El significado del término austeridad es sobriedad, parquedad, mesura, prudencia, economía, ahorro, moderación. Al parecer para muchos integrantes de la denominada cuarta transformación esta palabra no existe, o de plano no está en su diccionario.

Según esto, la austeridad republicana es una política de Estado implementada desde 2018 bajo el mandato del expresidente Andrés Manuel López Obrador, la cual busca reducir gastos excesivos y eliminar la corrupción en el gobierno.

Decía el exmandatario que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. De acuerdo con la Ley Federal de Austeridad Republicana, se busca combatir la desigualdad social, la corrupción, la avaricia y el despilfarro de los bienes y recursos nacionales, administrando estos con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez.

La sorpresa es que da la impresión de que a los funcionarios de la 4T pareciera que les prescribieron lo contrario. Les gusta comprar objetos de marca, incluyendo relojes costosos, acudir a eventos fuera del alcance de la mayoría de los mexicanos como es el Super Bowl o comer en restaurantes donde solo pueden acudir los privilegiados.

De conformidad con la Ley Federal de Austeridad Republicana se prohíbe la compra de vehículos de lujo, eso no lo había entendido el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quien ante la presión pública tuvo que poner reversa en la compra.

No es que no se tenga derecho a comer en restaurantes de lujo como lo hace frecuentemente el legislador morenista Pedro Haces, por ejemplo, en el Hunan, lo importante es que eso nada tiene que ver con la austeridad, con la sobriedad de la que tanto presumen al pueblo.

Los lujos de la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, tampoco reflejan austeridad, prudencia, ahorro y mucho menos dejan buen sabor de boca los señalamientos que tiene por un probable conflicto de intereses o las observaciones de la Auditoría Superior.

Y que decir de los señalamientos al secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto Romero, quien hasta hace unos días era inquilino de uno de los inmuebles propiedad de la fundación Antonio Haghenbeck, cuyos directivos han sido acusados de diversos delitos.

El discurso de López Obrador se quedó en papeles y en meras palabras, ya que pocos siguen los principios de la austeridad republicana, empezando por sus hijos.

La dirigente de Morena, Luisa María Alcalde, ha sido incapaz de poner orden, dejando a la presidenta de la República teniendo que dar explicaciones en la mañanera y cargando con el costo político que ello implica.

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