La editorial Grijalbo acaba de publicar Minucias, selección de los aforismos publicados por Ignacio Solares (Ciudad Juárez, Chihuahua, 15 de enero de 1945- Ciudad de México, 24 de agosto de 2023) en El Universal, entre 2015 y 2022, donde “trata de atrapar en frases breves, precisas, contundentes, el núcleo mismo de nuestrs experiencias que podrían concentrarse en largos relatos y novelas”, dice José Gordon en el prólogo al volumen, que cierra con una detallada semblanza de Solares escrita por Vicente Alfonso. De estas minucias acerca de la muerte, el amor, el placer, el humor, transcribo un puñado en torno al oficio que el autor ejerció toda su vida, la literatura.

El poeta fue expulsado de la corte del príncipe por hacer un trabajo inútil y subversivo.

El poeta debería defender, por encima de todo, la inutilidad de su trabajo.

Joyce: “Si no hubiera sido artista me habría vuelto loco”. Nora (su esposa): “Te volviste loco porque eres artista”.

Parece inconcebible que de un tintero –o de varios– haya surgido En busca del tiempo perdido.

El novelista llena con la imaginación los huecos que deja la historia.

La imaginación puede convertir en humo los barrotes de una prisión.

Si no puedes vivirlo, imagínalo, quizás hasta resulte más gratificante.

El libro que te ha de marcar llegará a tus manos sin que lo busques.

Practicó tanto la escritura automática que ya no sabía quién era.

La memoria es una maravillosa impostora.

El escritor que se pasa al equipo de los ángeles traiciona su profesión.

Tal vez haya un libro con la clave de mi vida, pero lo leí y no me di cuenta.

Violencia es el veneno; el antídoto es la cultura.

La única carta que nos concierne a todos es la del suicida.

Buffon dijo: “El arte es una larga paciencia”. Sobre todo para la familia del artista.

Hay quienes escriben con reloj de sol; otros lo hacemos con reloj de luna.

En la creación literaria, la fiebre es mala consejera.

En los haikus la poesía se encoge bellamente.

Cuántas realidaades cotidianas pueden ser resultado de fantasías.

La imaginación revela lo que la realidad esconde.

Los que no tienen nada que decir siempre lo dicen en voz alta.

Releer ciertos libros, como en un arpegio, nos conduce a un acrecentado y renovado placer.

Un libro permanece apagado hasta que llega un lector a encenderlo.

Lo más cierto es la ficción.

Un novelista debe hablar de lo que se ve, pero sobre todo de lo que no se ve.

Hay sueños que, creo, me robé de alguien; otros, es muy probable que me los hayan robado a mí.

Me la paso jugueteando con las palabras; mientras tanto, la vida pasa vertiginosa afuera.

También en la vida, la clave está en las últimas líneas.

A posibles fórmulas de trascendencia, el artista incorpora la suya: por la belleza se llega a la reconciliación.

La poesía es una ruta inexorable hacia el misterio.

Con el tiempo la memoria se encoge, como la ropa de lana.

Murió Stevenson de un derrame cerebral, frente a su mujer. Sus últimas palabras fueron: “¿Qué le está pasando a mi cara?” Como si recordara al misterioso Mr. Hyde.

Lo peor del final es que no estamos preparados para despedirnos.