“Daniel Ortega me parecía un hombre cerrado, de mirada desconfiada. Una vez, en 1986, me habló de su hermano Camilo, muerto en combate con las fuerzas del dictador Anastasio Somoza. También dijo que de los 15 a los 34 años jamás tuvo casa; vivió en la clandestinidad.
“Al oírlo contar que había vivido clandestino más de la mitad de su vida hasta el triunfo de la revolución, por primera y única vez sentí algo de humano en aquella figura de piedra.
“A mediados de 1991 me contaron de la piñata sandinista, un saqueo con ferocidad de buitres. La imagen de una piñata quedó grabada en mi memoria como un insulto a la revolución, a quienes murieron por ella, a quienes creyeron en ella. Dudé mucho en aceptar como verdad lo que verdad era.
“Supe también que al incautar propiedades de somocistas y pasarlas al Estado, Daniel Ortega se reservó una sonante cantidad de inmuebles en Managua. Varias de las casas de protocolo en el barrio Las Colinas, antiguo reducto de ricos muy ricos, incautadas por la revolución y reservadas para hospedar a visitantes extranjeros, eran en realidad propiedades de Daniel. Y me puse a pensar que a lo mejor habíamos sido huéspedes de él y no del gobierno”. Eric Nepomuceno, La Jornada 17 de junio de 2018.
Los niveles de posibles actos de corrupción, de los que nos enteramos por medios públicos, incluidos los que divulga el mismo gobierno son innumerables y parecieran parte de estrategias de campaña en contra de la llamada Cuarta Transformación.
Casi un 80 por ciento de los contratos para obra pública se han otorgado de manera directa, es decir sin concurso o licitación.
Una buena parte de los integrantes de los poderes del Estado se integran por familiares, amigos, compadres y socios de altos funcionarios, incluido el presidente de la república.
Varios familiares muy cercanos del propio presidente están involucrados en negocios y actos turbios de manejo de dinero sin saber su procedencia o destinos.
Muchos candidatos a gobernador y otros cargos de elección para los comicios del 2021 han sido denunciados como autores de delitos de violación, acoso, vínculos con grupos criminales o haber sido objeto de “operaciones” ilegales para la empresa Odebrecht.
Es interminable la lista de parientes, familiares, amigos o socios en cargos de importancia en niveles de gobierno.
Incluso importantes magistrados de la Suprema Corte de Justicia tienen parentesco con socios del presidente que realizaron obras muy importantes durante su gobierno en la Jefatura de gobierno del Distrito Federal.
Hay denuncias y datos de los inmensos ingresos que obtienen diversos “comentaristas”, “analistas” o “ideólogos” en programas de la televisión pública también la privada.
El tristemente célebre fenómeno de los “chayoteros”, que se asoció durante décadas a los gobiernos del PRI y también del PAN y el PRD, como parte de una perversa “política” de “control” de los medios, sigue presente, únicamente cambiaron los beneficiarios.
Es muy decepcionante ver a antiguos críticos del “presidencialismo autoritario”, aplaudir hoy, la falta de transparencia en los manejos de los recursos públicos, la “centralización” de la economía y las finanzas en la persona del presidente.
Estructuras, instituciones, oficinas y muy acentuadamente los organismos autónomos, están a punto de desaparecer y ser absorbidos por las secretarías bajo el mando del mismo poder ejecutivo.
Es cierto que en todos los casos se maneja la asignación de ofensivos salarios para los altos funcionarios que han dirigido esas dependencias y de muchos casos de desvío de recursos millonarios para las arcas personales de algunos de esos pillos o directamente para financiar a los partidos de la partidocracia: PRI, PAN, PT, PRD; Partido Verde, el Partido de Dante Delgado, el partido religioso PES, Morena y muchos otros que aparecen y desaparecen y cuyos dirigentes son ahora altos funcionarios del gobierno de AMLO. todo ello para justificar la desaparición de los órganos autónomos.
Lo adecuado sería quitar la corrupción y mantener los organismos autónomos, no usar la corrupción para dejar en total impunidad al presidente y regresar al viejo presidencialismo imperial.
El “dedazo” usado por décadas por el PRI y sus diversos presidentes, se usa sin rubor alguno, generando pugnas y denuncias cada vez más escandalosas por parte de los candidatos “derrotados”.
El presidente AMLO parece haber aprendido aquella ingeniosa coartada atribuida al presidente Adolfo Ruiz Cortines, se decía que los candidatos visitaban al presidente y éste les ofrecía su apoyo, cuando era designado su rival u otro diferente, volvían a visitar al presidente y con toda la sumisión de entonces, se atrevían a preguntar (nada de reclamar) “Qué ocurrió señor presidente, usted me aseguró que yo sería el candidato”, a lo cual respondía Don Adolfo Ruiz Cortines: “Ni modo mi hermano, perdimos”.
Hay decenas, centenares de cifras millonarias de recursos que fueron anunciados para combatir la corrupción, incluso se creó un Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado y su jefe terminó renunciando ante la ausencia de certidumbre del destino de esos recursos.
Nadie sabe qué pasó con los millones de pesos que se recortaron al despedir a decenas de miles de empleados con bajos salarios, que tenían “estatus” de “empleados de confianza” o de “honorarios”, fueron lanzados al desempleo en plena crisis económica y pandémica sin recibir la menor compensación por ese despido arbitrario.
El caso más dramático de toda esta política se está viviendo en el aparato de Salud Pública, personal médico y hospitalario sin los más elementales equipos de protección contra los virus, hospitales sin camas adecuadas, miles de enfermos haciendo “cola” en la vía pública o en sótanos de los hospitales, ausencia de aparatos respiratorios y de equipos de oxígeno. Todo ello ha dado un resultado trágico de más 135 mil muertos, más de un millón y medio de contagios, en los números oficiales. Aunque la OMS y el propio gobierno de AMLO, consideran deben multiplicarse por un factor de 2,8 o hacer la comparación simple del número de muertos en 2019 antes de la pandemia y compararlos con los del 2020.
Está pendiente examinar el porqué del fenómeno denominado “populismo“ tanto de derecha como de “izquierda” que consigue embaucar a millones, como lo ha sido y sigue siendo el caso de Donald Trump, quien no deja de ostentarse como “amigo de Obrador” y de “agradecerle el uso de 27 mil elementos de las fuerzas armadas“ para frenar la migración que se dirige a los Estados Unidos, pero el asunto no es ahora un tema meramente de “teoría política”, sino el rumbo del país que pareciera dirigirse hacia una especie de piñata Nicaragüense.
A nombre de la “izquierda”, menos aún del socialismo y todavía peor aún a nombre del comunismo, no se puede seguir la política de complicidad con un gobierno asociado y sometido a los grandes capitales, que aplica una política neoliberal y cada día se comporta como un típico gobierno autoritario.
Es hora de actuar sin tener los anteojos del fanatismo, cuyo daño produjo el fracaso del gran sueño libertario de construir una sociedad diferente a la capitalista.
