Prolífico autor, el irlandés Bram Stoker (Dublín, 8 de noviembre de 1847- Londres, 20 de abril de 1912) escribió unas 16 novelas además de artículos y otros libros. Las colecciones de clásicos ilustrados, encuadernados en pasta dura y ofrecidos como seriales en ediciones masivas en los puestos de periódicos (a menos de 200 pesos el ejemplar), acercan textos fuera de catálogo a lectores actuales, como es el caso ahora de la novela La guarida del gusano blanco (trad. Ramón M. Castellote), de la que transcribo las primeras líneas.
La llegada de Adam Salton. Adam Salton se encaminó despreocupadamente hasta el Empire Club, en Sídney, y allí se encontró con que le esperaba una carta de su tío abuelo. La primera vez que había recibido noticias del anciano caballero había sido poco menos de un año antes, cuando Richard Salton, reivindicó su parentesco declarando que no le había sido posible escribir con anterioridad porque le resultó tremendamente difícil dar con la dirección de su sobrino nieto. Adam recibió con agrado aquellas noticias y respondió cordialmente, pues a menudo había oído hablar a su padre acerca de la rama más antigua de la familia con la cual su gente había perdido contacto desde hacía largo tiempo. A aquella primera comunicación le sucedió una interesante correspondencia. Adam abrió con ansiedad esta carta que apenas acababa de llegar, descubriendo que contenía una cordial invitación para visitar a su tío abuelo en Lesser Hill, Inglaterra, y permanecer con él durante tanto tiempo como pudiera disponer.
“De hecho –proseguía diciendo en su carta Richard Salton–, es mi esperanza que aceptes hacer de mi casa tu hogar permanente. Pues has de saber, mi querido muchacho, que tú y yo somos todo lo que queda de nuestra estirpe, y que sería más que apropiado que tú me sucedieras cuando llegue el momento. En el presente año de gracia, 1860, estoy ya tocando los ochenta años de edad y, aunque siempre hemos sido una estirpe longeva, la duración de la vida no se puede prolongar más allá de los límites razonables. Estoy seguro de que me gustarás, y me hallo en la mejor disposición para hacer que tu estancia conmigo sea tan feliz como puedas desear. Así que ven sin demora una vez recibas la presente, que con ella va la bienvenida que espero darte. Te envío, por si esto te hiciera las cosas más fáciles, un talón de banco por valor de 200 libras. Ven pronto, para que así podamos disfrutar de muchos días de mutua compañía. Si te decides a darme el placer de poder verte, envíame tan pronto como puedas una carta diciéndome para cuándo debo esperarte. Entonces, cuando arribes a Plymouth o Southampton o a cualquiera que sea el puerto de destino, espérame a bordo, que yo acudiré a buscarte tan pronto como me sea posible.”
El anciano señor Salton se sintió verdaderamente regocijado cuando llegó la respuesta de Adam y, a toda prisa, envió a un mozo para informar a su camarada sir Nathaniel de Salis, de que esperaba la llegada de su sobrino nieto a Southampton para el 12 de junio.
El señor Salton dio órdenes de que le tuviesen preparado un carruaje al amanecer de aquel importante día para viajar hasta Stafford, donde tomaría el tren de las 11:40. Aquella noche la pasaría con su sobrino, bien en el barco, lo que sería una nueva experiencia para él, o bien, si su invitado lo prefería, en un hotel. En cualquiera de los dos casos, al día siguiente de buana mañana partirían de regreso a casa […]
Novedades en la mesa
La primera novela de Kenzaburo Oe, Arrancad las semillas, fusilad a los niños.
