Hay gobiernos que enfrentan la realidad y hay gobiernos que intentan cambiarla con discursos. En materia económica, el Gobierno Federal parece haber elegido lo último.

Mientras desde Palacio Nacional se dice que México está avanzando, pero los datos cuentan otra historia: crecimiento lento, baja inversión, empleo formal reducido, mayor deuda, menos inversión pública y una economía que no aprovecha la oportunidad histórica del nearshoring como debería.

Y esto no es una opinión política. Estos son los números del balance económico de los primeros dos años del actual Gobierno Federal.

Lo preocupante es que, mientras México se estanca, Chihuahua tiene condiciones para crecer y las está aprovechando. Dije recientemente: Chihuahua es un ejemplo de que cuando hay capacidad productiva, conectividad, inversión y voluntad de desarrollo, el futuro se puede lograr.

Por eso tenemos que cuidar lo que hemos construido. Y cuando volteamos a ver al país, la realidad obliga a hacer preguntas incómodas.

México ha tenido una economía que ha estado prácticamente estancada durante dos años. En los primeros 21 meses del gobierno de Claudia Sheinbaum, el crecimiento promedio trimestral del PIB ha sido de solo 0.9 por ciento en términos reales. En 2025, el crecimiento anual fue del 0.8 por ciento.

Estas no son cifras que correspondan a una economía que está despegando. Para ponerlo en perspectiva, el crecimiento promedio anual del PIB fue del 1.8 por ciento con Vicente Fox, 1.5 por ciento con Felipe Calderón, 1.9 por ciento con Enrique Peña Nieto y 0.9 por ciento con López Obrador.

Dos gobiernos de Morena y prácticamente una década perdida en términos de crecimiento.

Para 2026, la Secretaría de Hacienda proyectó entre 1.8 y 2.8 por ciento. Pero las organizaciones que analizan la economía con criterios técnicos son mucho menos optimistas: el Banco de México estima 1.5 por ciento; el Banco Mundial, 1.3; el FMI, 1.2 y la OCDE, solo 0.8 por ciento.

La pregunta no es quién tiene el discurso más optimista. Es por qué nuestra economía no está creciendo al ritmo que necesitamos. La respuesta radica, en gran medida, en la falta de inversión.

En los primeros 20 meses del gobierno de Sheinbaum, la inversión fija bruta cayó un 2.2 por ciento. La inversión en maquinaria y equipo cayó un 7.7 por ciento.

México tenía una oportunidad extraordinaria ante sí: atraer empresas y cadenas de producción que buscaban establecerse cerca del mercado estadounidense.

Pero el nearshoring no funciona con discursos. Funciona con certeza legal, seguridad, electricidad, agua, infraestructura y reglas claras. Pero estamos dejando pasar parte de ese tren.

En 2025, mientras la Inversión Extranjera Directa aumentó un 7.6 por ciento, solo el 18 por ciento de eso fueron nuevas inversiones. El 82 por ciento restante fue reinversión de utilidades y operaciones entre empresas. En la primera mitad de 2026, las nuevas inversiones fueron solo el 8 por ciento.

México no está atrayendo el nuevo capital que necesita para expandir su capacidad productiva. Y mientras la inversión privada pierde fuerza, la inversión pública también está cayendo.

En 2025, la inversión física del Gobierno Federal cayó un 25.2 por ciento en términos reales. En el primer semestre de 2026, volvió a caer un 7.9 por ciento.

Menos carreteras. Menos infraestructura. Menos proyectos de agua. Menos hospitales y escuelas. ¿Y luego nos preguntamos por qué no estamos obteniendo crecimiento en la economía?

No hay una política económica seria que pueda sostenerse con el gasto corriente, los programas de bienestar y la propaganda mientras se abandona la inversión productiva.

Tampoco hay manera de hablar de bienestar cuando el empleo generado es cada vez más precario.

En los primeros 21 meses del Gobierno Federal, el número de personas empleadas aumentó en 700,000. Pero 900,000 de esos nuevos empleos eran informales, mientras que las ocupaciones formales disminuyeron en 200 mil.

En el IMSS, durante el mismo período, solo se crearon 298 mil empleos asegurados. Esta cifra contrasta con los 729 mil creados bajo Enrique Peña Nieto y los 479 mil bajo Felipe Calderón en los primeros 21 meses de sus gobiernos.

¿De qué sirve presumir que hay más personas ocupadas si cada vez más mexicanos tienen que recurrir a la informalidad?

