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El Estado mexicano se inclinó por educar a las nuevas generaciones, vía la televisión, para el cultivo de la violencia y no para la siembra de la paz social.
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Estado padrastro/VII-XV
Javier Esteinou Madrid
Con el objetivo de actualizar la reglamentación sobre la difusión de la información audiovisual en México, la Secretaría de Gobernación autorizó en noviembre de 2015 los nuevos Lineamientos Programáticos para la Transmisión de los Programas Grabados en Televisión Abierta. Esta nueva política de comunicación no fue una simple decisión burocrática del gobierno en turno en dicha materia, sino que fue un fallo jurídico que contribuirá a provocar diversas consecuencias muy preocupantes para el bienestar de la sociedad mexicana. En el ámbito de la salud mental ocasionará las siguientes importantes secuelas para la formación de los niños y jóvenes del país:
- Con el fin de “respetar” la “libertad de información” y satisfacer los intereses económicos de los concesionarios comerciales, los nuevos Lineamientos aceptados por la Segob aceleraron la exposición de los niños y las niñas a mayor cantidad e intensidad de actos de violencia audiovisual, sin ninguna ganancia educativa o cultural para las nuevas generaciones. Así, por ejemplo, se adelantó cuatro horas la difusión masiva de los mensajes televisivos grabados dirigidos a la infancia que “presenten eventualmente escenas de violencia, siempre que la trama lo justifique y muestren sus consecuencias negativas” (clasificación B); dos horas los temas que ostenten “escenas de violencia física, siempre que no sea la trama principal y pueda justificarse por la trama o el contexto” (clasificación B15); y finalmente, una hora las informaciones que exhiban “contenidos con violencia, incluso si no es la trama principal del programa” (clasificación C).
Por ello, ante la instauración aberrante de esta política de comunicación pública en el terreno de la conformación psicoemocional de los pequeños, es imperioso que el Estado contemple los resultados de la Consulta Infantil y Juvenil 2015 (participaron 2.6 millones de niños y adolescentes del país) que reflejaron el preocupante horizonte de incremento de la violencia en nuestra nación; y revelaron que lo último que requiere es el fomento virtual de la agresividad social.
De esta forma, por ejemplo, por una parte, dicho sondeo reflejó a escala nacional que para “convivir mejor” sólo el 75.7% de los niños de 6 a 9 años se comprometieron a cumplir las reglas establecidas y únicamente el 64% estuvo dispuesto a respetar a los niños y a las niñas con las cuales coexisten. Por otra parte, para que en México exista más justicia y paz, únicamente el 60.3% de los infantes de 10 a 13 están dispuestos a respetar a todas las personas y sólo el 32.1% están convencidos de observar la ley.
De igual manera, el 35.6% de esta misma población juvenil fue testigo de violencia contra otra niña o niño. El 9% sufrió agresión física en su casa, el 14.9% en la escuela y el 11.1% en la calle. El 16.4% experimentó intimidación verbal en su hogar, el 26.3% en la escuela y el 18.3% en la calle. El 6.6% vivió agresión emocional (humillaciones y discriminación) en su domicilio, el 19.5% en la escuela y el 11.8% en la calle. El 2.6 soportó violencia sexual en su casa, el 2.9% en la escuela y el 2.7% en la escuela. Por último, el 11.7% de este segmento infantil participó en actos violentos.
En tal sentido, la misma Consulta Infantil y Juvenil 2015 mostró que debido a la información y valores que reciben los infantes de los medios de información masivos, éstos ya perciben a la sociedad mexicana sumida en un profundo caos estructural. De esta forma, derivado del impacto que producen las imágenes de violencia que sistemáticamente reciben los infantes de los canales de difusión colectivos, ocasionó que algunos pequeños de cinco años en Michoacán dibujaran al lado de su casa un hombre de cabellera rizada sosteniendo con la mano derecha una cabeza degollada de la que escurre sangre, y en la otra, un cuchillo del que también caen gotas rojas. Otros chicos de cinco años en Veracruz ilustraron a una persona que le disparaba a otra que se desangraba. Más niños morelenses graficaron un tiroteo alrededor de su contexto de vida habitual.
En idéntica perspectiva, la Consulta Infantil y Juvenil 2015 dirigida a adolescentes de 14 a 17 años reveló que el 19% de los jóvenes sufrió violencia en algún momento de sus vidas. De tal universo, el 44.0% la experimentó de forma física, el 67% de manera verbal, el 32% de tipo psicológica y el 11.6% por vía sexual. El 17% de los adolescentes han participado en actos violentos y el 4% fueron obligados a formar parte de grupos delincuenciales.
Finalmente, dentro de este marco de descomposición social es indispensable considerar que de 35 Estados miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, México fue el país más denunciado en el año 2015 ante dicha instancia internacional, con 849 acusaciones contra el Estado por violar los derechos humanos (73% del total de 1164 imputaciones). Todo lo cual, transparentó el ascenso de una grave crisis de impunidad e inseguridad en la república y la falta de respuestas del gobierno a escala interna para resolverlas, que demanda la urgente construcción de una cultura de respeto a las garantías constitucionales de los ciudadanos.
Por ello, enmarcada la sociedad mexicana en este contexto de fuerte desintegración y violencia en múltiples niveles de la vida cotidiana, es necesario cuestionarle al Estado mexicano ¿por qué la Secretaría de Gobernación impulsó la difusión de más violencia simbólica en un país que cotidianamente está sumido en la delincuencia y la criminalidad real; y no promovió intensamente la edificación de una cultura de la paz a través de la televisión? ¿Qué ganó el Estado mexicano al suscitar una cultura de la violencia y no una mentalidad de la armonía y civilidad social? ¿Hasta qué grado más de descomposición social la nueva política pública de comunicación televisiva para la niñez elevará el deterioro psíquico, moral, educativo, cultural, ético… de la sociedad; al permitir ahora que los pequeños queden expuestos cotidianamente a la difusión de mayor cantidad de mensajes sobre fuerte agresividad, crueldad, sexualización, riesgo, intolerancia, humillación, descomposición comunitaria, alimentos nocivos…?
Todo ello, paradójicamente reflejó que en la segunda década del siglo XXI, el Estado mexicano se inclinó por educar a las nuevas generaciones, vía la televisión, para el cultivo de la violencia y no para la siembra de la paz social.
jesteinou@gmail.com
