Franklin, entre Jesús y Sócrates

Gran personaje del siglo XVIII, uno de los fundadores de la nación estadounidense, Benjamín Franklin (17 de enero de 1706-17 de abril de 1790) fue hombre de su tiempo, dotado de una inagotable curiosidad intelectual, humanista, política y científica. Escribió acerca de su vida de impresor, inventor, político, educador, abolicionista, masón, y apuntó su propio catálogo de virtudes, aunque no recomendaba practicarlas todas a la vez, sino concentrarse en una sola. Transcribo las primeras líneas de la Autobiografía de Benjamín Franklin, dirigida a su hijo, y su lista de virtudes, en la traducción de Agusti Bartra para Editorial Cumbre (1962).

“Querido hijo: Fue siempre un placer para mí recoger todas las pequeñas anécdotas referentes a mis antepasados. Puedes recordar las pesquisas que realicé entre los pocos parientes que me quedaban cuando estuviste conmigo en Inglaterra y el viaje que emprendí con tal propósito. Y en la creencia de que puede ser igualmente agradable para ti conocer las circunstancias de mi vida, muchas de las cuales ignoras aún, y ante la perspectiva de gozar de una semana de reposo completo en mi actual retiro campestre, me pongo a escribirlas para ti. Además, otras razones me inducen a hacerlo. Puesto que desde la pobreza y oscuridad en que nací y me crié conseguí elevarme a una situación opulenta y a cierto grado de reputación en el mundo, y que en la vida, por la que he avanzado tanto, me ha correspondido una parte considerable de dicha, puede interesar a mi posteriodad conocer los medios de que me valí para ello y que con la bendición de Dios me llevaron  al éxito, pues alguno de ellos puede parecerles adecuado a su propia situación y, por lo tanto, apto para ser imitado.

“Esa felicidad, cuando he reflexionado sobre ella, a veces me ha inducido a decir que, si me fuese ofrecida la elección, no tendría ningún inconveniente en repetir la misma vida desde el principio, pidiendo sólo la ventaja que tienen los autores de corregir en la segunda edición algunas faltas de la primera […]

“1. templanza: no comer hasta el hartazgo; no beber hasta la exaltación. 2. silencio: no decir más que lo que pueda beneficiar a los otros o a ti mismo, evitar las conversaciones frívolas. 3. orden: que cada una de tus cosas tenga su lugar; que cada parte de tu trabajo tenga su hora. 4. resolución: resuelve realizar lo que debas; realiza sin falta lo que resuelvas. 5. frugalidad: no gastes mas que para hacer bien a los otros o a ti mismo; por ejemplo, no desperdicies nada. 6. laboriosidad: no perder tiempo, estar siempre ocupado en algo útil; suprimir todas las acciones innecesarias. 7. sinceridad: no valerse de engaños perjudiciales; pensar con inocencia y justicia; si hablas, habla de acuerdo con eso. 8. justicia: no hagas mal a nadie ni dejes de hacer el bien a que estás obligado. 9. moderación: evitar los extremos; evitar resentirse de las injurias recibidas tanto como se crea que lo merecen. 10. limpieza: no toleres la suciedad en el cuerpo, las ropas y la habitación. 11. tranquilidad: no te perturbes por nimiedades ni por accidentes comunes o inevitables. 12. castidad: usa raramente el sexo, excepto para la salud o la procreación, nunca hasta el embotamiento y la debilidad, o en perjuicio de tu paz o reputación, o de las de otra persona. 13. humildad: imita a Jesús y a Sócrates”.

 

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