¿Pensaran realmente que la gente es tonta? Seguramente si, ya que no hay otra forma de explicarnos como es que el discurso de los políticos se encuentra tan alejado de lo que sucede en la realidad.
Nos hablan de que ya no hay lujos, se les pide a los funcionarios del actual gobierno el conducirse con sencillez, humildad y sin extravagancias. Sin embargo, no hay día en que no se sorprenda a alguien presumiendo fortunas, relojes caros, automóviles de alta gama y demás excentricidades a las que desde luego el pueblo bueno y sabio no tiene forma de acceder.
La pregunta hoy ya no parece ser en que áreas hay corrupción, sino en donde no la hay. Lo que se da a conocer en medios de comunicación todos los días es un auténtico escándalo, que, más temprano que tarde, le cobrará una factura impagable a Morena y sus aliados.
Se le dice a la gente que no son iguales, al parecer son peores, y, sobre todo, más descarados. Mienten en las narices de la gente, hablan de evitar lujos y llegan al informe de la presidenta a Palacio Nacional en autos de lujo.
Hay quien alguna vez como si fuera un ser iluminado, le dijo a la gente que no aspirara a lujos, que bastaba con un par de zapatos para ser feliz.
Hoy la mayoría de los funcionarios, o como él decía, a los encargados de tareas gubernamentales, les da por lucir zapatos de diseñador valuados en más de veinte mil pesos el par, entre ellos sus hijos.
Uno de los casos más recientes es el de la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, quien presume en redes sociales artículos de diseñadores exclusivos y joyas que contrastan nuevamente con el discurso de austeridad republicana o franciscana que pregonaba el de Palenque y ahora repite la presidenta desde Palacio Nacional.
La presidenta dice que se debe gobernar sin extravagancias, cercanos al pueblo, la pregunta es si la secretaria de Turismo lo hace, o los distinguidos miembros de Morena a nivel federal, local o municipal, porque a todas luces se ve que el discurso presidencial les entra por una oreja y les sale por la otra.
Cómo muestra la gobernadora de Campeche, a quien hace poco se le veía dándose una vida de lujo en España. Y no hay que olvidar al junior del bienestar en su viaje por Japón en hotel de gran turismo.
Además de esta gran transformación que implicó para muchos de los allegados a la familia presidencial la llegada al poder de López Obrador, ahora tenemos por todos lados herederos de grandes fortunas, empresarios exitosos de la noche a la mañana y múltiples personajes que les aparecieron tantas propiedades como al nopal.
Ese es el caso de Juan Carlos Ulloa, exsecretario particular de la presidenta de la República, quien compró dos departamentos de contado, ni más ni menos.
Dejemos de justificar lo injustificable, esto no es otra cosa sino un exceso de poder, llegaron muchos de los que actualmente tienen cargos públicos a hacer negocios al amparo de este y defraudando una vez más al pueblo que según esto ya estaba cansado de tanta pinche transa.
Hasta cuando reaccionará el pueblo bueno y sabio y exige lo que por derecho le pertenece, ya basta de este tipo de individuos impresentables que lo único que han venido es ha llenarse las bolsas a costillas del trabajo de miles de mexicanas y mexicanos.
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