La situación política en el país y, particularmente, dentro de Morena esta al rojo vivo. En el momento que se dio a conocer el retiro de la visa estadounidense a uno de los hijos del expresidente, él sabía perfectamente lo que sigue, por eso su molestia y el movimiento de fichas en el tablero político.

El regreso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, es difícil de creer que no haya sido consultado y mucho menos autorizado, por ya saben quién.

Todos estos personajes mediocres no se mueven solos, pertenecen a un grupo, cuyo líder moral es el expresidente de la República.

Con la reacción de la secretaría de Gobernación, los diputados y senadores de Morena y el propio partido político, era previsible lo que sucedería en las próximas horas al regreso de Rocha Moya a la gubernatura.

Pero realmente lo que marcó el rumbo de los acontecimientos, fue la publicación en sus redes sociales por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Sheinbaum indicó que ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación, y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.

Decían nuestras abuelitas: “al que le quede el saco que se lo ponga mijito”. Así que queda en el aire a quien va dirigido ese mensaje de la presidenta de la República. ¿Es para Rocha Moya, para Adán Augusto López o para Andrés Manuel López Obrador?

Entre las reglas no escritas en la política mexicana está la protección del presidente en turno con el saliente. El problema es que cada día la relación entre Andrés y Claudia Sheimbaum es mas difícil, debido a los berrinches del de Macuspana y a la cola de dinosaurio que tiene él y sus principales allegados, incluidos sus hijos.

Los señalamientos de los Estados Unidos en contra de los más cercanos al expresidente son muy graves. La sospecha que ya pesa sobre uno de sus hijos y que amenaza en convertirse en una acusación formal lo deben de tener muy preocupado y enojado.

Y esta preocupación, conociendo a Andrés Manuel López Obrador, no es por las acusaciones contra su circulo más cercano, sino porque él sabe que de caer ellos, cae él. Es claro que la operación de huachicol fiscal, un fraude multimillonario, no se pudo dar sin su consentimiento.

Al expresidente debido a su carácter autoritario, arrogante y narcisista, solo le importa su bienestar. En su muy particular forma de gobernar, únicamente le gusta rodearse de mediocres que acaten ordenes, de ahí su frase de primero lealtad, luego capacidad.

Sin embargo, todo tiene un límite, ya que se está poniendo en riesgo la soberanía del país y el propio mandato constitucional de la presidenta Claudia Sheinbaum. La mandataria está para cuidar y proteger a la gente, no a una runfla de delincuentes.

El escándalo ya es muy difícil de ocultar, y eso le debe tener preocupado y molesto al expresidente. Pero la verdad, se pasaron de la raya, fue un saqueo en despoblado, un negocio de contrabando de combustible sin precedente y una forma de gobernar con el apoyo del narco del que no tengamos antecedentes.

Al tiempo, Estados Unidos ya debe tener todos los expedientes armados, pruebas ya no necesita. Y sí, de caer Rocha Moya, caerán los demás, uno tras otro.

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