Repetía constantemente durante sus campañas políticas y ya en el poder el expresidente Andrés Manuel López Obrador que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre, frase que también ha pronunciado en varias ocasiones la presidenta Claudia Sheinbaum.
Esta frase parece quedarse en el olvido y ser solo propaganda política, ya que algunos miembros del gobierno en el poder sostienen lo contrario como así lo ha manifestado el impresentable de Gerardo Fernández Noroña, quien hasta en avión privado viaja.
Al parecer, él no es el único que no comparte la afirmación de que no puede existir un gobierno rico con pueblo pobre. Vemos a un Adán Augusto que de pobreza no quiere saber nada, ya que según sus dichos a tenido muy buena fortuna con las herencias familiares.
Otro cínico, y, por cierto, presuntamente investigado en Estados Unidos por el tema del huachicol fiscal, es el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, quien compra departamentos y se le olvida declararlos o por lo menos no lo hace correctamente.
Quedó en el olvido las directrices éticas dadas por Morena en el sentido de que consumir y mostrar signos de ostentación material como joyería, ropa de marcas exclusivas, propiedades o automóviles de alto valor, restaurantes o turismo de lujo, iba en contra de sus principios.
Según ellos la parafernalia del poder pertenecía al pasado de corrupción y privilegios. Después de darse a conocer esas directrices éticas, pareciera que les dijeron a los integrantes de Morena, hagan lo contrario.
Para muestra un botón, el hijo del expresidente López Obrador fue visto desayunando en un hotel de Tokio en donde la noche podría llegar a costar hasta 400 dólares. Obviamente la reacción no se hizo esperar en los medios de comunicación e internet, en donde por lo menos señalaron tal conducta como hipócrita de su parte.
López Beltrán calificó, como era de esperarse, que todas estas críticas e imágenes difundidas eran una campaña de linchamiento político impregnado de odio, clasismo y calumnias. Escribió, que el había aprendido desde joven que el poder es humildad, que la austeridad es un asunto de principios y que se debe vivir en la justa medianía.
Sus dichos más bien parecen una campaña de desvergüenza, cinismo y hasta pensar que la gente es tonta, que no tiene la capacidad de distinguir entre lo que se dice y hace. Pareciera que no se da cuenta que la exhibición de estos lujos por parte de gobernantes son una afrenta para la gran mayoría del pueblo de México que día a día lucha no para tener lujos, sino para llevar a su casa lo fundamental para sobrevivir.
Que difícil la tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, este tipo de herencias son un lastre para su mandato, en donde los Monreal, los Adán Augusto, los Delgado y los López Beltrán, le darán más de un dolor de cabeza.
Al parecer a estos personajes el llamado de la presidenta a la modestia les entró por una oreja y les salió por la otra. Dijo alguna vez: “El poder es humildad y eso tiene que mostrarse en cualquier acción que desarrollemos”.
Suerte presidenta con estos lastres de la política mexicana, con estos hombres que siguen pensando que político pobre es un pobre político. Hoy más que nunca el profesor Carlos Hank Gonzáles vive en ellos.
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