Lo que nunca imaginamos los de la generación que nació con la revolución cubana, es que este gran movimiento libertario terminara en un juzgado de los Estados Unidos porque Raúl Castro el segundo de la revolución hermano de Fidel hoy fue consignado en un tribunal de Miami por los delitos de matar a 4 ciudadanos gringos al derribar las aeronaves de la organización Hermanos al Rescate en el Mar Caribe, y al mismo tiempo en México vivimos ya prácticamente hace tres semanas toda la intriga contra el gobierno de Claudia Sheinbaum porque fue consignado por el tribunal de justicia de Nueva York el gobernador Rubén Rocha Moya de Sinaloa el 29 de abril por estar vinculado a delitos de conspiración contra la salud por tráfico de drogas entre ellas el fentanilo a los Estados Unidos.

Nunca, ni en la peor de las perversiones imaginó que iba a culminar así el proceso contra la revolución cubana y más específicamente contra la casta de los hermanos Castro en Cuba. Tampoco consideramos que en México tras un triunfo arrollador de los candidatos de la llamada Cuarta Transformación Andrés Manuel López Obrador en 2018 y Claudia Sheinbaum en el 2024, sus cartas de fuerza que eran la lucha contra la corrupción, contra la delincuencia, acabar con la guerra, regresar a los cuarteles a los militares, culminaran con una acusación a un gobernador de la 4T, procedente del Partido Comunista de realizar actos vinculados al tráfico de drogas y a la comisión de delitos que son considerados en los Estados Unidos como delitos contra la salud.

La cuestión aquí no se puede quedar en lo anecdótico, en el proceso mismo, sino lo que representa y el que los gringos encabezados por Trump se den el lujo de poner en el banquillo de los acusados a dos gobiernos supuestamente de izquierda revolucionarios que querían transformar a estas sociedades a favor de los trabajadores, de los humildes o de los pobres, como diría López Obrador en México. Toda esa gesta termina en una comedia, en una tragicomedia, mejor dicho, con estos personajes señalados y acusados por los gringos, punto. Por supuesto que hay una intención política del gobierno de Trump para desprestigiar, acusar y derribar al gobierno de Cuba y en el caso mexicano pegarle donde más le duele.

En el asunto de la honorabilidad de la lucha contra la corrupción que fueron las banderas de la 4T y exhibirlos como gobiernos muy corruptos, vinculados nada más y nada menos que a los cárteles del tráfico, punto. Este asunto no puede quedarse en una patética defensa de la soberanía falsa de parte de la presidenta Sheinbaum cuando ha sido ella quien avaló la presencia de varias policías en el territorio nacional para perseguir supuestamente a los narcos, el FBI, la CIA. Las agencias gringas en general actúan abiertamente en México.

Como prueba están la detención de dos canadienses hace unas semanas por agentes del FBI, la operación de la CIA escandalosa y terrible de dinamitar un carro a la salida del aeropuerto del AIFA, el territorio principal de la cuarta transformación, hacerlo estallar.

Todo indica por operadores de la CIA y antes una operación de destrucción de laboratorios en el estado de Chihuahua que la presidenta quiere convertir en prueba para desaforar a la gobernadora de Chihuahua que es panista y repetir el estúpido error de Fox cuando desaforó a López Obrador y lo convirtió en mártir. Este extravío, esta pérdida de rumbo ha conducido a la triste debate de esas izquierdas estatistas autoritarias como son el castrismo cubano, el prismo morenismo en México.

La izquierda independiente, la que nació desde el siglo antepasado con las rebeliones en Chalco encabezadas por Julio López Chávez y que tenían una finalidad utópica, anarquista y después continuadas por los hermanos Magón y de alguna manera continuadas también por los líderes populares de la revolución mexicana Pancho Villa y Zapata. Esa vertiente independiente de la izquierda que continuó con la fundación del Partido Comunista, con Julio Antonio Mella, con Valentín Campa, con Siqueiros, con esa cuna autónoma de lucha y que paulatinamente sufrió un proceso de extravío y de entrega a la revolución mexicana en los años 34-40 con Cárdenas, que llevó incluso al Partido Comunista a proponer su desaparición para integrar sus militantes al llamado Partido de la Revolución Mexicana creado por el general Lázaro Cárdenas.

