“El matrimonio es la principal causa de divorcio”, es una de las frases de Gruocho Marx favoritas de mi abuela. Ella decía que Gruocho era Marx el Bueno, como católica militante que era, aunque no devota. El otro Marx no le cuadraba.
El 21 de marzo de 2016, el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, firmó un pacto electoral con la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, de Oaxaca. Se avecinaban elecciones en el estado. Dicha sección es la mejor organizada y belicosa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Aunque los signatarios principales eran de Oaxaca, el compromiso implicaba a toda la Coordinadora. AMLO prometió: “”Se va a detener por completo la injusta campaña de desprestigio en contra de los maestros, vamos a crear una Secretaría de Educación Pública en el estado, aprobar una ley estatal de educación y a liberar a los presos políticos”.
En mayo de 2018, el hoy presidente dio a conocer su “Decálogo por la educación y el magisterio”. En el punto 6 asentó: “Se cancelará la mal llamada reforma educativa. Haremos uso de las facultades del Ejecutivo para detener como aquí se ha planeado las afectaciones laborales y administrativas al magisterio nacional… Habrá justicia para cesados injustamente, para presos políticos y víctimas de la violencia”.
Y, en el compromiso 9, prometió quitar el monopolio del control técnico y curricular a la Secretaría de Educación Pública: “Las propuestas alternativas de educación que cada entidad federativa ha impulsado, como el Plan para la Transformación del Estado de Oaxaca (PTEO)… se apoyará la educación indígena respetando y preservando las lenguas, las tradiciones, costumbres, el medioambiente y la organización social comunitario”.
Con esas cláusulas e infinidad declaraciones, el candidato López Obrador, conocedor de que los matrimonios por amores causan muchos sinsabores, como reza un dicho mexicano, propuso a la CNTE un maridaje por conveniencia. Y hubo una luna de miel que se festejó en las mañaneras y más aún en once reuniones en el mero Palacio Nacional entre el mandatario y la dirigencia de la CNTE. Muchas sonrisas y abrazos, pero desde el punto de vista de los líderes de la Coordinadora, pocos hechos concretos en su favor.
Por ello, la CNTE reaparece con sus ropas de combate. Celebra sus 42 años con el amago de retornar a la Ciudad de México los días 13 y 14 de diciembre —no a clases presenciales— para protestar porque el gobierno no les cumplió. En documentos de las asambleas reciente y declaraciones de los dirigentes expresan sus exigencias, que no varían mucho de las que le hacían al gobierno de Enrique Peña Nieto: “alto a la represión, abrogación de la mal llamada reforma educativa de la 4t, pago de salarios atrasados, basificación de maestros interinos y reactivación de las mesas de diálogo con el gobierno federal”.
Esto no es del todo cierto. AMLO ha satisfecho bastantes de las reclamaciones de la CNTE. Liberó a presos, aun en contra de las leyes establecidas, basificó en tres años a cerca de 50 mil maestros de la CNTE en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero. También pagó salarios “caídos” que demandaban muchos de sus agremiados, aunque no comprobaron haber laborado y, si bien no puede documentarse por completo, parece que les regresó el privilegio de comisionados sindicales, es decir, que cobran de la nómina educativa.
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Sin embargo, fieles a su tradición de garra, los cabecillas de la CNTE acusan al presidente de mentiroso y neoliberal. En entrevista con El Universal (5/12/21), el profesor Pedro Gómez, dirigente de la Coordinadora en Chiapas, sentenció: “Nosotros, que hemos enfrentado duras políticas los años que hemos luchado, no vemos una diferencia entre este y los gobiernos anteriores. Se acentúa más esto que estamos enfrentando: hay más mentiras, menos compromiso para solucionar nuestras demandas y lo peor es que [el gobierno] está tratando de domesticarnos, situación que no ha logrado a pesar de todos sus esfuerzos”.
Empero, conforme al método del viejo Marx —aquel que no apreciaba mi abuela—, afloraron contradicciones; la lucha de contrarios no amainó con el arribo de la Cuarta Transformación. Es mucho el peso de la ideología de cuadros dirigentes y militantes. Si AMLO no mantuvo la promesa del punto 6, de impulsar planes estatales y respetar los materiales que producen en sus territorios, la CNTE rechaza los libros de texto obligatorios. Tal vez sí use los de matemáticas y ciencias, pero no mucho. En ciencias sociales, humanidades y artes, los maestros guerrilleros, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, siguen siendo su fuente principal de inspiración. También veneran la efigie del Che Guevara.
Los dirigentes de la CNTE de hoy crecieron curtidos en la movilización callejera, en la diatriba contra los diferentes gobiernos y porfían en que seguirán en su carrera ascendente. Pudiera decirse que ellos tampoco se desposaron con AMLO por amor; fue en defensa de sus intereses y con la expectativa de obtener mayores triunfos. Se rompió el matrimonio por conveniencia.
Por ello, los tres años que restan del sexenio serán de más conflictos. Los perjudicados serán los de siempre, alumnos, padres de familia y los maestros que sí quieren cumplir con su trabajo. Pero a fe mía que a ninguno de los ex matrimoniados les importa. Ellos no sufren las consecuencias.
La ruptura es definitiva, no habrá conciliación, aunque ambos contrayentes buscaran acuerdos. Porque, como dijo Gruocho en otra de sus frases lapidarias: “Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara”.
