Buscando y sin buscar, encuentro cada vez más puentes entre México y Costa Rica,  aquí les dejo  la fascinante historia de este personaje, don José León Sánchez.

Su historia inicia el siglo pasado, en el año de mil novecientos veintinueve, en un poblado indígena de los Huetares, en la provincia de Alajuela llamado Cucaracho, tremendo nombre, ubicado  en el cantón de Río Cuarto, zona fría y nublada, rodeada por volcanes dormidos que se disimulan como si fueran simples montañas y que adornan el paisaje con alucinantes cataratas de agua cristalina que rompen el silencio del bosque con un rugido verde y azul que se confunde con el canto de los yigüirros, quetzales, las lapas rojas y verdes, tucanes, carpinteros, pájaros bobos, águilas y gavilanes y aquí nace un niño al que  su madre no pudo regalar como acostumbró hacer con sus otros hermanos.

Su madre fue prostituta y cada vez que tenía un hijo o lo vendía o lo regalaba, sin embargo con el pequeño José León no pudo hacer lo mismo ya que nació muy enfermo. El destino del pequeño que nunca supo quién fue su padre pero siempre soñó con tener un papá, ya se dibujaba como una tragedia.

Apenas en su primera infancia fue llevado al hospicio de huérfanos en San José de donde se escapó junto con su hermanita que rompía si acaso los once años, la aventura los llevó a  dormir varios días en la calle de donde fueron recogidos por un hombre que vivía en un rancho de latas y al pequeño José León le tocaba escuchar por las noches el llanto de su hermanita que era violada por aquel hombre que les ofrecía frijoles y un techo. Tiempo después regresan al orfanato hasta que una abuela lo recoge. Su hermana se dedicó a la prostitución pero murió desangrada a punta de patadas a los catorce años, en un femicidio ocasionado por su propia pareja, un nicaragüense que la tenía como compañera pero vivía del trabajo que realizaba la niña en una casa de lenocinio. Volvamos al pequeño José León, fue sacado de la escuela porque sus maestros consideraban que tenía un retardo mental y que nunca podría aprender nada. Intentó trabajar como zapatero pero igualmente su maestro lo rechazó porque era muy “tonto” para aprender.

Así siguió la vida del joven José León Sánchez y en mil novecientos cincuenta se le acusó de profanar el principal  santuario mariano del país, La Basílica de Nuestra Señora de Los Ángeles en la provincia de Cartago.

Para el conservador y católico pueblo de Costa Rica fue un crimen que no podía perdonar y menos que bajo tortura fue obligado a confesar un robo que nunca cometió, fue su propio suegro quién lo acusó y como si fuera poco, todos los abogados de la época firmaron un compromiso de no defenderlo y así fue dejado a su suerte dentro del proceso y bautizado como el Monstruo de La Basílica.

Bajo la presión mediática de la época la policía se rindió al  populismo punitivo, muy de moda hoy en día en muchos países de Latinoamérica,  que prefieren hacer mega cárceles y cambiar  derechos fundamentales y garantías procesales por votos aunque signifique enviar a inocentes a penas perpetuas  como ocurrió con un joven José León que fue condenado por un crimen que no cometió  y que fue enviado a la Isla San Lucas, a una de las cárceles más inhumanas que ha tenido Costa Rica, una cárcel para castigar, un depósito de seres humanos donde se vivián  episodios terroríficos en medio del calor del océano Pacífico. Lleno de experiencias de muerte, sufrimiento, suicidios, zoofilia y sodomía, así fueron pasando más  de veinte años en el presidió para un ya no tan joven José León Sánchez, quien intentó escapar cortándose las venas  o nadando en medio de tiburones y mantarrayas, sin embargo, descubrió otra forma de escapar, comenzó a aprender a leer y a escribir. Sabia receta que muchos gobiernos centroamericanos autoritarios de este  tiempo deberían mirar.

Ya aquel hombre joven empezó a recoger algunos céntimos escribiéndole cartas a sus compañeros de encierro, dolor y castigo.

