Para los que amamos a los Estados Unidos Mexicanos, nos duele leer cómo en la prensa y en redes sociales se habla sobre narcotráfico, cárteles de la droga, asesinatos, corrupción y políticos ligados a delitos transnacionales relacionados con capitales emergentes de origen ilícito. Estos temas son una dolorosa realidad que nos aleja de las caminatas tranquilas por los parques, el emocionante sonido del mariachi, los colores de todas las culturas que le dan forma a ese hermoso país y el selecto grupo de intelectuales que conforman círculos académicos en sus universidades; sin dejar de mencionar su seductora gastronomía, para mí una de las más exquisitas del mundo —bueno, al menos de mi mundo—.

Debo confesar que, antes de sentarme a escribir esta columna, me motivé con unos huaraches de tinga de pollo y una refrescante agua de jamaica. Ya entonado y con el estómago lleno, entro a un tema que no es adecuado tener como postre, pero es lo que está aconteciendo.

Hoy en día vamos sufriendo por la forma en la que políticos costarricenses se involucraron en un juego muy delicado que ha desnudado lo cerca que estamos de tener también un narcoestado. Ya desde hace unos años se determinó que este pequeño país era la ruta utilizada por los comerciantes de la droga colombiana para enviarla a México, Europa y los Estados Unidos; sin embargo, en estos días ocurrió un evento impensable en el llamado “país más feliz del mundo” y lo detallo en una línea del tiempo.

El quince de mayo de dos mil veinticinco se reformó el artículo treinta y dos  de la Constitución Política. Esta enmienda constitucional permitió la extradición de nacionales en casos de tráfico internacional de drogas y terrorismo, y un mes después ya estaba detenido el primer costarricense extraditable: Celso Gamboa Sánchez.

El pasado viernes veinte de marzo de dos mil veintiséis , a las ocho cuarenta y cinco horas, fue subido a un avión bajo la custodia de la DEA en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, en la provincia de Alajuela, con rumbo a la cárcel del condado de Collin, en McKinney, Texas; un penal que da contención a población en espera de sentencia o que esté vinculada a proceso con medidas cautelares de prisión preventiva.

¿Qué llama la atención de este primer costarricense extraditado? Por supuesto, el hecho de que ahora las autoridades costarricenses en el Ministerio Público y en la policía judicial señalan que lo venían investigando desde hace seis años; sin embargo, fue hasta la reforma constitucional ya indicada que la DEA logró su detención y, en pocos meses, ya lo tienen a las órdenes de la justicia estadounidense.

Pero, ¿con qué se le vincula a Celso Gamboa Sánchez en México? Se le relaciona con el Clan del Golfo y con el Cártel de Sinaloa, y se le considera como el coordinador para Centroamérica de estos peligrosos cárteles de la droga. Según la DEA, está acusado de conspirar para traficar cocaína y ha trascendido que recibió depósitos por dieciséis millones de dólares en transferencias realizadas desde México como utilidades por su ilícita labor delincuencial.

Ahora viene lo más interesante: Celso Gamboa Sánchez no es un personaje cualquiera. Por el contrario, se le llegó a considerar “presidenciable” y no es descabellado pensar que pudo haber llegado a ocupar la silla presidencial. El joven que inició como custodio de celdas en el Poder Judicial fue luego asistente del fiscal general; posteriormente pasó a ser fiscal en varias fiscalías del país, entre ellas Siquirres, Limón y la Zona Sur. Llegó a fiscal adjunto en las provincias de Cartago, Alajuela, San José y Limón. Para el año dos mil cuatro intentó ser juez penal, pero no habría cumplido con todos los requisitos.

Entre dos mil once y dos mil trece ocupó el cargo de viceministro de Seguridad Pública, siendo cercano al actual ministro de Seguridad, Mario Zamora. Contaba con experiencia en temas de combate al narcotráfico, lo que lo llevó a ocupar, en el Gobierno de la liberacionista Laura Chinchilla, la jefatura de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) en el año dos mil trece. Este es un puesto muy sensible, ya que depende del Ministerio de la Presidencia y maneja toda la inteligencia y contrainteligencia del país, lo que le daba posibilidades de manejo de información sensible y detalles del control de fronteras.

En el año dos mil catorce siguió escalando puestos políticos y fue así como lo nombró el expresidente Luis Guillermo Solís Rivera como ministro de Seguridad, pero renunció al poco tiempo. Ya para el año dos mil dieciséis su carrera tendría una vertiginosa subida y logró que una gran mayoría de diputados de la Asamblea Legislativa lo nombraran como magistrado propietario de la Sala Tercera de Casación Penal, el puesto más alto al que puede aspirar un juez en Costa Rica. Este fue el inicio de su caída: Celso Gamboa fue destituido como magistrado de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia el diez de abril de dos mil dieciocho. La Asamblea Legislativa votó a favor de su remoción con treinta y nueve votos a favor y dos en contra por las faltas gravísimas relacionadas con vínculos con un caso conocido como el “cementazo”.

Una vez destituido, inició una exitosa carrera como abogado penalista, representando a los narcotraficantes a los que amenazó, en otro momento, con poner tras las rejas cuando fue fiscal y ministro de Seguridad.

Ya en Estados Unidos, Celso Gamboa ha indicado que dará nombres de funcionarios públicos a fin de negociar su condena. Se ha creado una gran expectativa sobre lo que va a decir y qué nombres va a mencionar; se especula mucho sobre lo que se puede esperar de su declaración y qué figuras de la política nacional e internacional pueden caer como piezas de dominó.

Lo más importante es que lo sucedido no es poca cosa y es claro que se debe investigar el ascenso en puestos de alto nivel que beneficiaron al extraditado. Inclusive, se espera que pueda dar nombres de sus contactos en los cárteles mexicanos y colombianos, información que, si es veraz y comprobable, puede incluso llegar a afectar a políticos en esos países. Se nos vienen tiempos de revelaciones muy serias que van a poner en jaque a figuras políticas y empresariales en varias naciones. El propio Gamboa lo advirtió: si caía, no caería solo.

jobrenes@brenesybrenes.com San José, Costa Rica