Quienes la conocen, la describen como una mujer de malos tratos, necia e intolerante, incapaz de escuchar, que acostumbra gritar y humillar a sus colaboradores frente a los demás.

Es el perfil de la primera mujer que llegó a la Presidencia de México. La comunista cuya ideología le prohíbe tener empatía y compasión.

Es la titular de un régimen autoritario, vinculado al crimen organizado, que deshumaniza al disidente por considerarlo una amenaza para la imagen de su gobierno y la aceptación de su partido.

El Mundial ha terminado de poner al descubierto la personalidad de Claudia Sheinbaum. No sólo se trata de una mala Presidenta, de una funcionaria carente de visión y sensibilidad política, sino de un mal ser humano.

La burla y la criminalización de las madres buscadoras que suplicaban a los policías dejarlas pasar al estadio de futbol para visibilizar su tragedia y exigir se investigara la desaparición de sus hijos, mostró a la titular del Ejecutivo Federal y a la Secretaria de Gobernación como celadoras sádicas de una cárcel estaliniana.

Claudia se rio: “Jajaja había (en la marcha) más compañeros de la comisión de búsqueda que manifestantes”. Rosa Icela, por su parte, ordenó una investigación para saber qué mano externa había pagado el traslado de las madres buscadoras de Jalisco a la Ciudad de México.

Sheinbaum baila sobre los muertos y desaparecidos. Refugiada en un centro deportivo retacado con aplaudidores a sueldo gritó: ¡“Viva México”! “¡Hay un México feliz y en paz!”, cuando hay una nación flotando en sangre gracias a la colusión entre la Cuarta Transformación y el narcotráfico.

La falta de compasión hacia las víctimas se convierte en complicidad cuando se trata de proteger a gobernadores y ex gobernadores que forman parte de la red criminal que sirve al régimen para preservarse en el poder.

La Guardia Nacional, ausente en la búsqueda de desparecidos, en el combate a la extorsión o en los asaltos en carreteras, estuvo presente y actuante para proteger al ex gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco de los aficionados que le gritaban y lanzaban críticas.

Trump no se equivoca cuando dice a los miembros de G-7 que México está bajo el control de los cárteles, tampoco cuando asegura que el gobierno ya perdió el control. En lo único que se equivoca es cuando afirma que Sheinbaum es una “buena mujer”. No, la Presidenta carece de empatía hacia su país y su gente.

Su incapacidad para reconocer el sufrimiento de los demás ha quedado demostrado a lo largo de su carrera como funcionaria. Ahí está su ausencia e indiferencia hacia las 26 personas muertas en el colapso de la Línea 12 del Metro, lo mismo en el caso del derrumbe del colegio Rébsamen y ahora al recurrir al escarnio para ocultar que México está convertido en una fosa clandestina.

México no tiene una jefa de Estado. Sheinbaum es la agente del Comintern, la militante de un partido que baila sobre los muertos para ocultar el desastre humano y social provocado por el régimen que encabeza. Un desastre que solo se explica por lo que dijo Trump: hay un gobierno que está bajo el control de los cárteles.

 

@PagesBeatriz

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