Sheinbaum pidió pruebas y ya las tiene. Una Fiscalía de Nueva York acusó al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya de narcotráfico.
Rocha Moya es apenas la punta de una madeja de mandatarios locales, alcaldes y legisladores de Morena que ganaron elecciones de la mano del crimen organizado.
Cuando Trump declaró que “México estaba perdido” y cuando The Angeles Times señaló que en el país había una “epidemia de corrupción gubernamental” estaban anunciando el principio del fin de la impunidad morenista.
Rocha Moya fue el guardián de los intereses de López Obrador en la cuna del Cártel de Sinaloa. Sería injusto que sólo él fuera llevado a juicio y no su jefe, cabeza de la red de narco complicidades que sostienen al régimen.
El estatus judicial de Rocha Moya permite entender por qué la Presidenta actúa como actúa, niega como niega y protege como protege.
La forma como Sheinbaum reaccionó ante el operativo en Chihuahua donde murieron dos agentes de la CIA puede haber detonado el hartazgo de Washington.
Sheinbaum convirtió un tema de seguridad en un asunto político. Buscó el linchamiento de la gobernadora Maru Campos para apuntalar a su partido y desviar la atención.
La Presidenta ha utilizado la violación a la Constitución y la perorata de la soberanía para ocultar que uno de los más grandes laboratorios de metanfetaminas —desmantelado con ayuda de agentes de la CIA— estaba en una región gobernada por Morena.
José de Loreto Javalera Bojórquez, presidente municipal de Morelos, Chihuahua, lugar donde estaba instalado el narco laboratorio, ganó en 2021 y luego en 2024 la elección gracias a que el crimen organizado sólo permite a candidatos de Morena registrarse.
La “cocina de la muerte” tenía las características de una planta industrial con reactores de acero, tubería y estructuras techadas cuya instalación exigió de tiempo y complicidades. De acuerdo a la prensa local el lugar estaba apenas media hora de la zona más poblada del municipio.
Esto significa que las autoridades del lugar tenían pleno conocimiento de que el cártel de Sinaloa operaba una fábrica de droga en un lugar estratégico ubicado a 700 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Para decirlo rápido: las metanfetaminas tenían como destino el mercado norteamericano.
De ahí, la presencia de los cuatro agentes de la CIA que participaron junto con el Ejército Mexicano y la Fiscalía de Chihuahua para destruir el narco laboratorio.
Fuentes confidenciales aseguran que el automóvil en que viajaban dos de los agentes de la CIA fue volado a un barranco después de recibir un bazucazo. Por eso se incendió y explotó.
Lo extraño es que nadie, ni las autoridades locales ni las federales han realizado un peritaje para determinar las causas del accidente.
Y esa es precisamente la clave del caso Chihuahua. ¿Qué se oculta y por qué? Sheinbaum, a través del Ejército, debe tener necesariamente toda la información, pero la oculta y manipula.
El gobierno busca impedir que se conozca la verdad: que las fábricas de metanfetaminas florecen en los municipios gobernados por Morena y que ahí los cárteles cogobiernan con funcionarios morenistas que le deben el cargo a los narcos por haber patrocinado sus campañas.
Claudia Sheinbaum pide pruebas que demuestren la corrupción de los políticos de Morena. Washington se las va a entregar y no solo contra un gobernador y sus secuaces, sino las que implican a un régimen podrido que, por salud de la nación, debe caer.
@PagesBeatriz
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