En plena primavera nacieron el italiano Giacomo Casanova (2 de abril de 1725-4 de junio de 1798) y el húngaro Sándor Márai (11 de abril de 1900-21 de febrero de 1989), autor de La amante de Bolzano, un tratado acerca del amor y la felicidad. En la nota inicial, Márai advierte que en los razgos físicos y de carácter del héroe, “el lector reconocerá seguramene el peculiar perfil de Giacomo Casanova, el notorio aventurero del siglo XVIII […] trotamundos decidido a todo, apátrida y, en contra de cualquier parecer, enteramente infeliz que en la medianoche del 31 de octubre de 1756 bajó por una escalera de piedra desde los Plomos de Venecia al canal y, en compañía de un fraile llamado Balbi que había colgado los hábitos, se fugó del territorio de la República hacia Munich […] De sus Memorias no he tomado prestadas más que la fecha y las circunstancias de la fuga. El resto es puro cuento e invención”. Transcribo unas líneas de la novela.

“[…] alquiló unas habitaciones en la Posada del Ciervo. No llevaba equipaje e iba vestido con andrajos, con su elegante frac de seda colorada reducido a jirones y sin prenda de abrigo alguna. Por las estrechas calles de Bolzano soplaba el viento furioso de noviembre. El posadero examinó a los harapientos huéspedes con asombro.

–¿Las mejores habitaciones? –preguntó desconcertado.

–¡Las mejores habitaciones! –respondió él en voz baja pero firme–. ¡Y cuida la cocina! […] Manda que preparen pollo y capón asado para esta noche, no uno, sino tres, rellenos de castañas. Y consigue vino de Chipre […] ¿no has oído que un noble  de Venecia y su secretario y criado han sido despojados de todos sus bienes en la frontera? […]

Por la noche llegaron dos policías secretos […] Querían saberlo todo. ¿Está durminedo?… ¿No lleva equipaje?

–Sólo un puñal –respondió el posadero–. Sólo lleva un puñal. Sólo ha traído eso.

–Sólo un puñal –repitieron los policías secretos con la apreciación de un experto, sin tener la más mínima idea de lo que se trataba–. ¿Qué tipo de puñal? –preguntaron.

–Un puñal de Venecia –dijo el posadero con devoción […]

–¡Teresa! –llamó con enfado a la criada.

Apareció una muchacha vestida con su bata de noche. Tenía 16 años; llevaba una vela encendida en una mano y recogía su camisón sobre los senos con la otra.

–¡Escuchame bien! –le dijo en voz baja, haciendo que la muchacha se sentara sobre sus rodillas–. Sólo puedo confiar en ti. Tenemos un huésped peligroso, Teresa. Ese caballero…

–¿De Venecia? –preguntó la muchacha.

–El caballero de Venecia, sí, el caballero de Venecia –respondió él nervioso–. El que acaba de llegar de la prisión. De entre las ratas. De debajo mismo de la horca. Vigílalo Teresa. Vigila todas y cada una de sus palabras. Ten la oreja y el ojo pegados a la cerradura. Yo te quiero como si fueras mi hija. Eres mi hija adoptiva; pero, si te invita a su habitación, no te resitas. Tú le llevarás el desayuno. Vigila tu honra y vigílalo a él…”

 

Novedades en la mesa

De Clive Staples Lewis, autor de Las crónicas de Narnia, amigo y contertulio de J. R. R. Tolkien, Cartas del diablo a su sobrino (Rialp), una texto epistolar de literatura filosófica.