En el cogollo de la crisis del régimen morenista y los espacios de acción política y pública que ocupa está el nudo del poder no resuelto. La confusión, el desorden y la descomposición se gestan y expanden por la confrontación más o menos sorda sobre el ejercicio del poder y las facultades presidenciales. La paradoja está a la vista de toda persona observadora: la concentración del poder en la rama ejecutiva no viene acompañada del control, que debería ser inherente, en la titular formal de la presidencia de la República.

En varios episodios, durante los casi 23 meses del período 2024-2030 hemos presenciado distintas muestras de la presencia e injerencia del expresidente López en la gestión de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. Aquél no atiende la reflexión del General Lázaro Cárdenas que emblematizó la nociva pretensión del expresidente Plutarco Elías Calles -el Jefe Máximo- por ejercer el poder sin corresponderle la responsabilidad constitucional, al implicar que en el ejercicio del poder las personas deben saber que como las olas que bañan las playas, cada una tiene su tiempo y es irrepetible porque ya no pueden regresar. (Cito de memoria la esencia de la frase en el discurso don Javier García Paniagua pronunciado el 21 de mayo de 1979 con motivo del homenaje por 84o. aniversario del natalicio del hombre de Jiquilpan).

Cárdenas hizo valer su autoridad y mantuvo su prestigio político y ético entre la clase revolucionaria y post revolucionaria, pero no pretendió ningún mando ni estar por encima o siquiera a la par del titular de la presidencia después del 30 de noviembre de 1940.

El nudo de la situación, llámele pretensión de Maximato o diarquía, es la ignorancia de una o de ambas personas, la perversidad de uno o la incapacidad de otra para asumir que el poder presidencial pertenece constitucionalmente al cargo, temporalmente al período y personalmente a quien fue electa para su desempeño. Para ambas personas la conclusión es clara: quien concluyó su mandato conserva ciudadanía, experiencia y prestigio, en su caso, pero también pierde todo título o razón para participar en la conducción del poder presidencial, precisamente por haber ocupado la presidencia de la República.

Por una parte, se pretende hacer a un lado el significado de la titularidad, temporalidad y responsabilidad del poder del artículo 80 constitucional -el ejercicio del poder ejecutivo se deposita en una sola persona- y por otra se desliza el juego de las implicaciones del procedimiento de revocación del mandato (art. 35, fr. IX) y de las hipótesis del reemplazo (art. 84).

Está desde antes del inicio y los picos del ejercicio de la función: (i) la prestidigitación sucesoria con resultado previsto: la persona más dependiente por su trayectoria, ausencia de experiencia y falta de personalidad política o deber todo y temer igual o más; (ii) los enclaves sin respeto: la cancelación y usurpación de decisiones políticas básicas para quien sería electa, al distribuirse espacios para los rivales por la candidatura; (iii) la presencia a trasmano so pretexto de asegurar la pervivencia del movimiento: el gabinete de las lealtades políticas divididas con desventaja para quien arriba o compartidas contra natura, y la dirigencia de Morena con el hijo como sedicente legatario; (iv) la ostensible prórroga en el mando: las reformas constitucionales para establecer los márgenes de la gestión conforme al dogmatismo de 2018-2024; principalmente las impuestas o compartidas, pero con el sello del mando que debía fenecer, como las elecciones judiciales, la desaparición o captura de los organismos autónomos y la constitucionalización de dominio militar en la vertiente de la fuerza para la seguridad pública y su preponderancia en ámbitos de la gestión propios de la participación civil especializada.

De la base al trayecto: (v) los desplantes grotescos de “colaboradores” de la llamada Cuarta Transformación en el verano de 2025 y otros desaires; (vi) la difusión del video para anunciar la publicación de “Grandeza” y las tres razones que podrían implicar la reaparición del expresidente; (vii) la batalla por el control de la no autónoma Fiscalía General de la República; y (viii) el relevo en la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado y la impunidad Augusto López Hernández.

Ahora, (ix) la competencia por las candidaturas morenistas a las 17 gubernaturas que se renovarán en 2027; (x) la tensión agravada por la carta de Andy LB; y (xi) el desafío del regreso en falso de Rubén Rocha Moya al poder ejecutivo de Sinaloa, donde quizás han convergido el hambre con las ganas de comer.

En el recorrido está la constante inesperada del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y la presión insistente por las ventajas y los desequilibrios de su visión transaccional. Todos los temas a revisión con el contexto del tiempo pactado para deshacer o rehacer el T-MEC y las acciones penales en tribunales estadounidenses para exhibir uno de los puntos de mayor debilidad del régimen: la connivencia de dirigentes y titulares de cargos -electos y designados- con carteles de las drogas bajo el señalamiento de recibir apoyos ilegales a cambio de protección e impunidad en el desempeño de las funciones. El otro punto debilitante lo constituyen los hechos de corrupción y las denuncias que se ignoran -deficiencias graves en la construcción de los trenes Maya e Interoceánico- o se investigan con freno -el llamado huachicol fiscal con soporte en la jeraequía naval y aduanera y la pretensión de ocultar cómo ocurrió el asesinato de Héctor Melesio Cuén en Culiacán-.

Al parecer bajo la idea de no incidir en la división de “movimiento”, la encargada de la presidencia de la República optó desde junio de 2025 por allanarse al propósito de cohesión entre corrientes y grupos cuya exigencia real ha sido la impunidad. En el fondo, no hay política o diálogo y acción para fortalecer las capacidades del Estado Mexicano más allá de lo estrictamente oficialista; no hay política exterior para abrir los márgenes de maniobra y la red de intereses comunes con otras naciones; la economía permanece estancada con captación fiscal insuficiente y gasto dirigido al pago de subsidios en forma de programas sociales, a cambio de no hacer inversiones en infraestructura estratégica y deteriorar la atención de las necesidades en educación, salud y medio ambiente, sólo por mencionar las más relevantes para la mayoría de la población.

Si bien algunos con consecuencias graves para quienes padecen la acción gubernamental, los distractores van y vienen: la gobernadora de Chihuahua con errores de gestión, pero como pretexto y no para encauzar criterios de acciones públicas; la imputación de ilícitos penales al ex-gobernador Ernesto Ruffo Appel; la discusión de los derechos de las audiencias, y las listas de personas que critican al gobierno y sus integrantes o, simplemente, discrepan del rumbo.

Vocación ilimitada por la propaganda, con el complemento de la amalgama o, quizás, mezcolanza del partido oficial; ahí coinciden las personas fundadoras con la larga relación de quienes provienen de formaciones antes adversarias y hasta antagónicas bajo el crisol de las aspiraciones por las candidaturas y los cargos; quizá abrazaron las ideas del compromiso social, pero más parecería que se asimilaron al verticalismo del exitoso PRI anterior al período de la transición a la democracia.

Leo el mensaje difundido por la Dra. Sheinbaum el pasado 22 de agosto en curso. De aparente firmeza, se extravía en la convocatoria abstracta: Ningún interés personal puede estar por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.

De supuesto mensaje al desafío de Rocha, podría encontrar como destinatario a quien no se va: México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna… Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está(n) el pueblo y la Nación.

De admonición etérea al espejo del régimen y sus liderazgos: Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia.

Y esto viene del centro de la coalición electoral donde juntos harían historia. Entre el realismo de lo que no ha ocurrido y el deseo de lo que debe ser por el bien de la República, ¿se resolverá el nudo o pervivirá el tiempo de sol que no nació?