Lastimera es hoy la política mexicana, hay señalamientos hacia la gente que gobierna, a los que ocupan cargos en algún instituto político, y lejos de que se inicien investigaciones serias y responsables por parte de las autoridades competentes, se publican cartas por parte de los señados francamente infantiles.
Un caso notable, sobresaliente, es el del exsecretario de Gobernación, Adán Augusto López, hoy todavía de manera sorprendente, coordinador de los morenistas en el Senado de la República.
Pesan sobre Adán Augusto las denuncias contra el exsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, quien colaboró en su gobierno. Siguiendo la misma lógica que en el caso de Genaro García Luna, resulta poco creíble que el exgobernador no supiera en que andaba metido su subordinado.
Bermúdez Requena ha sido vinculado con el grupo criminal La Barredora, pero nadie lo sabia en Morena, en el gobierno del expresidente López Obrador y mucho menos su exjefe, el exgobernador de Tabasco.
Lo lógico, ético y prudente en un estado de derecho, es que el coordinador de los Senadores pidiera licencia para enfrentar los señalamientos y aclarara de una vez por todas los vínculos con Bermúdez Requena. Así como los morenistas en su momento pedían que el expresidente Felipe Calderón aclarara su relación con su exsecretario de Seguridad.
Este tipo de escándalos han obligado a gobernadores a pedir licencia para separarse de su cargo. Es el caso de Javier Duarte en Veracruz, Ángel Aguirre Rivero en Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer en Chiapas o Jorge Carrillo Olea en Morelos ante la posibilidad de un juicio político en su contra por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Sin embargo, en Morena pareciera que es preferible asumir el costo político y cubrir al Senador hasta sus últimas consecuencias. La discusión no es quien lo eligió, sino que está siendo señalado porque uno de sus principales colaboradores tiene vínculos con el crimen organizado, lo cual lo obligaría a pedir licencia para que las autoridades competentes investiguen con total libertad.
Este tipo de conductas no se entienden fuera de nuestro país, recordemos la crisis que llevo a la caída de Boris Johnson como primer ministro del Reino Unido.
El británico pensó que podría salirse con la suya de cualquier escándalo, pero al final tuvo que renunciar. Fue sorprendido al recibir donaciones para renovar su apartamento, acudió a fiestas durante los peores días del confinamiento por el COVID, violando flagrantemente las reglas sanitarias que se habían impuesto en el país.
Estos escándalos palidecen ante lo que hoy enfrenta Adán Augusto, en donde su exsecretario de Seguridad se encuentra prófugo de la Justicia y el afirma no haberse dado cuenta de nada. Por si esto fuera poco, al parecer el gobierno de Estados Unidos tiene concluida una investigación sobre presuntos negocios del morenista al amparo del poder.
Como pasa en casos similares, las autoridades mexicanas son las últimas en enterarse, tan es así que el Senador se ha jactado de que no hay una investigación en su contra por parte de la fiscalía general de la República o de otra autoridad competente.
Al tiempo, pero todo parece indicar que Adán se aferra al fuero porque sabe que tarde que temprano le llegará el agua al cuello.
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