En 2013 se publicó 1914. De la paz a la Guerra, de la historiadora Margaret MacMillan (Canadá, 23 de diciembre de 1943), con el relato del inicio de la primera Guerra Mundial. Más de un siglo después de esa absurda contienda, hoy seguimos padeciendo el sinsentido de la guerra. Transcribo las primeras líneas de la versión ePub de JeSsE (trad. de José Adrián Vitier).
“Según una guía de viajes de 1910, Lovaina era una ciudad apagada, pero al llegar su momento ardió con un fuego espectacular. Ninguno de sus habitantes podía imaginarse un destino así para su pequeña, hermosa y civilizada ciudad. Tras muchos siglos de paz y prosperidad, Lovaina era conocida por sus maravillosas iglesias, sus casas antiguas, su magnífico ayuntamiento de estilo gótico y su famosa universidad, fundada en 1425. La biblioteca de ésta, ubicada en la vieja y distinguida Lonja de los Paños, albergaba 200 mil volúmenes, entre ellos grandes obras teológicas y de autores clásicos, además de una rica colección de manuscritos, desde un pequeño cancionero anotado por un monje del siglo XI hasta incunables laboriosamente ilustrados a lo largo de los años. Sin embargo, a finales de agosto de 1914, el olor a humo impregnaba el aire, mientras Lovaina era arrasada por unas llamas que podían verse a kilómetros de distancia. Gran parte de la ciudad, incluida su gran biblioteca, desaparecía, al tiempo que sus desesperados habitantes escapaban penosamente hacia el campo con todo lo que podían cargar. Una estampa que llegaría a ser bien conocida en el siglo XX.
”Como casi toda Bélgica, Lovaina tuvo la desgracia de hallarse en la ruta de la invasión alemana de Francia durante la Gran Guerra, que comenzó en el verano de 1914 y duraría hasta el 11 de noviembre de 1918. Los planes alemanes determinaban una guerra en dos frentes: una acción dilatoria contra Rusia en el este y, en el oeste, una invasión y derrota rápidas de Francia. Se suponía que Bélgica, un país neutral, aceptaría sin problema ser atravesada por las tropas alemanas que se dirigían hacia el sur. Como buena parte de lo que sucedería en la Gran Guerra, tal suposición resultó errónea. El gobierno belga decidió ofrecer resistencia, lo que desbarató de inmediato los planes alemanes, y Gran Bretaña, tras algún titubeo, le declaró la guerra a Alemania. Para cuando llegaron a Lovaina el 19 de agosto, las tropas alemanas ya estaban resentidas contra Bélgica, debido a lo que consideraban una resistencia irrazonable, y también nerviosas ante la posibilidad de ser atacadas por fuerzas belgas y británicas, o por civiles levantados en armas.
”Durante los primeros días todo fue bien: los alemanes se comportaron correctamente, y los ciudadanos de Lovaina estaban demasiado asustados como para mostrar hostilidad hacia los invasores. El 25 de agosto llegaron nuevas tropas alemanas, en retirada tras un contraataque belga, y se propagó el rumor de que venían los británicos. Hubo disparos, muy posiblemente por parte de soldados alemanes nerviosos y quizá ebrios. El pánico cundió entre los propios alemanes, convencidos de que estaban siendo atacados, y dieron comienzo a sus represalias. Aquella noche, y durante los días siguientes, sacaron a los civiles de sus hogares, asesinando a algunos, entre ellos al alcalde, al rector de la universidad y a varios oficiales de policía. Murieron en total unas 250 personas, de una población de cerca de diez mil, y muchas más fueron increpadas y golpeadas. Mil quinientos habitantes de Lovaina, desde niños hasta ancianos, fueron enviados por tren hasta Alemania, donde una multitud los recibió con burlas e insultos”.
