Doce años de investigación y nueve más de redondear las ideas y conseguir editor, es el periplo detrás de La república de Carlos Fuentes (Editorial Silex) de Raúl Pérez López-Portillo (16 de febrero de 1947), mexicano que vive en Madrid desde los años ochenta. Transcribo un fragmento de esta semblanza biográfica intelectual.
“Entre 1939 y 1945, los años adolescentes de Carlos Fuentes, un gran número de países se involucraron en una guerra a escala mundial. Entre 1934 y 1940, Lázaro Cárdenas impulsó en México un programa de modernización: reforma agraria, nacionalización de ferrocarriles, el petróleo y leyes sociales. En Chile, Aguirre Cerda (Frente Popular) ganó la presidencia en 1938 y en Argentina, golpes y contragolpes. Hacia 1939, lo gobernó Roberto Ortiz. Firmó un pacto de paz con Paraguay y Bolivia, por la guerra de Chaco, año en el que se hundió, cerca de la costa argentina, el acorazado alemán, Admiral Graf Spee, perseguido por tres buques ingleses. Ocupó la presidencia hasta 1943, año de su derrocamiento. El general Pedro Pablo Ramírez tomó el poder, pero le duró poco: un golpe palaciego en 1943 impuso como vicepresidente al general Edelmiro J. Farell. Argentina adoptó un nuevo rrégimen dictatorial clerical-fascista que disolvió el Parlamento, ilegalizó partidos, reprimió comunistas, persiguió a los judíos e instituyó la enseñanza religiosa, entre otras medidas extremas.
La familia de Carlos llegó a Chile; desembarcaron en Valparaíso, fin de un viaje desde Nueva York, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú. Vivieron en Santiago y Benos Aires de 1940 a 1944: la adolescencia de Carlos, de los 12 a los 16 años. Ahí aprendió de política e hizo grandes amigos. Lejos de su anterior destino anglosajón, mantuvo y reforzó el inglés en el elitista Grange School. La embajada mexicana estaba en la avenida Pedro de Valdivia y la calle Marchant Pereira. Su padre, Rafael, trabajó con el embajador Reyes Espíndola. El Grange School era un edificio de dos plantas, con clases distribuidas en dos alas, biblioteca, cocina y comedor para 400 alumnos y profesores. En la segunda planta estaban los dormitorios para internos (seniors en un ala, juniors en la otra) y enfermería. Se jugaba al rugby y /o soccer y al tenis. Usaban la piscina del adyacente Prince of Wales Country Club, que aún existe. El Grange recibe ahora unos 1 400 alumnos (“dayboys and daygirls”, pero no hay internos) y ofrece 14 años de escolaridad.
Si la familia Fuentes García truncó en Washington amistades, en Chile el hijo volvió a encontrar equipo, no sólo para juegos, sino para “lectura y diálogo”, en lugar de “los rudos deportes enlodados de nuestra escuela inglesa, regida por capitanes ingleses convencidos de que la batalla de Waterloo se ganó en los campos deportivos de Eton”, apunta en En esto creo. Carlos recuerda las caras de todos –Page, Saavedra, Quesnay, Marín–, pero sobre todo, la de Roberto Torreti, “Mi compañero intelectual, literario, con el cual escribí al alimón, nuestra primera novela”, perdida entre los baúles testamentarios de la madre de Roberto. Niños hijos de embajadores o funcionarios diplomáticos que no conservan amigos, ni casas, ni bienes. Carlos aprendió idiomas y estuvo en contacto con otras culturas, “crecer con niños de muchas naciones, colores y posiciones. Perdí muchas cosas, claro, como no tener perros y gatos y caballos… Perdí amistades; me dolía mucho dejar mis escuelas, tenía que anudar a cada rato nuevas amistades y olvidar las antiguas”, le dijo Fuentes a Fortson. Y le dolió no tener un barrio propio en México. “No tengo amistades de la infancia en México”, sólo las que hizo en secundaria y preparatoria, “pero mi padre mantuvo en mí un sentimiento muy agudo de la nacionalidad”.
Novedades en la mesa
Isabel Allende expone su postura feminista en Mujeres del alma mí, editado por Plaza y Janés.
