Las novelas de francés Maurice Leblanc (11 de diciembre de 1864-6 de noviembre de 1941) vuelven a plantarse en las mesas de novedades tras el éxito de la serie “Lupin”, inspirada en el ladrón de guante blanco que protagonizó 20 de sus novelas breves. Transcribo las primeras líneas de la primera de esas novelas, Arsène Lupin, caballero ladrón (traducción de Lorenzo Garza para Ciudad de libros), en la edición electrónica.

“¡Qué extraño viaje! ¡Y sin embargo, había comenzado tan bien! Por mi parte, jamás realicé un viaje que se anunciara bajo unos auspicios más venturosos. El Provence es un transatlántico rápido y cómodo y está bajo el mando del más amable de los hombres. A bordo se encontraba reunida la sociedad más selecta. Se establecían relaciones, se organizaban diversiones y pasatiempos. Sentíamos esa extraña impresión de hallarnos separados del mundo, reducidos a nosotros mismos como si nos encontráramos en una isla desconocida, y obligados, en consecuencia, a acercarnos los unos a los otros.

”Y, en efecto, nos acercamos…

”¿Han meditado ustedes alguna vez en lo que hay de original y de imprevisto en ese agrupamiento de seres que, todavía la víspera, ni siquiera se conocían, y que, durante algunos días, entre el cielo infinito y el mar inmenso, van a vivir la existencia más íntima, y que juntos van a desafiar las cóleras del océano, el aterrador asalto de las olas y la angustiosa calma del agua dormida?

”En el fondo –vivida en una especie de trágico resumen– es la propia vida, con sus tempestades y sus grandezas, su monotonía y su diversidad, y he ahí por qué, acaso, se devora con una prisa febril y una voluptuosidad aún más intensa ese corto viaje del cual se divisa ya el fin en el propio momento en que se inicia.

”Pero, después de algunos años, algo ocurre que viene a sumarse singularmente a las emociones de la travesía. La pequeña isla flotante depende todavía de ese mundo del cual nos creíamos desprendidos. Subsiste una relación, un nudo que no se desata sino poco a poco, en pleno océano, y poco a poco también, y en pleno océano, se vuelve a anudar. La radiotelegrafía es como una llamada de otro universo del cual se recibieran noticias en la forma más misteriosa que quepa imaginar. La imaginación no tiene siquiera el recurso de evocar los hilos de alambre por los cuales se desliza el mensaje invisible. El misterio es todavía más insondable y más poético también, y es a las alas del viento a lo que hay que recurrir para explicarse este nuevo milagro.

”De este modo, en las primeras horas nos sentimos seguidos, escoltados, incluso precedidos por esa voz lejana que, de tiempo en tiempo, nos susurraba a alguno de nosotros unas palabras llegadas de allá lejos. Dos amigos me hablaron. Y otros diez, otros veinte, nos enviaron a todos, a través del espacio, sus adioses entristecidos y sonrientes.

”Mas al segundo día, a quinientas millas de la costa francesa, en una tarde tempestuosa, el telégrafo sin hilos nos transmitió un despacho que decía:

”‘Arsène Lupin a bordo de su navío, primera clase, cabellos rubios, herida antebrazo derecho, viaja solo, bajo el nombre de R…’”

 

Novedades en la mesa

La novela histórica del francés Laurent Binet, ganador del premio Goncurt, Civilizaciones (Seix Barral), ambientada en el 1531.