Y luego esa izquierda independiente se recuperó en las rebeliones de obreras del 58-59 encabezadas por Vallejo y Campa, por Othón Salazar en el Magisterio, por los estudiantes que luchamos contra los aumentos de tarifas en cuatro ciudades en 1958, en Guadalajara, Puebla, Ciudad de México y Monterrey.

Todo eso continuado después con la lucha libertaria del 68, que tuvo un costo de muertos en la plaza de Tlatelolco, hasta ahora con registro sustentado con nombre y apellido de 58 civiles y dos militares muertos en la plaza de Tlatelolco, producto de los disparos en línea recta de los soldados contra los estudiantes. Todo eso volvió a renacer con la movilización del 10 de junio, una lucha claramente autónoma, contraria a los regímenes de la Revolución Mexicana, porque nació con el lema ni lea ni el fascismo el camino del socialismo y que costó que Echeverría nos acusara de ser agentes del imperialismo y sus ideólogos de querer, de que los estudiantes queríamos realizar un linchamiento contra el presidente Echeverría y después renacida otra vez con las luchas de los movimientos estudiantiles del 86, del movimiento de organización popular, urbano popular, después del sismo, del renacimiento con Marcos en la rebelión de enero del 94.

Toda esa corriente independiente de la izquierda mexicana, finalmente fue tragada, absorbida por la izquierda de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador.

Su triunfo en 2018 y ratificada por una victoria aplastante de Claudia Sheinbaum en el 2024 y que nos llevó a esta terrible situación. No tenemos una fuerza autónoma propia que se trace como perspectiva el cambio social de fondo de esta formación capitalista mexicana, sino que estamos condenados a una disyuntiva terrible o más de lo mismo con cara y máscaras falsas de izquierda. PRIAN, tanto en el PRIAN opositor de las franquicias y PRIAN, sobre todo ahí en Morena, con los cuadros más importantes del PRI que se cambiaron, se mutaron, hubo una especie de transfusión del PRI a Morena por los clanes del Estado de México del Mazo, por el Estado de Hidalgo por los Fayad, en el Estado de Michoacán por los Cárdenas, en el Estado de Guerrero por el Clan Figueroa y su prolongación con los actuales dirigentes de Morena, muy vinculados a los grupos más siniestros de los narcos en Guerrero y el mismo esquema reproducido a veces con PRI, otras con panistas como en el caso de Chihuahua con el ex gobernador Corral o el caso de Yucatán con el gobernador panista el Chacho.

En fin, hay una debacle, una pesadilla y ésta pesadilla la simbolizan las dos figuras, las dos personas, Raúl Castro en Cuba, embarrado de crímenes y del otro lado Claudia Sheinbaum hasta ahora cómplice de Rocha Moya y todos los narco gobernadores a los cuales protege bajo la coartada de la soberanía.

Esa es la triste realidad y eso es lo que hay que apostar a cambiar con una rebelión desde abajo, con una nueva rebelión tipo 68 que abarque a los estudiantes, a las madres buscadoras, a los campesinos que participan dentro del STLN y los que no están, los que están siendo reprimidos en estos instantes en distintos lugares de la república incorporar a los maestros, incorporar a los artistas, a los creadores, a todo ese universo que está excluido y por supuesto al movimiento feminista al cual rechaza la presidenta Claudia con barricadas o diques defendiendo para su nacional de acero y en cambio si recibe a conjuntos de rock o de música extraña como los músicos coreanos y recientemente para tristeza de Bono a U2.

¿Cómo salimos de este marasmo? ¿Cómo rompemos esta pesadilla? La fórmula es sencilla y al mismo tiempo muy difícil, quebrando, rompiendo las cadenas de sumisión al viejo régimen y proponiendo una opción verdaderamente autónoma anticapitalista que recupere la historia la tradición de lucha de la izquierda independiente y rompa de un tajo con el nudo gordiano el que le atrapó la izquierda estatista autoritaria del morenismo vinculado al castrismo y en México a los peores actores sociales como son los militares, los grandes capitales, las élites de las universidades, las castas que dominan el estado mexicano, hoy la consigna debería ser ni Castro ni Sheinbaum, el camino del socialismo libertario.