No todo es política, aunque a veces la mala política se entrometa en lo que no debe, como Donald Trump gestionando excepciones a las reglas. Me aparto de los visos políticos para agradecer.

Es complicado saber por qué resulta tan popular el fútbol. Solucionada la determinación para establecer reglas homólogas en los encuentros de los equipos ingleses en la primera parte del siglo XIX, avanza hasta ser ahora el deporte más practicado en el mundo. Entre 1863 y 1904 se generaron las condiciones para conformar la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y hace 96 años se convocó al I Campeonato Mundial en Uruguay, entonces bicampeón olímpico. La Segunda Guerra Mundial interrumpió la celebración de las contiendas que deberían haberse efectuado en 1942 y 1946. En la Guerra Fría los campeonatos fueron escenario para la competencia política, con diversas consecuencias.

Cada cuatro años, el Campeonato Mundial se constituye en la cúspide de la atención a lo deportivo en todo el orbe, como resultado de la descolonización y el surgimiento de un número importante de naciones soberanas en el siglo XX, así como de la expansión del fútbol organizado a esos países. Es la pausa -en nuestro referente mental- del ciclo olímpico, sucediéndose a la mitad del mismo; como se le concibió en una decisión estratégica.

Algunas elucubraciones sobre la popularidad del fútbol apuntan a la natural inclinación -al practicarlo- y admiración -al presenciarlo- por el desarrollo de habilidades, primordialmente, en las extremidades inferiores; en las extremidades non habilis. Si las manos están dotadas para realizar un variado y complejo conjunto de tareas, los pies aparecen con una notoria desventaja. Sostener y andar son funciones significativas, pero no parecen relevantes con la multiplicidad de las que realizan las manos en su calidad de vehículo consustancial para que fluya la creatividad y se apoye prácticamente toda tarea humana. Nos sorprende la posibilidad de disciplinar el uso de los pies para dominar, conducir e imprimir dirección precisa a una esfera llena de aire.

Otras apuntan a su raigambre en todos los segmentos de la sociedad por el componente gregario, dada la necesidad de asociarse para alcanzar la meta y hacer cruzar el balón a través de la portería contraria. Aquí, el fútbol comparte el terreno de la actividad colectiva lúdica con otros deportes, que se apartan de aquellos que descansan en el esfuerzo individual. En esto no es único el fútbol, pero reclama el espacio que se otorga a esa actividad, pues sólo requiere del balón y espacio para dibujar e, incluso, imaginar una portería. Dominar y patear el balón es algo colectivo, pero la práctica individual no le riñe. Y la capacidad económica lo puede enmarcar y limitar, pero no lo impide.

No en forma única, pero sí propia, el fútbol tiene implícita la perfección de la geometría en la cancha; rectángulos varios, círculos y semicírculos; ángulos de 90 grados y líneas paralelas entre los jugadores para establecer lo válido de lo inválido. Elipses, parábolas y rectas entre el balón pateado o golpeado con la cabeza y su destino. Pero, sobre todo, los triángulos infinitos. Con las genialidades aparte, avanzar a la meta con el control del balón es la traza eterna de tratar de unir los tres puntos entre la renovación permanente de 11 personas que corren para ubicarse y reubicarse todo el partido, eludir a las contrarias y terminar con el gol. No son triángulos equiláteros, isóseles  o, menos aún, perfectos, pero pueden serlo, ni se cierran todos, pero cuando sucede, la asociación es la magia que potencian las habilidades de las personas jugadoras con el balón. Evaden esa geometría las acciones para driblar o rebasar a la persona adversaria o, bien, impedírselo. Sí, la geometría del fútbol puede rendirse ante el talento, pero no la anula ni sustituye, solo la evade.

Asociación y arte fueron conjuntados por los 26 integrantes de la Selección Mexicana de Fútbol que participó en el XXIII Campeonato Mundial. Acudieron a los encuentros con Sudáfrica, Corea del Sur, Chequia, Ecuador e Inglaterra con carácter, disciplina, convicción, profesionalismo y dignidad. No menor fue el componente de respeto; a sí mismos, al equipo, a la afición y al país entero. Ellos no son responsables de las pulsiones nacionalistas que se hacen presentes en el Campeonato y en cada partido, pero son conscientes que así ocurre y demostraron compromiso y emoción plena de entereza. Afirmarse sin agredir; ser sin denostar; valer sin jactarse; hacer sin descalificar; dar ejemplo sin provocar, y generar orgullo sin exigir nada.

No entendí la ola que impulsaba la frase “¿y si, sí?”, pues parecía la arena para ponderar y promover el desempeño y la actuación de la Selección Mexicana, pero presidida por la metódica falta de confianza que pretendía transformarse en duda hacia lo positivo. Quizás una prevención ante el eventual resultado desfavorable. El “sí, se puede” refleja mejor la confianza que motivó, desarrolló y acrecentó esta Selección.

Hay que estar agradecidos con Javier Aguirre, Rafael Márquez y el cuerpo técnico del equipo mexicano, así como con las autoridades de la Federación Mexicana de Fútbol por la generación de condiciones para su trabajo y el rendimiento del equipo. Pero, sobre todo, hay que reconocer a cada uno de los integrantes de la Selección Mexicana por las satisfacciones que brindaron a la afición y a todo el país. Es un deporte que apasiona a la mayoría de las personas mexicanas.

Nos dieron alegría y ánimo para apoyarlos sin reserva. Claro que hay lecciones por aprender y enseñanzas para el futuro. Es cierto, pero no menos que otorgar honor a quien honor merece. Muchas gracias a los seleccionados por colocar en perspectiva que las valiosas individualidades se pierden si no convergen para alcanzar metas superiores compartidas. Gracias Raúl Rangel, Guillermo Ochoa, Carlos Acevedo, Israel Reyes, Jorge Sánchez, Johan Vásquez, César Montes, Jesús Gallardo, Mateo Chávez, Edson Álvarez, Erik Lira, Luis Romo, Álvaro Fidalgo, Obed Vargas, Brian Gutiérrez, Gilberto Mora, Orbelín Pineda, Luis Chávez, Raúl Jiménez, Julián Quiñones, Roberto Alvarado, Santiago Giménez, Alexis Vega, César Huerta, Guillermo Martínez y Armando González. Gran equipo. Mayores buenos éxitos para ustedes.