¿Y cómo lograba escribir en tan miserables condiciones de vida? Con un simple lápiz que le había obsequiado otro reo y en los empaques vacíos de las bolsas de cemento que se utilizaban para   construir más pabellones en el penal.

Poco a poco pasó de escribir cartas a  su primer obra literaria con la que ganó un  premio nacional estando todavía en prisión, “El poeta, el niño y el río”, pero la hipócrita sociedad literaria de la  época y el egocéntrico circulo de intelectuales que manejaba el concurso ¨Juegos Florales¨ del año mil novecientos sesenta y tres, organizado por la Universidad de Costa Rica  se negaron  a darle el premio a quién consideraban el peor criminal y que nunca fue perdonado por los delitos que no cometió. Simbólicamente el día de la premiación se colocó una silla en el Teatro Nacional que lamentaba su ausencia y una joven de la época la llenó de flores para lucir aquel modesto pero merecido espacio ganado por  el escritor.

Uno de los eventos  significativos de nuestro personaje fue el haber recibido un balazo de ametralladora   justo al lado de su corazón y que tampoco logró acabar con su vida, este hombre nos hace pensar que nació con una fuerza para soportar el duro umbral del dolor que la vida le puso por delante desde pequeño.

Sin embargo siguió escribiendo y fue México el país que lo consideró un monstruo pero de la literatura con su libro ¨La Isla de los Hombres Solos¨.

Cuando acaba su vida carcelaria se refugió en México y como suele ocurrir en este país, lo acogen los intelectuales y su obra se lleva al cine, se publican sus libros y como el mismo dijo, México le dio todo, la comida para sus hijos, el reconocimiento que se mereció y su obra fue motivo de ponencias, conferencias y discusiones en selectos grupos universitarios, incluso obtuvo un doctorado honoris causa por la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México.

Es ahora que un autor consolidado y maduro comienza a escribir obras como

“Tenochtitlan: la última batalla de los aztecas”, donde quiso exponer con dolor la historia de los que llamaba los vencidos, “Al florecer las rosas madrugaron”, sobre Chavela Vargas: El alma de la música mexicana, obra que no le gustó mucho a la propia Chavela por cierto, “¡Mujer… aún la noche es joven!” Dedicada al maestro Agustín Lara donde narra la vida Bohemia, su creación musical y la vida personal, del famoso bolerista al que admiraba mucho y que le sonaba en su corazón por haberlo escuchado en su celda en la penitenciaría central, hoy Museo de Los niños, cuando todavía cumplía su condena. “Es una novela erótica sobre un hombre extraordinario, que siempre estuvo más allá del bien y del mal” dijo sobre esta obra Don José León Sánchez.

Un evento no menos importante fue que mediante el proceso especial de revisión de sentencia que se empezó a gestar en el imaginario jurídico ya desde finales del siglo pasado tomando en cuenta otra situación similar a la que él sufrió y sobre la que escribió el libro “Tortura: el crimen de Colima” y que trata de un crimen horrible resuelto también bajo tortura y violación de derechos fundamentales inculpando a inocentes. Posteriormente su condena se anuló por parte de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia o Sala Penal y se determinó que debía ser absuelto de los hechos por los que cumplió tantos años de prisión y por los que fue encarcelado injustamente.

Durante una tercera parte de su vida. José León Sánchez vino de lo menos a lo más, fue un escritor que nació en prisión y fue su talento el que le permitió recobrar su libertad, es un ejemplo de  como el modelo carcelario no funciona, él fue una de las pocas  excepciones de sobrevivencia  al populismo punitivo. Un hombre que debió morir cuando le dispararon al lado de su corazón o cuando se cortó las venas para dejar de sufrir, pero se levantó de las cenizas de la vida que le tocó y con el impulso y el amor que le dio México, se refugió  en ese país,  México fue el padre que nunca tuvo y que lo acogió con respeto, amor y lo sentó a llorar en sus regazos para consolarlo y que encontrara fuerzas para seguir viviendo una vida totalmente diferente de la que partió en el año dos mil veintidós. Maestro José León Sánchez ojalá “que los mares que estés recorriendo se te conviertan en lagos”

Desde San José, Costa Rica.