Indignado contra la miseria de la naturaleza humana, el irlandés Jonathan Swift (Dublín, 30 de noviembre de 1667- 19 de octubre de 1745) escribió en cuatro partes el libro que le dio un puesto en la literatura universal, Viajes de Gulliver. Pretenía burlarse de los pomposos libros de viajes y exhibir al “animal llamado hombre”, pero la novela resultó un relato de aventuras entrañable que pronto se convirtió en clásico infantil y juvenil. Transcribo las primeras líneas.
“Mi padre, propietario de una pequeña hacienda en el condado de Nottingha, tenía cinco hijos. Yo era el tercero. Al cumplir mis 14 años me mandó al Colegio Emanuel, de Cambridge, donde viví tres años, seriamente aplicado a mis estudios. Pero como mi sostenimiento, aunque yo gozaba de una pequeña pensión, resultaba una carga demasiado pesada para tan menguada fortuna, entré de aprendiz en casa de James Bates, eminente cirujano de Londres, con quien estuve cuatro años. Mi padre me mandaba de vez en cuando módicas sumas de dinero, que yo gasté en aprender el arte de la navegación y otras disciplinas matemáticas, útiles a quienes se proponen viajar, cosa que yo siempre había creído que estaba llamado a realizar. Cuando dejé al cirujano Bates fui a casa de mi padre y, con su ayuda, la de mi tío John y la de otros parientes, pude reunir la suma de 40 libras y obtuve la promesa de treinta al año para sostenerme en Leyden, donde estudié física durante dos años y siete meses, convencido de que esta ciencia me sería de utilidad En los largos viajes.
“Poco después de mi regreso de Leyden, mi bondadoso maestro Bates, me consiguió la plaza de médico en el Swallow, barco mandado por el capitán Abraham Panell, con quien pasé tres años y medio e hice un viaje o dos a Levante y varios a otros puntos. A mi regreso decidí establecerme en Londres, en lo cual me animó mi maestro, y me recomendó a algunos clientes. Alquilé parte de una casita en Old Jury, y habiéndoseme aconsejado que cambiase de estado, me casé con Mary Burton, hija segunda de Edmund Burton, calcetero de Newgate Street. La dote que aportó mi mujer ascendió a 400 libras.
“Pero al morir mi maestro Bates dos años después, y siendo yo hombre de pocas relaciones, empezó a decaer mi negocio, porque mi conciencia me privaba de entregarme a las prácticas censurables de ciertos compañeros de profesión. Así, después de consultar con mi mujer y algunos amigos, resolví embarcarme de nuevo. Fui sucesivamente médico en dos barcos, y en el término de seis años hice varios viajes a las Indias Orientales y Occidentales, cosa que me permitió aumentar algo mi fortuna. Ocupaba mis ocios en leer a los mejores autores, antiguos y modernos, a cuyo efecto llevaba siempre una gran cantidad de libros. Cuando desembarcaba, aplicábame a observar las maneras e índole de las gentes, así como a aprender su lengua, para lo cual tenía una gran facilidad debido a mi buena memoria.
“Como el último de estos viajes no fue muy afortunado, cobré disgusto por el mar y decidí quedarme en casa con mi mujer y familia. Me trasladé de la Old Jury a Fatterlane, y de allí a Wapping, con la esperanza de encontrar clientes entre los marinos…”
Novedades en la mesa
Ya se anuncia en enero la distribución de la nueva novela de Benjamín Black, Quirke en San Sebastián, editada en Anagrama.
