La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, anda desesperada buscando “soldados de Cristo” dentro de su partido para convertirlos en candidatos al 2027.

La instrucción es borrar la fama que tiene Morena de ser una organización criminal. Sin duda, se trata de una misión condenada al fracaso y la razón es muy simple: López Obrador privilegió el reclutamiento de quienes pudieran servir a un proyecto sustentado en la corrupción y el autoritarismo.

Los fundamentos inmorales del Movimiento de Regeneración Nacional son semejantes al nazismo. Necesitan incorporar al delincuente, al militante sin escrúpulos, con sed de dinero y poder para destruir las bases de la democracia, las instituciones, la legalidad sin reclamos de conciencia.

La protección a: Rocha Moya, Andy López Beltrán, Adán Augusto López, Marina del Pilar Ávila, Américo Villarreal, Rocío Nahle, Alfonso Durazo, más una lista interminable de alcaldes, gobernadores, diputados, senadores y servidores públicos vinculados al crimen organizado demuestra que la bandera anti corrupción que paseó AMLO por más de veinte años por todo el país la utilizó para ocultar que la corrupción era clave para su proyecto.

Mientras los mexicanos no entendamos que Morena no es una organización política sino una organización criminal, no vamos a tomar las decisiones correctas para echarlos del poder. No vamos a tener el valor, el arrojo, para plantarles cara y tratarlos, no como adversarios, sino como enemigos de una nación que han convertido en guarida de criminales.

La campaña ilegal y adelantada que hoy encabeza Morena por el país ha permitido saber con qué tipo de aspirantes a candidatos cuenta. Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuellar para la gubernatura de Chihuahua; Rafel Marín Molllieno para Quintana Roo; Raúl Moron para el gobierno de Michoacán; Omar López Campos para Sinaloa todos señalados de tener vínculos con el narcotráfico son las “tarjetas de presentación” con las que cuenta un partido al que le urgen “lavarse la cara”.

Morena va a querer presentar a sus adefesios como hombres y mujeres honrados. Sin expedientes judiciales. El culto a la personalidad —que le funciono tan bien a AMLO— para normalizar la corrupción, para presentarse como un luchador social, sin tarjeta de crédito y como un desinteresado defensor del pueblo, junto con sus “apóstoles”, es un recurso gastado.

La frase “Morena es un narco partido” es una marca registrada. Ya quedó grabada en la conciencia del ciudadano y nadie podrá borrarla. El nombre ya no está asociado —como quisieron sus fundadores— a un símbolo religioso, al color de piel de la mayoría de los mexicanos, sino a la realidad, a un grupo de oportunistas que han utilizado el soborno, el clientelismo, el saqueo y el dinero ilícito para ganar elecciones.

Ocultar la pudrición del régimen es el trasfondo de la censura a medios y es también lo que llevó a Luisa María Alcalde, Consejera Jurídica de Presidencia, a presentar una “Lista de condenados”, de periodistas, medios de comunicación y políticos críticos que deben ser llevados a los “hornos crematorios” de la Cuarta Transformación.

Buscan a toda costa callar lo que ya es imposible ocultar. Que son los constructores de la mayor red de sobornos, extorsiones, saqueos, robo y desvío de recursos que se ha dado en la historia de México.

Necesitan seguir siendo impunes. Por eso prohíben a los dirigentes políticos que llamen “narco partido” a Morena. Por eso, los Lineamientos de los Derechos de la Audiencias para cancelar medios. Por eso, la fabricación de perseguidos políticos.

Quieren ocultar que Andy López Beltrán, el junior del obradorato, el heredero de la mafia política construida por su padre y hoy aspirante a candidato a diputado por Morena en Tabasco, no está involucrado en negocios ilegales.

Sheinbaum y su jefe político aprietan los controles para que nadie sepa, para que nadie se entere de que Morena, el Movimiento de Regeneración Nacional, es un refugio de criminales.

 

@PagesBeatriz

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¡Cállense, imbéciles!