Una eventual deportación masiva de inmigrantes mexicanos, como amenaza Donald Trump, constituiría un duro golpe a la economía de Guerrero pues el envío de remesas desde Estados Unidos constituye el motor de crecimiento del consumo, llegando a equipararse con el presupuesto estatal.
Los flujos de esos recursos monetarios tienen un papel central en la economía del estado representando una fuente de ingresos crucial para las familias y una palanca económica pues han llegado a constituir una porción significativa del Producto Interno Bruto local.
El gobierno del estado se sumó la estrategia federal de atención integral “México te abraza” y se reeditará el programa “Regreso a Casa”, diseñado para brindar asistencia a los deportados sin recursos para regresar a su lugar de origen, pero existen limitaciones a considerar.
Datos de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas de la Secretaría de Gobernación, indican que en 2024 fueron repatriados 190 mil 491 mexicanos, de los cuales 16 mil 658 son guerrerenses, con lo cual Guerrero se ubica en el segundo lugar a nivel nacional en esta estadística.
En el “Diagnóstico de la población guerrerense migrante en Estados Unidos” hecho por el IEPC-Gro y el Colegio de la Frontera Norte, se concluyó que una población de 3 millones 287 mil 941 de personas de origen guerrerense residente en los Estados Unidos; de los cuales un millón 055 mil 160 corresponde a residentes nacidos en Guerrero y que migraron a dicho país, cerca de la cuarta parte de ellos se ubican en el estado de California (24.72 por ciento), mientras que otra cuarta parte se localiza en el estado de Texas (23.50 por ciento).
La localidad de Chicago, Illinois, es la que se ubica en primer orden respecto del número de matrículas consulares emitidas en el 2021, y que refiere presumiblemente la mayor cantidad de migrantes recientes procedentes de Guerrero que ingresaron a los Estados Unidos (800 mil estimados).
Los datos del Anuario de migración y remesas de México elaborado por Conapo y BBVA apuntan que Guerrero es la segunda entidad del país con mayor dependencia económica del dinero proveniente de Estados Unidos que representan el 13.8 por del PIB estatal. En 2023, la economía de Guerrero presentó un PIB nominal de 410 mil 058 millones de pesos. Entre enero y septiembre de 2024 la entidad recibió 2 mil 424.8 millones de dólares, 5 por ciento superior al monto recibido en 2023. El presupuesto del gobierno estatal para este año es de 83 mil 64 millones de pesos.
A partir de los datos señalados puede concluirse que la eventual expulsión masiva de migrantes guerrerenses en Estados Unidos tendría profundas implicaciones económicas y sociales tanto para los migrantes como para sus comunidades de origen en Guerrero.
La disminución de remesas implicaría baja del consumo en sectores clave como comercio, servicios y construcción, afectando negativamente el crecimiento económico en la región.
Además, junto con la posible pérdida de empleo para los que dependen económicamente de los migrantes, aumentaría los niveles de pobreza en Guerrero y combinada con la falta de alternativas de trabajo en el estado, podría exacerbar las tensiones sociales y políticas, generando una mayor dependencia de programas de asistencia gubernamental.
Ante la imposibilidad de retornar a Estados Unidos, muchos migrantes podrían optar por migrar dentro de México, particularmente hacia las grandes ciudades. Esto aumentaría la presión sobre los servicios públicos en zonas urbanas, donde el desempleo y la pobreza podrían ser mayores. Además, podría generar conflictos laborales, ya que las ciudades recibirían a personas que ya tienen experiencia laboral en Estados Unidos pero que se enfrentarían a un mercado laboral interno menos dinámico.

En muchas regiones de Guerrero, la violencia y la inseguridad son problemas persistentes. La expulsión de migrantes podría agravar estas situaciones, especialmente si aquellos que regresan no encuentran oportunidades para reintegrarse laboralmente, lo que podría llevarlos a caer en actividades ilícitas.
El gobierno estatal y municipal de Guerrero tendría que enfrentar una crisis de reintegración, pues muchos migrantes no contarían con las habilidades o recursos para adaptarse a un entorno económico y social muy distinto al que dejaron en su migración. Esto podría generar una presión adicional sobre las políticas públicas locales, que tendrían que enfocarse en la reintegración laboral y social de los retornados.
A largo plazo, si no se crean políticas efectivas para la reintegración de los retornados, la economía de Guerrero podría enfrentar un estancamiento, ya que el flujo de remesas disminuiría considerablemente, mientras que el retorno de migrantes no siempre implicaría una recuperación inmediata del mercado laboral local.
En el mejor de los casos, la expulsión masiva podría obligar a las autoridades locales a replantearse su modelo económico, impulsando la creación de nuevos sectores productivos y el fortalecimiento del tejido empresarial local. Sin embargo, esto requeriría de una inversión significativa en infraestructura, educación y desarrollo económico que, hasta el momento, no ha sido implementada a gran escala.
Una expulsión masiva de migrantes guerrerenses de Estados Unidos tendría serias consecuencias tanto para la economía local de Guerrero como para la cohesión social de sus comunidades. La pérdida de remesas, combinada con la desestructuración familiar y la falta de oportunidades laborales, podría profundizar la pobreza y la desigualdad, y generar un éxodo interno hacia otras zonas del país.
