Para alcanzar los objetivos planteados en el proyecto de la cuarta transformación “histórica” el gobierno de López Obrador-Morena expuso la necesidad de crear otro modelo de comunicación social que se convierta en un parteaguas que sepulte el tradicional prototipo de difusión de control político basado en el “arreglo económico” entre los concesionarios o propietarios de los medios y el Estado mexicano convencional. Con ello, supuestamente se establecerá otro “pacto comunicativo” entre empresas de comunicación, sociedad y gobierno para acceder a una nueva relación más justa y equilibrada entre las partes.

Dicho prototipo comunicativo permitiría informar de forma directa, constante y ágil a la población sobre las políticas públicas adoptadas por el novel gobierno para cumplir con el derecho a la información y crear una opinión pública favorable que le sirva de respaldo subjetivo para gobernar eficazmente. Tal política de comunicación se cimentó en una nueva racionalidad comunicativa que fue definida a través de diversos lineamientos establecidos mediante documentos institucionales, declaraciones oficiales y posicionamientos públicos.

Este nuevo modelo quedó sustentado en los siguientes veinte y cinco ejes cardinales que le dieron cuerpo al sistema de comunicación de la Cuarta República: la centralización de la comunicación; el ejercicio del derecho a la información; el respeto a la libertad de expresión; la democratización de la comunicación; no a la censura informativa; respeto al funcionamiento de los medios privados; revalorar el valor público de la información; austeridad comunicativa republicana; reducción del gasto publicitario gubernamental; combate a la corrupción informativa; fomento de la transparencia; apertura de los archivos del Centro de Seguridad Nacional (CISEN), de la Secretaría de Marina (SM) y de la Defensa Nacional (DN); evitar la discrecionalidad comunicativa; implementación de las conferencias mañaneras; propiciar la “comunicación deliberativa”; aplicación de las consultas ciudadanas; incentivar la direccionalidad comunicativa; vinculación cotidiana directa con el pueblo; restauración de los “derechos de las audiencias”; reordenamiento institucional de la infraestructura de la comunicación; impulso a los medios públicos y comunitarios; aprovechamiento de las nuevas tecnologías; Internet para todos; apoyo al periodismo independiente; retorno de voces críticas al espacio público; protección a los comunicadores; entre otros.

Con el fin de comprender con mayor claridad el universo de características que componen el nuevo modelo de comunicación de la Cuarta Transformación Histórica, es fundamental distinguir entre la existencia de procesos de comunicación indirectos, que se dan vía las tecnologías masivas de difusión de información, especialmente electrónicas y las dinámicas de comunicación directa, que se establecen entre el emisor y los auditorios a través de plazas o espacios públicos, sin que intervengan las mediaciones tecnológicas.

En este sentido el nuevo prototipo de comunicación de la Cuarta Transformación quedó compuesto por dos grandes niveles de acción comunicativa que incluyen, por un lado, una fase indirecta de comunicación; y por otro lado, una fase directa de comunicación que en conjunto se convierten en la fuerza político-cultural que cotidianamente le imprimen la dirección colectiva de naturaleza cognitivo-psíquico-ideológico-emocional a la nación.

Sin embargo, no obstante, la definición de los relevantes lineamientos constitutivos del nuevo proyecto de comunicación gubernamental, es fundamental destacar que ante los grandes desafíos de desarrollo estructural que se deben resolver en México con el fin de edificar otra nación en el siglo XXI, ante todo es indispensable que la sociedad reconstruya la dinámica democrática de comunicación para que el proceso de cambio del país se realice de manera equilibrada y no sesgada o viciada. Hay que subrayar que, en los comicios de 2018, en última instancia, la sociedad votó, por el rescate de la seguridad ciudadana; la amplia restauración de la democracia; el establecimiento de otra ética pública; el combate a la corrupción, la impunidad y la injusticia; el fortalecimiento de los poderes básicos de la República; y el desarrollo virtuoso de la sociedad; y no por el simple empoderamiento de otro grupo político en el poder que repita los mismos excesos autoritarios y escandalosos que criticó de sus antecesores.

Por ello, para refundar la democracia y orientar a la nación en otra dirección no sólo se requiere atraer nuevos capitales externos, crear más infraestructura, invertir en los polos marginados, separar el poder político del poder económico, ejecutar nuevos procesos electorales pulcros, formar otro sistema de seguridad, descentralizar la administración pública, reorientar el proyecto educativo, etc; sino también es fundamental que se edifique otro pacto de relación comunicativa directa entre el Estado y las comunidades, ya que la cimentación de la democracia necesariamente cruza por la apertura, la diversidad y el debate respetuoso de concepciones e ideas que permitan edificar una opinión pública enriquecida que contribuya a polemizar y rencausar las decisiones del Estado. Un régimen democrático exige la existencia y el respeto de múltiples corrientes de pensamiento que nutran sólidamente el espacio de la opinión pública para que los ciudadanos se informen plural y oportunamente sobre los diversos hechos de la realidad, y con base a ello, tomen las mejores decisiones para sus vidas.

En consecuencia, ante la conquista del formidable poder político alcanzado por  AMLO/Morena para gobernar a la nación durante el periodo 2018-2024, será fundamental que además del funcionamiento de las redes sociales de comunicación independientes, el gobierno permita el ejercicio de un vigoroso modelo de comunicación social autónomo, plural, abierto e interactivo con mecanismos medibles de independencia, transparencia y rendición de cuentas, que admita que los habitantes expresen libremente su sentir sobre si el reciente sistema de gobernabilidad de izquierda inaugurado en México cumple o no con las expectativas prometidas a los ciudadanos, o debe corregir el diseño de sus políticas públicas y su implementación correspondiente. Dicho modelo no debe ser centralizado, ni controlado por la nueva cúpula de poder, sino coordinado por la sociedad para mantenerlo abierto a la expresión del mayor flujo de opiniones ciudadanas con el fin de fomentar la interacción de la pluralidad y la diversidad de puntos de vista en el espacio público, evitando el autoritarismo, la censura, el abono al “culto a la personalidad”, y el restablecimiento de un nuevo “pensamiento único” en México, que ya no sea la doctrina del “neoliberalismo modernizador”, sino ahora se substituya por la ideología de la izquierda burocrática o dogmática.

De lo contrario, si el nuevo modelo de comunicación de la Cuarta Transformación de la República no abre caminos para la participación de todos los ciudadanos en el espacio público, especialmente mediático, y solo se convierte en la reconstrucción de la nueva “Aguja Hipodérmica” para inculcar a través de su prototipo de difusión masivo la propaganda morenista a la sociedad; se volverá a concentrar gradualmente, a mediano plazo, una fuerte desilusión, malestar, irritabilidad y desencanto colectivo que despertará con mayor fuerza al tigre del “México Profundo” que momentáneamente se apaciguó con la promesa de alcanzar una nueva esperanza civilizatoria para todos los habitantes de la nación.

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