El 1° de julio de 2018 México vivió una inédita revolución pacífica, legítima y civilizada de enormes dimensiones para transformar radicalmente la vieja estructura política que impidió durante muchas décadas realizar un crecimiento equilibrado para la mayoría de la sociedad. Mediante ello, se inició no sólo un cambio de gobierno administrativo, sino comenzó la gestación de una profunda mutación del régimen político en el México del siglo XXI.
Con este fin se entregó un gigantesco voto de confianza a la coalición política Juntos Haremos Historia” para que el país evolucionara de su etapa de colapso sistémico al que llegó bajo la dirección predominante de la lógica del mercado salvaje; hacia un nuevo proyecto histórico de desarrollo que aspira a superar los arraigados vicios estructurales anteriores y erigir una nueva alternativa de futuro democrático para todos los habitantes del territorio nacional.
El otorgamiento mayoritario de “buena fe” de dicho histórico “bono democrático” sin precedentes, tuvo como brújula esencial el combate a la impunidad, la corrupción, y la reconstrucción del proyecto de crecimiento del país para alcanzar un nuevo bienestar colectivo con mayor justicia y paz, mediante la colocación del interés general de la sociedad sobre los intereses particulares de los grupos. Fue un gigantesco poder ciudadano que se entregó colectivamente al Estado para edificar en el siglo XXI los nuevos cimientos de la “otra sociedad” anhelada profundamente por los habitantes dese finales de la Revolución Mexicana del siglo XX.
En este sentido, la delegación masiva de ese “voto de confianza” ciudadana a la nueva cúpula del nuevo gobierno morenista, no fue para el simple empoderamiento de otra célula política en el poder que vuelva a reproducir las mismas lacras, escándalos y perversiones que practicaron los gobiernos anteriores, sino se concedió para crear nuevas dinámicas pulcras en todos los niveles con el fin de permitir el avance de la democracia y la civilidad mexicana para el beneficio comunitario. El poder delgado fue concedido para el simple resurgimiento de otro autoritarismo político de diferente color.
Por ello, frente al intento de reinvención de país en el tercer milenio para resolver los grandes desafíos del desarrollo estructural que se deben solucionar en México, es fundamental considerar que su edificación requiere indispensablemente rescatar los principios elementales de establecimiento del orden de derecho, vigorizar el entramado institucional, potenciar la representatividad plural, respetar los contrapesos republicanos, ejercicio de la transparencia, participación diversa, inclusión ciudadana sin restricciones, creación de certidumbre legalidad, confianza y unidad que exige la existencia de cualquier régimen democrático equilibrado. De lo contrario, lo que se reinstalará será un sistema unilateral de gobernabilidad grupuscular que reproducirá la podredumbre, los desenfrenos, los despotismos y las carencias heredadas de administraciones anteriores que se pretendían superar. Esto sería equivalente a producir la nueva versión de la “dictadura perfecta” ya no conservadora, sino ahora de signo político de “izquierda nacionalista”.
En este sentido, el nuevo país que se eligió instaurar con el impulso del apasionado espíritu refundador nativista del 1° de julio de 2018, no se podrá conquistar a través de fomenta la creación de un modelo de crecimiento asistencialista basado en la entrega de subsidios a los sectores populares y no cimentado en un proyecto de despegue económico conformado por el fomento de inversiones reproductoras de empleo amplificado. Debilitando la certidumbre de los inversionistas, nacionales y extranjeros, con las contradicciones gubernamentales que se establecen recurrentemente en diversos rubros. Cancelando obras de infraestructura fundamentales para el impulso nacional como son el aeropuerto de la CDMX por juzgarlo como un proyecto leonino y abusivo, en lugar de examinar puntualmente los probables delitos cometidos y sancionar puntualmente los mismos, sin cancelar autoritariamente de forma indiscriminada todo el programa global. Utilizando el método administrativo de la “asignación directa” como forma predominante para adjudicar los contratos gubernamentales, en lugar de reducirla a su mínima expresión, utilizando la vía de la licitación pública de los mismos.
Desmantelando los contrapesos institucionales de la República tripartita creados durante muchas décadas para originar un sistema unipersonal de mega concentración del poder, en lugar de restaurar los equilibrios republicanos. Legitimando la autorización de políticas públicas fundamentales mediante la aplicación sorpresiva de mecanismos de “democracia a mano alzada” en pequeños grupos selectos de simpatizantes, sin ejercer rigurosos sistemas de representatividad. “Mandando al diablo” las instituciones del tradicional Estado republicano, para fortalecer la fuerza del hiper presidencialismo. Justificar la ejecución de proyectos nacionales y locales instrumentando “consultas a modo” en zonas regionales de adictos ideológicos, y no debatiendo abiertamente las diversas propuestas de desarrollo que se pretenden establecer.
Aprovechar el poder político de representación dominante en el Congreso de la Unión para aplastar las propuestas positivas de la oposición, a través de la estrategia del mayoriteo legistaltivo del partido hegemónico. Rebasar el orden del derecho establecido por la Constitución Política Mexicana, para imponer apresuradamente decisiones unilaterales y no edificar el cambio nacional respetando la aplicación de los principios de la Carta Magna.
Negando la delicada realidad de la situación de la nación afirmando que se “tienen otros datos” sobre la vida cotidiana, sin contemplar las otras versiones sobre el diagnóstico de la situación de la República. Luchar obcecadamente por siempre “tener la razón en todo” en lugar de enriquecer el criterio y la perspectiva de gobernabilidad con la creación de una “inteligencia colectiva” derivada de la escucha sistemática y el diálogo abierto con todos los sectores de la población.
Despidiendo enormes sectores de trabajadores del ámbito público utilizando la aplicación del “método del machete” para suprimir empleos, y no aplicando quirúrgicamente mecanismos de reordenamiento laboral. No escuchando la crítica fundada de la opinión pública opositora calificándola de corrientes de pensamiento fifí, neo porfirista, conservador o neoliberal, evitando respetar el ejercicio de la libertad de expresión sin castigos o burlas. Dotando de canales de comunicación a las iglesias, antes que fortalecer a los medios de difusión del Estado de servicio público. Demeritando las recomendaciones y aportaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos para proteger las garantías ciudadanas, por considerarlas “reaccionarias y anti progresistas”. Desautorizando las aportaciones de los organismos de la sociedad civil en la creación de procesos de regulación democrática, estigmatizándolos como organismos simuladores, cínicos y corruptos. Etc.
De lo contrario, si el nuevo sistema de gobernabilidad de la Cuarta Transformación de la República no abre caminos para el fortalecimiento de la “real democracia” y solo se convierte en el simple empoderamiento de otro grupo político que asciende al poder para beneficiarse de las prerrogativas que pueden derivarse del manejo irregular de la administración pública repitiendo los mismos excesos tiranos y escandalosos que criticó de sus antecesores; se volverá a concentrar gradualmente, a mediano y largo plazo, una fuerte desilusión, malestar, irritabilidad y desencanto colectivo que nuevamente despertará con mayor fuerza al tigre del “México Profundo” que momentáneamente quedó apaciguado con la promesa de alcanzar una nueva esperanza de mejor futuro civilizatorio justo, seguro y más humano para todos los habitantes de la nación. El “México Profundo” es sabio y siempre sabe cuándo se le engaña, y en consecuencia reacciona con furia hasta revindicar su bienestar.
Profesor-investigador Titular del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México, D.F, jesteinou@gmail.com
