miembros distinguidos  de la misma fracción. Pero está dentro de las atribuciones que tiene Pablo. Este fue elegido para presidir la mesa que nombró a Pascual y tiene facultades absolutas para destituirlos. Otra cosa es que haya diferencias de mayor o menor calado.

No todo es miel sobre hojuelas entre los descendientes del 15-M (Indignados de la Puerta del Sol) pero una organización que tiene dos años de vida precisa revisarse continuamente y adoptar líneas políticas más asequibles y lógicas. Matizarlas y adecuarlas al momento español, es su tarea.

¿Entonces, se extingue Podemos?. No tanto. Íñigo sale al paso antes de irse a descansar y afirma: “estoy hombro con hombro con Iglesias”. Poca importancia le dan los adversarios a estas declaraciones.

¿Tiene grietas el partido? Sí, grietas reparables. Los populares deberían tomar nota. Rajoy es intocable aunque dentro del PP se alzan ya las voces que le piden apartarse.

Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.