Hay reuniones que importan por lo que se dice en ellas y otras que importan, además, por lo que representan. La reunión entre la gobernadora Maru Campos y la presidenta Claudia Sheinbaum pertenece a las dos categorías.
Después de meses de diferencias públicas en materia de seguridad y en la relación entre Chihuahua y la federación, la gobernadora buscó directamente a la presidenta. Le escribió, pidió una reunión y, aprovechando la visita de Sheinbaum a Ciudad Juárez, finalmente se reunieron en privado.
Ese primer paso debe tomarse en su justa dimensión.
No se trata de que una parte haya cedido frente a la otra. Tampoco de que desaparezcan las diferencias políticas. Es algo más básico y, por lo tanto, más importante: dos gobiernos con diferentes responsabilidades hacia la misma sociedad se sentaron nuevamente a hablar.
Y eso es importante para Chihuahua.
La propia gobernadora lo explicó después de la reunión. Dijo que fue un encuentro necesario, en el que ambas hablaron y escucharon con franqueza y firmeza, y que reconocieron la necesidad de mejorar sus canales de comunicación, pero sin renunciar a las convicciones y posiciones que cada una defiende.
Ahí radica la clave.
Coordinar no significa pensar igual. Dialogar no significa renunciar a las propias convicciones. Tener diferencias partidistas no significa que los gobiernos deban convertirlas en diferencias institucionales. La política tiene sus tiempos y espacios. Los gobiernos tienen otros.
Cuando llegan las elecciones, los partidos compiten. Cuando la elección termina, las autoridades deben gobernar para todos.
Esto es especialmente cierto en un sistema federal como el nuestro. Los ciudadanos votan por una presidenta, por gobernadores, por presidentes municipales y por legisladores de diferentes fuerzas políticas. Esa diversidad es parte de la representación democrática.
Por eso las diferentes esferas de gobierno deben respetarse mutuamente.
Chihuahua no deja de ser Chihuahua porque la Presidencia de la República y el gobierno estatal pertenezcan a diferentes fuerzas políticas; tampoco la Federación deja de ser responsable de sus atribuciones porque un partido diferente gobierne en un estado.
Al contrario: porque hay diferentes esferas de gobierno debe haber coordinación entre ellas.
La reunión entre Maru Campos y Claudia Sheinbaum abrió esa puerta. Y lo que vino después confirma que no se trató solamente de una fotografía ni de un gesto político.
La gobernadora comenzó a llevar ese diálogo a una agenda concreta de trabajo con distintas dependencias federales. En los últimos días se reunió con autoridades de Gobernación, Seguridad, Conagua y Agricultura para abordar asuntos prioritarios para Chihuahua.
Esto es importante porque convierte la reunión en algo más que una señal política. Ya hay un camino institucional para darle seguimiento.
Y aquí es donde el federalismo deja de ser una palabra y se convierte en práctica de gobierno.
Los estados pueden tener diferencias con la Federación. Los gobiernos pueden pertenecer a diferentes partidos. Pero deben existir canales para hablar, coordinarse y resolver problemas que afectan a la gente.
La seguridad es el ejemplo más evidente.
Chihuahua no puede resolver solo un problema que requiere la participación de instituciones federales, ni puede esperar que la Federación resuelva por sí sola todo lo que corresponde al ámbito estatal.
Lo mismo ocurre con la infraestructura, la salud, el agua, el campo y los demás asuntos que forman parte de la agenda del estado. La reunión de la gobernadora con la Conagua para abordar la problemática hídrica de Chihuahua es un ejemplo de cómo ese diálogo puede traducirse en gestiones concretas.
Y hay una discusión que va mucho más allá de la relación entre dos gobiernos: la de responsabilidades y recursos.
Si los estados terminan absorbiendo cada vez más necesidades en seguridad, salud, infraestructura o desarrollo regional, tiene que haber una discusión seria sobre cómo se distribuyen los recursos públicos.
No se puede hablar solo de responsabilidades sin hablar de capacidades.
Y no se puede hablar de federalismo solo como una distribución administrativa de competencias. El federalismo significa que cada nivel de gobierno es reconocido, respetado y apoyado en lo que le corresponde.
Chihuahua también tiene algo que no se puede ignorar: es un estado que contribuye enormemente al desarrollo nacional. Sus actividades industriales, agrícolas, fronterizas y de exportación son parte de la economía de todo México.
Así que defender a Chihuahua no significa pedir privilegios. Significa pedir que las necesidades y contribuciones del estado sean parte de las decisiones nacionales.
La discusión tampoco debe reducirse a Chihuahua.
El país está bajo una seria presión presupuestaria. El crecimiento de la deuda, el déficit y el costo financiero reducen el margen para nuevas inversiones. Y cuando el espacio para la inversión disminuye, surgen preguntas sobre carreteras, hospitales, infraestructura fronteriza, proyectos productivos y obras que los estados necesitan para crecer más.
Y precisamente porque ya existe un canal de diálogo entre Chihuahua y la Federación, estos temas pueden y deben formar parte de esa conversación institucional.
Si los estados tienen que responder por más necesidades, la discusión sobre la distribución de los recursos tendrá que estar sobre la mesa.
No se trata de enfrentar a los estados contra la Federación. Se trata precisamente de encontrar ese equilibrio para que todos los ámbitos de gobierno tengan la capacidad de hacer lo que los ciudadanos les demandan.
Y ahí volvemos al punto de partida: la reunión entre Maru Campos y Claudia Sheinbaum.
La gobernadora dio el primer paso y buscó a la presidenta. No porque las diferencias hayan desaparecido, sino porque las diferencias no pueden ser una excusa para no hablar.
La propia Maru Campos dejó claro que mantendrá sus posiciones en materia de seguridad y que su gobierno seguirá combatiendo al crimen organizado con toda la fuerza y las capacidades a su disposición. En otras palabras, el diálogo no implicó renuncia. Y tampoco debería implicar subordinación.
Lo que Chihuahua necesita es coordinación.
Coordinación que haga posible que la Federación cumpla con lo que le corresponde y el Estado haga lo propio.
Coordinación que permita hablar de seguridad sin convertir cada diferencia en una confrontación.
Coordinación para que hablar de recursos no signifique que defender a Chihuahua implique confrontarse con México.
Coordinación que haga que la infraestructura deje de ser una promesa y se convierta en realidad.
Coordinación para que el campo, la salud y los municipios tengan respuestas.
Al final, ésa debería ser la medida de cualquier acercamiento entre gobiernos: no cuánto cambia el discurso, sino cuánto cambia la capacidad de resolver problemas.
Las campañas terminan. Los gobiernos permanecen.
Las diferencias políticas pueden y deben existir. Lo que no puede existir es una sociedad obligada a pagar por esas diferencias.
Por eso el encuentro entre Maru Campos y Claudia Sheinbaum puede ser más que una reunión privada entre dos gobernantes.
Puede ser el comienzo de una etapa diferente para la relación entre Chihuahua y la Federación: una en la que se discrepe sin romper; se defiendan posiciones sin cerrar el diálogo; se compita políticamente sin dejar de trabajar institucionalmente.
El primer paso ya se dio. Y los siguientes ya comenzaron: sentarse con las distintas dependencias, plantear los problemas de Chihuahua y buscar soluciones. Ahora corresponde convertir ese diálogo en coordinación. Y convertir la coordinación en resultados para Chihuahua.
El autor es senador de la República y presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal
@MarioVzqzR
