El escenario nacional está cada día convertido en un callejón sin salida.
Tanto para los que durante más de medio siglo soñamos con un cambio radical, como para los que apostaron a un retorno el estatismo protector capaz de atenuar las situaciones polares, de una sociedad profundamente desigual, el camino de la llamada Cuarta Transformación es la ruta al desastre económico, social, cultural y político.
Para ese bloque partidario del cambio social por vía democrática, no se ve salida al túnel negro.
Las oposiciones electorales a la 4T, han sido incapaces de construir un compromiso histórico con las fuerzas ajenas al gobierno, partidarias de un viraje en favor de los oprimidos.
El asunto coloca a mucha gente ante una disyuntiva atroz: votar por Morena y sus aliados o votar por una coalición formada por el PRI; el PAN y el PRD o fracturar a la oposición votando por Movimiento Ciudadano.
Existe también la posibilidad de votar por candidaturas no registradas o de plano llamar a no votar por nadie.
En mi caso he llamado a no votar desde las elecciones intermedias del 2003 hasta las del 2018.
Hago referencia a mis posiciones personales porque he participado en la lucha política opositora desde 1964, me refiero a la de tipo electoral.
Nunca consideré viable la ruta de la lucha armada.
Siempre respete a los que optaron por esa vía.
A muchos de sus integrantes los conocí personalmente y fui muy amigo de varios. Cuando fue necesario apoyé a los que sufrieron prisión, persecución, tortura o fueron víctimas de desaparición forzada.
Mi postura en contra de la criminal represión contra los grupos armados y la gente que los apoyaba en la ciudad y el campo, la hice pública en muchas ocasiones. Una de ellas ante el propio presidente Luis Echeverría en su insolente y provocadora “visita” a la UNAM, el 14 de marzo de 1975.
Sigo considerando inadmisibles las acciones del Estado en contra los grupos que actúan al margen de los partidos electorales.
Especialmente he combatido las acciones represivas de todo tipo contra las comunidades campesinas, los diversos grupos feministas, los ambientalistas y los casos de ejecución de varios activistas de éstos grupos, como caso simbólico de todos ellos está el de la ejecución de Samir Flores.
Todo lo anterior, No resuelve el problema de qué hacer en las elecciones de junio de éste año.
La peor política es la del avestruz: esconder la cabeza debajo de la tierra. No es mi estilo.
La cuestión de éste momento político y específicamente el de los comicios de junio; es tomar posición ante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Considero fundamental derrotarlo.
Primero, porque su política ha sido una estafa a los anhelos y esperanzas de millones. Que votaron por él en julio de 2018, convencidos de que su gobierno pondría fin a la llamada guerra de Calderón y Peña Nieto contra el narcotráfico y regresaría el ejército a los cuarteles.
Segundo: porque aplicaría una política social y económica contra el neoliberalismo, para impulsar una opción de promoción del desarrollo de la economía interna, la creación de empleo y la elevación de los salarios.
Tercero, porque su gobierno actuaría contra la corrupción, dado que según el mismo AMLO, ésta era y la causa de la desigualdad, lo que continúa diciendo todos los días. Idea incorrecta, pero ni siquiera se ha dado un combate de raíz a la corrupción . Todo lo contrario. Hay muchos ejemplos de corrupción en la política gubernamental: alto porcentaje de contratos otorgados sin licitación o concurso alguno; escándalos públicos de altos funcionarios y familiares del presidente que han quedado impunes y en el olvido.
Cuarto; se consideró que habría un viraje radical en la política para los migrantes. Ocurrió lo contrario y se aplicó una política de contención de decenas de miles de migrantes acatando los dictados del gobierno de Donald Trump. Esa política esta a punto de llegar. A una crisis de proporciones majestuosas .
Quinto: El fenómeno inesperado y planetario de la Pandemia del Covid-19 ha sido tratado de manera desastrosa.
Sexto: El presidente Andrés Manuel López Obrador aplica una sistemática política de destrucción de las endebles instituciones autónomas, aduciendo la corrupción presente en las mismas. Cuestión real, pero que no se resuelve disolviéndolas. Estamos ante un creciente control presidencial de toda la política de Estado. El presidencialismo Imperial ha sido sustituido por el presidencialismo caciquil.
Séptimo: las políticas asistencialistas son un fiasco. La destinada a los llamados adultos de la Tercera Edad, Apoyo a Adultos Mayores no tiene ni siquiera un padrón claro, se manejó la cifra de 8 millones y ahora para el asunto de la vacuna contra el Covid, el INEGI habla de 15 millones de personas mayores de 60 años. Es inexplicable que 5 años de diferencia entre los que obtendrán la vacuna a partir de los 60 años y los que reciben el subsidio a partir de los 65 años, casi dupliquen el número.
O bien no supieron medir el número de los que reciben el subsidio de Adultos Mayores o ni siquiera consultaron al INEGI. Además, hay miles de casos de personas de la tercera edad que no reciben durante meses ningún peso. Nadie sabe a dónde está ese dinero.
El caso del Programa Jóvenes Construyendo futuro es simple y sencillamente un fracaso.
Ante un gobierno que aplica lo contrario a lo prometido en campaña y por lo cual obtuvo el apoyo de más de 30 millones de personas y un alto porcentaje de la votación, los electores debiesen castigarlo votando en contra la Alianza de sus partidos y sus candidatos.
No hay ninguna razón para votar por Morena y sus aliados.
Me refiero a una de tipo social, de reforma y mucho menos a algo parecido a una Cuarta Transformación.
El problema se complica porque las opciones opositoras, tanto la del PRI, PAN, PRD como la de Movimiento Ciudadano agrupan a partidos que fueron los que gobernaron por décadas y con sus políticas favorecieron el triunfo aplastante de un demagogo sin rumbo alguno.
Ni durante las revoluciones, los procesos son puros.
La gran Revolución de Octubre en Rusia, que abolió la propiedad privada y construyó una alianza contra la guerra decretada por los Zares, fue desviada o traicionada y el modelo del socialismo soviético se derrumbó, sin que fuese necesaria una invasión de los capitalistas o del Imperialismo.
Situaciones similares ocurrieron en del resto de los llamados países socialistas de Europa, Asia, principalmente China. Hoy convertida en gran potencia capitalista con un gobierno monopartidista, denominado Partido Comunista.
Ese desastre. No suficientemente estudiado, favoreció el surgimiento de partidos, líderes y gobiernos que se han etiquetado como populistas y en cierta medida ese es el carácter del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Queda poco tiempo para decidir si es conveniente votar por la continuidad de éste gobierno estafador o se vota por una coalición de partidos del viejo régimen.
