Hoy por hoy, pese a la autollamada Revolución Bolivariana, Caracas, la capital venezolana, ya es la ciudad más violenta del mundo. Cuando los precios del otrora valioso “oro negro” estaba por las nubes— los tiempos de abundancia— se perdían miserablemente toneladas de alimentos. Ahora, cuando el barril de petróleo está por los suelos, la época de las vacas flacas, los caraqueños –en particular y los venezolanos en general–, participan entre tres y cinco saqueos por día.
Cada quien saca sus propias conclusiones. Algunos ex guerrilleros, como el salvadoreño Joaquín Villalobos (ahora consultor en conflictos internacionales), en una síntesis periodística titulada “Elemental para Venezuela”, explica: “En las actuales circunstancias (al régimen venezolano) resulta útil analizarlo desde su propia definición como revolución. No hubo en Venezuela una revuelta popular, ni derrumbe ni refundación de las instituciones preexistentes. El chavismo combinó tres factores: caudillo, votos y dinero”. A lo que habría que agregar algo más: la santería, que aunque no tiene ninguna base científica, pesa tanto como los otros factores. “El carisma del caudillo atrajo los votos y la abundancia de dinero hizo el resto…(lo que le permitió al régimen) controlar las instituciones”. De tal suerte “no existe revolución, sino gobiernos electos como en el resto del continente”.
Agrega Villalobos: “La inexistencia de un partido revolucionario es la razón por la cual la situación es más dramática” (auténtica situación de miseria en el pueblo común contrasta con la opulencia en las élites dirigentes “bolivarianas”). “Los chavistas –dice el exguerrillero–, se compraron la idea de que eran una revolución y otros les hicieron creer que así era. Ahora el régimen está atrapado entre esa supuesta revolución (la “bolivariana”) que, según ellos les da derecho de permanencia en el poder, y la pérdida de la mayoría electoral, que les obliga a dejar el Gobierno, (que es lo que hace la nueva mayoría parlamentaria que trata de lograr el referéndum para sustituir al heredero de Hugo Chávez). “El gobierno de Maduro no puede ni atender ni resolver la emergencia humanitaria. Para atenderla necesitaría un partido con disciplina, en vez de colectivos fuertemente contaminados por delincuentes. Para resolverla necesitaría recuperar la confianza del mercado después de haber expropiado más de 1,200 empresas. Sin ser revolución ni democracia no hay ninguna posibilidad de que Maduro atenúe la crisis. Lo seguro es que Venezuela seguirá empeorando con graves resultados para los venezolanos, para Latinoamérica e incluso para el futuro del partido chavista”.
Así las cosas, Nicolás Maduro –que por cierto ya tiene tiempo de no “hablar con los pajaritos” como lo hacía recién fallecido el caudillo–, vive su peor momento desde que asumió el poder en Venezuela hace poco más de tres años. Su popularidad ha caído al 11.6% mientras que el 83% de electores sufragaría para revocarlo del cargo, según los sondeos, que además revelan el posicionamiento de la oposición para ser el futuro gobierno.
El abandono del apoyo popular (que en realidad era a favor del carismático Hugo Chávez, pese a sus evidentes errores y gestos populistas), y la gran cantidad de votos que tendría en su contra en caso de comicios han incidido en que Maduro recurra al apoyo del “generalato”, especialmente el de los “narcosoles”: la designación del ex comandante de la Guardia Nacional y ex jefe de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), Néstor Reverol, como ministro del Interior y Justicia, para aferrarse al poder ya en fase agonizante. El mayor general Reverol, regresa al Ministerio del Interior donde ya ejerció como titular durante seis meses en 2012 y 2013, a las órdenes de Chávez y del propio Maduro. Lo hace en el momento en que más lo necesitaba, tras ser incluido por el gobierno de Estados Unidos de América (EUA) en la lista de narcotraficantes fugitivos. Este polémico personaje, que también fue cabeza de la Guardia Nacional, es acusado por fiscales de Nueva York de recibir pagos de narcotraficantes para facilitar sus operaciones en Venezuela durante los años que se mantuvo como encargado de las operaciones antidrogas. Algo así como el cazador cazado, que tampoco es bien visto en el seno de la Fuerzas Armadas por pertenecer a la Guardia Nacional. Algo complicado.
Las palabras de Maduro al dar a conocer el nombramiento son de antología: “Así tengo los cojones de enfrentarlos a ustedes, oligarquía y amos imperiales, en las calles con el pueblo. ¡Para que lo sepan! Néstor Reverol es un oficial ejemplar, hombre valiente, combatiente con experiencia, que ostenta el récord mundial de captura de capos del narcotráfico…Por su lucha le quieren hacer pagar la DEA y todas las mafias estadounidenses”.
Reverol reemplaza a otro general, Gustavo González López, “uno de los enormes sabuesos de mundo”, según Maduro, quien se mantendrá al frente del Servicio de Inteligencia Bolivariano (Sebin). González también fue nombrado tras ser acusado por EUA de la represión contra las protestas opositoras en Venezuela de 2014, en las que hubo decenas de muertos.