El deterioro también se refleja en los retiros por desempleo de las Afores. Entre enero y julio de 2026, alrededor de 1.25 millones de personas retiraron 27,202 millones de pesos de sus ahorros para el retiro, un 28 por ciento más que en el mismo período de 2025. Eso no es prosperidad.

Es gente que recurre a su futuro para resolver las necesidades de su presente. Y mientras las familias enfrentan esta realidad, el Gobierno Federal sigue endeudando al país.

En los primeros 21 meses del gobierno de Claudia Sheinbaum, la deuda pública aumentó 2.3 billones de pesos y llegó a 19 billones a junio de 2026, equivalente a 51 por ciento del PIB.

Desde 2019, bajo los gobiernos de Morena, la deuda pública aumentó 8.5 billones de pesos, 80.5 por ciento más que en 2018.

Pero quizá ningún dato explica mejor la irresponsabilidad de la gestión financiera que este:

En 2025, el Gobierno Federal destinó 1.3 billones de pesos al servicio de la deuda y solo 770 mil millones a inversión física.

Por cada peso para pagar intereses, solo 59 centavos para infraestructura. En el primer semestre de 2026, la diferencia se mantuvo: 693.4 mil millones de pesos para el costo financiero de la deuda en comparación con 382.6 mil millones para inversión física.

Estamos pagando más por la deuda de lo que estamos invirtiendo en construir el futuro. Y esa factura no la va a pagar el Gobierno. La pagarán los mexicanos. La pagarán aquellos que necesitan una carretera que no se construyó, un hospital que no se terminó, una escuela que no recibió recursos, o un sistema de agua que nunca llegó. Y a esto se suma el deterioro de nuestra actividad productiva y el abandono del campo.

Chihuahua conoce esta verdad perfectamente. Aquí sabemos lo que es producir en condiciones adversas, lidiar con problemas de agua, inseguridad y falta de infraestructura, y competir en mercados nacionales e internacionales. Por eso no aceptamos que el campo y quienes producen sean tratados como un asunto secundario.

México necesita una política económica que reconozca que el productor, el empresario, el trabajador, el comerciante y el dueño de negocios no son adversarios del Gobierno. Ellos son los que sostienen la economía. También necesitamos discutir seriamente nuestra relación comercial con Estados Unidos. El 83 por ciento de las exportaciones mexicanas están destinadas a ese país y alrededor de 15 millones de empleos están vinculados a los sectores de exportación.

Los aranceles y la incertidumbre en torno al T-MEC están afectando particularmente al sector automotriz. Entre enero y julio de 2026, se exportaron 68,000 vehículos menos que en el mismo período de 2025, y para junio, se habían perdido 29 mil empleos en esa industria.

Cuando Toyota anuncia una inversión de 3.6 mil millones de dólares para trasladar la producción de la Tacoma de Baja California a San Antonio, no podemos simplemente mirar hacia otro lado. Estos son signos de advertencia.

México está perdiendo competitividad y el Gobierno Federal debe asumir la responsabilidad de esto. No podemos enfrentar este escenario con propaganda. Necesitamos seguridad para la inversión, certeza jurídica, energía suficiente, agua, infraestructura, carreteras y una política fiscal responsable.

Chihuahua tiene mucho que defender en este contexto.

Nuestro estado es una economía productiva, una industria competitiva, un campo que sigue operando y una posición estratégica con respecto a los Estados Unidos. Tenemos conectividad y tenemos la capacidad de seguir desarrollándonos.

Pero nada de eso está garantizado. Por eso mi llamado es a cuidar de Chihuahua. A no permitir que las malas decisiones del Gobierno Federal terminen contaminando lo que funciona aquí. Y también a decir las cosas como son.

México no necesita un Gobierno que exagere los números para presumir de resultados. Necesita un Gobierno que reconozca sus errores, cambie de rumbo y sepa que la prosperidad no se construye con discursos. Se construye con inversión. Con empleo formal. Con infraestructura. Con seguridad. Con certeza. Con productores fuertes. Con finanzas públicas saludables.

Y con un Gobierno que deje de castigar a quienes crean riqueza y empleo. Chihuahua está demostrando que el crecimiento sí es posible. Lo que falta es que el Gobierno Federal deje de gestionar el estancamiento como si fuera éxito. Porque una cosa es decir que México está progresando. Y otra, muy diferente, es demostrarlo con resultados.

El autor es senador de la República y presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal

@MarioVzqzR