Después de catorce meses de una frontera cerrada, la pregunta ya no es si la reapertura era necesaria. Lo era. La verdadera pregunta es otra: ¿por qué Sonora primero y Chihuahua después?

El gobierno federal habla de coordinación con las autoridades estadounidenses, destaca avances en la lucha contra el gusano barrenador y presume de una estrategia basada en criterios técnicos. Nadie discute la importancia de contener una plaga que representa un riesgo para la salud animal y para una actividad estratégica de nuestro país. Lo que sí merece una explicación es por qué estos avances se traducen en beneficios para algunos estados antes que para otros.

Luego de más de un año de cierre, no basta con anunciar que la reapertura será gradual. Tampoco es suficiente hablar de “mayores avances” sin definir qué significa exactamente eso. ¿Cuál es el indicador? ¿Quién lo evalúa? ¿Qué requisito cumplió Sonora que Chihuahua aún no ha cumplido? ¿Qué acciones específicas faltan para que nuestros productores reanuden la exportación?

Hasta ahora, nadie las ha dado.

La incertidumbre también cuesta. Significa inversiones detenidas, mercados perdidos, empleos en riesgo y decisiones que miles de familias productoras no pueden tomar porque el gobierno federal no ofrece una ruta clara ni criterios transparentes.

A esa incertidumbre se suma otro costo menos visible, pero igual de grave: la pérdida de confianza. Cuando las autoridades reaccionan tarde frente a una emergencia sanitaria, no solo se frenan las exportaciones; también se pone en riesgo la credibilidad que durante décadas construyeron los propios productores con inversión, disciplina y estricto cumplimiento de las normas. Recuperar un mercado puede tomar meses; recuperar la confianza de los socios comerciales puede tomar mucho más tiempo.

Chihuahua no pide privilegios. Exige condiciones de igualdad.

No hablamos de cualquier estado. Chihuahua representa alrededor del 40 por ciento de las exportaciones nacionales de ganado en pie hacia Estados Unidos. Este liderazgo está respaldado por décadas de trabajo, inversión en genética, estrictas regulaciones sanitarias y por miles de productores que han hecho de Chihuahua un referente nacional e internacional en sanidad y calidad ganadera.

Y durante catorce meses, fueron los ganaderos quienes soportaron el peso de esta crisis. Aunque el mercado estaba cerrado, alimentaron a su ganado, cuidaron de sus hatos, pagaron préstamos, mantuvieron empleos y tuvieron que lidiar con pérdidas sin saber cuándo volverían a exportar. Lo mínimo que esperaban era una respuesta oportuna y un gobierno federal a la altura del reto.

Mientras el gobierno federal presume avances y reparte reconocimientos, miles de productores siguen esperando una explicación. Para quienes todavía no recuperan plenamente el acceso al mercado estadounidense, el balance no se mide en conferencias de prensa ni en discursos oficiales, sino en resultados.

La propia presidenta ha señalado que la estrategia contempla la liberación de moscas estériles, el fortalecimiento de la vigilancia sanitaria y la coordinación permanente con las autoridades estadounidenses. Si esa es la ruta, entonces los criterios para la reapertura también deben ser públicos, verificables y aplicarse por igual a todas las entidades que demuestren cumplir con las condiciones sanitarias. La transparencia no debilita la estrategia; por el contrario, brinda certeza a los productores, fortalece la confianza de los mercados y evita que decisiones de alto impacto económico queden sujetas a dudas o interpretaciones.

No se trata de cuestionar que Sonora recupere el acceso al mercado estadounidense. Cada avance para el sector ganadero es positivo. De lo que se trata es de asegurar que Chihuahua reciba exactamente el mismo trato. Ni más, ni menos.

Las decisiones sanitarias deben regirse por la ciencia, no por la discreción. Si el gobierno federal no explica claramente los criterios para sus decisiones, deja espacio para la incertidumbre y la especulación, algo que pudo evitarse con reglas claras y transparencia.

Mientras esa explicación no llegue, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿por qué Chihuahua después? Todo lo que necesitan es una razón por la cual todavía están esperando. Si las reglas son de salud, que se expliquen. Si los criterios son técnicos, que se hagan públicos. Y si Chihuahua los cumple, merece competir en las mismas condiciones que cualquier otro estado. Porque exigir las mismas condiciones no es pedir un privilegio; es exigir justicia, transparencia y un gobierno que trate por igual a quienes cumplen con las reglas.

El autor es senador de la República y presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal

@MarioVzqzR