Estos dos polémicos nombramientos no fueron los únicos movimientos dentro del gabinete de Maduro en los primeros días de agosto. El cese del vicepresidente económico del gobierno bolivariano, el empresario Miguel Pérez Abad, que asumió los mandos del Ministerio de Industria y Comercio a principios de año, sorprendió a muchos. Pérez Abad era considerado el economista más flexible y pragmático del equipo de Maduro, pero desde hace algún tiempo era señalado por los más duros de la “Revolución”, tras sugerir que algunas empresas expropiadas deberían ser devueltas a sus propietarios originales.
La caída de Pérez Abad es otra batalla ganada para Alfredo Serrano –el “Jesucristo español”, como le llama Maduro–, el principal asesor del presidente. Sus tesis ortodoxas le enfrentaron con el ahora ex vicepresidente. Así son las cosas en la Venezuela de Maduro.
Asimismo, la encuestadora “Alfredo Keller y Asociados”, en su pasado estudio del 29 de julio, con una muestra base de 1,200 personas muestra que el 73% de los electores está a favor de firmar para solicitar el revocatorio de Nicolás Maduro pero cuando se anuncie la fecha de la consulta, dicen los expertos, el porcentaje podría llegar al 83% lo que representaría que 16 millones de votantes se pronunciarían en su contra en las urnas.
Todo esto significa que Nicolás Maduro enfrenta la peor caída de popularidad que haya sufrido presidente venezolano alguno en más de seis décadas de la historia del país. La imagen popular del sucesor de Hugo Chávez rueda por el abismo del 11.6%. Este indicador incluye cinco variables: popularidad, situación positiva del país, economía familiar, gestión gubernamental e intención de votos. Para que no haya dudas, la gran mayoría –el 88% de los venezolanos–, opina que la crisis económica (desabastecimiento y escasez, hasta de lo más indispensable) ha empeorado en los primeros ocho meses del año, y el 94% considera que los militares manejan peor la escasa distribución de alimentos que los civiles, de acuerdo al sondeo de Keller.
En tales circunstancias, la camarilla “bolivariana” –que cada día se debilita más– y el entorno presidencial se desespera pues no desconocen las estadísticas en contra y calculan los pésimos resultados que podrían recibir en caso de nuevas elecciones. Por lo mismo, los “super chavistas” y el presidente se aferran a la última tabla de salvación que tienen a la mano: la cúpula del alto mando militar que no controla toda la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sino parcelas de poder que indican lo divididos que están los cuatro componentes: Aviación, Naval, Ejército y Guardia Nacional, que la integran.
Ahora bien, la manipulación de la “unión cívico militar” viene desde los tiempos de Hugo Chávez. Este manejo del principio fundamental de la defensa nacional puede interpretarse como la integración de la ciudadanía al esfuerzo bélico, en él área de competencia de cada uno, en caso de amenaza externa. Los resultados de esta política están a la vista. De acuerdo a Fernando Ochoa Antich, ex ministro de la Defensa, “la institución armada ha visto disminuir gravemente su prestigio y aceptación en el sentimiento popular”; lo más práctico, dijo, sería “que Maduro renuncie ya al cargo”.
Pocas horas después de que la oposición superara el primer obstáculo, el miércoles 3 de agosto, para que pueda tener lugar el referéndum revocatorio para sacar del poder a Maduro, el “presidente más berraco” (localismo usado para definir a alguien “fuera de serie”, “sin comparación”), en forma radical, dentro de su programa de televisión “En contacto con Maduro“, anunció que no entregará a la Asamblea Nacional (el Congreso) los fondos que le corresponden como a cualquier poder del Estado. Según dijo, para tomar esta insólita medida, consultó “protocolariamente” al Contralor General y al Poder Judicial. “No puedo depositar recursos a una Asamblea inexistente, que está fuera de la ley. La Asamblea se autodisolvió”, aseguró.
La verdad sea dicha, una vez más, Maduro aprovechó la incondicionalidad de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para “legitimar” otro de sus despropósitos. En días pasados, el TSJ declaró nula la incorporación de tres diputados del Amazonas al Parlamento y que además reserva acciones futuras por desacato contra los tres dirigentes indígenas y contra la directiva del Palacio Legislativo. Convertido en comentarista de televisión sin nadie que lo llame a cuentas, Maduro no desperdició la oportunidad para exhibir a sus adversarios parlamentarios: “Lo que hizo Ramos Allup (el presidente de la Asamblea Nacional) es muy grave, salir a desacatar una sentencia del Tribunal Supremo, es desacatar la Constitución y las leyes”. Y calificó el hecho como “golpismo parlamentario”.
El caso es que desde que la Unidad Democrática ganó las elecciones parlamentarias al chavismo, el TSJ ha aprobado una veintena de sentencias “exprés” contra la mayoría opositora, todo con el propósito de que la oposición no cuente con la importante mayoría absoluta cualificada que le otorgan sus 112 escaños. “¡Así es como se gobierna!” Corearon los partidarios de Maduro en el Parlamento. ¡Pobre Venezuela!…VALE.
