Javier Molina (San Cristóbal de Las Casas 8 de noviembre de 1942- 28 de marzo de 2021) solía pasar inadvertido, parecía frágil, desvalido, pero sabía romper el silencio con la fuerza de su pluma. De su obra brevísima editada en forma casi marginal, transcribo unas líneas de su libro Muestrario, editado por el Gobierno del Estado de Chiapas en 1984, bajo el impecable cuidado editorial de la generosa poeta chiapaneca Elva Macías.

“Currículum

”Nunca estudié anatomía, pero me consta que el estómago es maravilloso. Bueno, a lo mejor estoy exagerando, pero eso me pareció cuando me enseñaron en la escuela el funcionamiento del aparato digestivo.

”Estudié comercio, terminé la carrera de cuatro años. Eso sí, nunca me recibí de la carrera, cuando iba en cuarto año descubrí que no tenía absolutamente ningún caso. Pero aprendí cosas valiosísimas, en la escuela se enseñaban –y se apredía– una diversidad de materias: gramática, geografía, cálculos mercantiles, contabilidad, documentación, mecanografía, etcétera. Nunca me recibí pero ejercí la carrera: hice balanzas de comprobación, tarjetas de deudores y de acreedores, pólizas, el libro mayor. Ganaba tan bien que todos los días me tomaba una cerveza y, a veces, también unos jaiboles. Aprendí la regla de tres y también lo que significan los intereses.

”Estudié comercio, en la mañana. Al mismo tiempo asistí a la secundaria nocturna, las clases comenzaban a las seis de la tarde.

”En ese tiempo nadaba diariamente, jugaba básquet todos los días.

”Me apasioné también por la cosa pública, social, colectiva. Un día de mi adolescencia me enteré (no sin cierta decepción) que eso tenía que ver con la política.

”Y se me ocurrió una cosa sumamente seria: creer en Dios o no. Para mí resolver el problema –filosófico, me dijeron después– era fundamental. Si existe Dios y yo creo en Él, perfecto. Pero si no existe y yo creo que existe, mi equivocación es enorme. Comencé a leer de verdad, apasionadamente (algún tiempo después conocería a Feuerbach, a San Juan de la Cruz, a Marx, a César Vallejo).

”También aprendí que siempre hay que rascarse con sus propias uñas, como que no hay otras, ¿no?

”Bueno, está bien, también hay las mismas, las de nuestros hermanos y hermanas. Las manos de nuestros seres queridos.

”La música insiste en hacerse oír. El orden es tan absurdo que no queda más que transgredirlo. No tome, no fume, no camine.

”Hacer lo que uno quiera sin molestar a nadie.

”Libertad, hermosa palabra.

”Practicarla, de eso se trata.”

 

“Cuarteto

Aquí están tus ojos redentores

palabras que son sueño y que las digo

el campo donde sueño tus amores

hablando con el mar como contigo”.

 

Novedades en la mesa

La crisis depresiva que le llevó hasta un hospital para atender sus trastornos de bipolaridad la expone Emmanuel Carrère de manera autobiográfica en su nuevo libro, Yoga, editado por Anagrama.