En memoria de
Don Fausto Rico Álvarez
Es compleja la tarea de conducir los asuntos públicos. Hoy la paradoja para el régimen y la gestión encomendada a la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo es haber concentrado poder en la presidencia de la República, pero también haber debilitado al Estado Mexicano. En mucho es el diseño de su antecesor y la afectación de la expresión plural de la Nación en el Congreso para conferir una mayoría calificada en la Cámara de Diputados sin sustento en la voluntad popular y el sistema constitucional mismo.
En lo que pareció no sólo transitable, sino sencillo por los precedentes -las reformas constitucionales sobre el acceso al poder-, ha sufrido dos reveses por la ausencia de voluntad para discernir el momento y la pertinencia de mantener la cohesión en la coalición que respaldó su candidatura presidencial; primero por pretender modificar sola el sistema de partidos y luego por la intención de estar en la boleta en 2027. Mueve a reflexión, entonces, el contraste entre la aprobación a su persona que revelan diversas encuestas, aunque con calificaciones negativas para variados e importantes rubros de su administración, y la falta de capacidad para alcanzar objetivos.
Si la ausencia de política en los asuntos internos se ha hecho evidente y abona a la consideración de toda persona observadora sobre la erosión de su liderazgo formal en las instituciones públicas, es lógico albergar preocupación por el frente internacional, donde las condiciones no revelan las ventajas que ha disfrutado en los asuntos domésticos, aunque puede apreciarse un vaso comunicante del faltante: tampoco se practica la política hacia el exterior.
Al prácticamente arribar a la cuarta parte del período presidencial y 14 meses del segundo mandato de Donald Trump en la presidencia estadounidense, desde Palacio Nacional y la Cancillería no ha habido la capacidad para articular una estrategia internacional; la frase de mantener la “cabeza fría” ante la retórica del inquilino de la Casa Blanca puede haber sido útil como componente inmediato de prevención, pero no hay evidencia de que haya habido evolución alguna.
En los hechos, la pluralidad de asuntos de la relación bilateral entre nuestra República y la estadounidense muestran una línea de cesiones para apaciguar a su 47º presidente.
Sin embargo, en el año de las elecciones intermedias de nuestro vecino del norte, la dinámica del entorno ha variado de manera significativa: la aprobación de Trump ha caído de manera constante y se ubica en los treintas medios, autorizó una operación militar para “detener” a Nicolás Maduro en la residencia presidencial en Caracas y ha iniciado -de la mano de Israel- una guerra de agresión contra la República Islámica de Irán.
Parece evidente que las condiciones de ahora pueden conducir no sólo a la intensificación de la retórica recriminatoria, como la utilizada por Trump en la reciente reunión celebrada en Florida con mandatarios de países del hemisferio, al afirmar que México es el epicentro de la violencia del narcotráfico, sino a la ponderación creciente de acciones unilaterales en contra de los carteles de la delincuencia organizada con asiento territorial en México y que fueron declaradas organizaciones terroristas extranjeras.
Este escenario, aunque obvio, implica recordar el más amplio en el que se inscribe: el quiebre del orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial y su refrendo con el fin de la Guerra Fría y la desaparición del bloque del socialismo real. El premier canadiense, Mark Carney, lo ha señalado magistralmente en varias ocasiones: la ruptura del orden mundial a partir del uso de la economía como arma y la conversión de los procesos de integración en fuente de subordinación implica un nuevo y distinto desafío para la soberanía y la prosperidad de las naciones.
En la compleja y asimétrica relación con Estados Unidos, ¿puede construirse una estrategia internacional más allá de la que evita la confrontación y abre los cauces de la cooperación basada en el respeto y el propósito de alcanzar logros mutuamente benéficos, evitándose el riesgo de las acciones unilaterales? Si la soberanía tiene su asiento esencial en el pueblo, ello significa que el atributo estatal para autodeterminarnos obedece a la suma del derecho político de cada integrante del pueblo para hacerlo a través de quienes nos representan. Y esa libre determinación tiene hoy como amenaza mayor la interna de la delincuencia organizada, que además es el “razonamiento” para ofrecer la participación del gobierno estadounidense.
De lo malo lo bueno. Cuando el ejecutivo estadounidense reprocha la falta de contundencia y constancia en las acciones del gobierno mexicano contra los carteles de las drogas ilícitas, no insinúa ni menos afirma que haya connivencia; menciona falta de decisión ante el control que tienen en amplias zonas del territorio nacional.
La Dra. Sheinbaum, por su parte, establece que no sólo existe cooperación con Estados Unidos, sino que hay documentos que consignan sus términos. Y es claro e indispensable que exista, porque esos carteles son organizaciones criminales transnacionales, aunque su asiento territorial original está en nuestro país. El fenómeno implica a ambas naciones.
Vuelvo a lo preventivo ante la volatilidad de las decisiones del mandatario estadounidense: ¿por qué no hacer públicos los términos de la cooperación y la corresponsabilidad, así como de las métricas y las garantías para el respeto a lo acordado? ¿Qué corresponde hacer a cada Estado ante las amenazas a la seguridad nacional por parte de los carteles? Con la identificación de los valores y principios de la cooperación y los medios para su realización (inteligencia, recursos materiales, transferencia de conocimiento tecnológico, etc.) pueden elucidarse los espacios de la corresponsabilidad. Diplomacia preventiva de la incertidumbre.
De aquí para allá: las drogas ilícitas, la acción contra la penetración de estructuras políticas por la delincuencia organizada y el funcionamiento de las aduanas con probidad. De allá para acá: el tráfico de armas y la inversión en prevención y atención de las adicciones. En ambos espacios la ubicación, congelamiento y confiscación del dinero ilícito.
Y más allá de esta relación bilateral, la necesidad de dialogar y construir alianzas con otras naciones que están llamadas a hacer valer sus intereses frente a las superpotencias y a cincelar el contenido de la soberanía nacional ante la ruptura del orden internacional.
