Desde la aparición de su primera novela, El libro de Raquel (1973), el británico Martin Amis (25 de agosto de 1949-19 de mayo de 2023) ocupó uno de los primeros sitios como escritor preferido de las generaciones de la segunda mitad del siglo XX. Transcribo las primeras líneas de la edición de Anagrama (1997) traducida por Antonio Mauri.

“Me llamo Charles Highway, aunque si pudiesen echarme una ojeada seguro que jamás se lo imaginarían. Es un apellido enérgico, viajado cipotudo, y por mi aspecto nadie deduciría ninguna de esas cualidades. Empezando porque llevo gafas, y las llevo desde los nueve años. Y porque mi figura de estatura mediana, desprovista de culo y de cintura, con una caja torácica ondulada y piernas estevadas borra todo indicio de aplomo. (En ningún sentido, por cierto, debería confundirse este modelo con el tipo ágil y elástico tan popular entre mis contemporáneos. No nos parecemos en nada. Recuerdo que tenía que hacerme un par de dobleces en los extremos de mis pantalones, y que rellenaba sus fondillos con camisas de talla de adulto. Ahora elijo mi ropa más reflexivamente, aunque lo que ha mejorado no es mi gusto sino mi intuición.) Pero poseo una de esas voces cachondas que ahora están de moda, esas que acostumbran a tener un irónico gangueo y que resultan excelentes para inquietar a los mayores. Y supongo que, además, mi rostro tiene expresiones extrañamente amedrentadoras. Es anguloso, pero delicado; nariz larga y delgada, labios anchos y delgados…, y unos ojos: con pestañas exuberantes, ocre oscuro salpicado de motitas siena tostada… Ay, qué pobres resultan las palabras.

“El dato más importante, sin embargo, es que tengo diecinueve años de edad, y que mañana cumplo los veinte.

“Los veinte son, naturalmente, la frontera decisiva. Los dieciséis, dieciocho, veintiuno no son más que mojones arbitrarios que sólo te permiten ser detenido por evasión de impuestos, contraer matrimonio, ser sodomizado, ejecutado, y así sucesivamente: cosas exteriores. Naturalmente, yo evito como la peste doctrinas tales como la que dice que “somos jóvenes mientras nos sentimos jóvenes”, la cual ha sido sin duda alguna la causa de que tantos elegantes cincuentones hayan caído muertos en sus monos deportivos, de que tantos ojerosos hippies hayan quedado fuera de juego víctimas de una sobredosis, de que a tantos precarios maricas les hayan partido la crisma autostopistas salvajes. Los veinte pueden no ser el comienzo de la madurez, pero les aseguro que marcan para todos el final de la juventud.

“A fin de obtener, inmediatamente, tensión dramática y simetría temática, elijo como instante de mi nacimiento las doce en punto de la medianoche. De hecho, las labores de parto de mi madre eran prolijas y, en general, muy poco elegantes; empezó a parir en este momento (es decir, a eso de las siete de la tarde del cinco de diciembre de hace veinte años), para no terminar hasta después de las doce, dando como resultado un húmedo y desamparado niño de un kilo ochocientos que tuvo que ser conducido al hospital para una puesta a punto de quince días. Mi padre había tenido la intención –Dios sabrá por qué– de presenciar todo el proceso, pero se hartó del asunto a las dos horas. Hace mucho tiempo que estoy convencido de la importancia de esta anécdota, aunque jamás he sido capaz de averiguar su significado. Es posible que pueda encontrar la solución en ese instante en el que, hace dos décadas, olisqueé el aire por primera vez”.

 

Novedades en la mesa

El libro más reciente de Martin Amis, Desde dentro, (trad. de Jesús Zulaika), publicada por Anagrama en 2021.