Decía el expresidente López Obrador que no eran iguales. Tenía toda la razón, son peores. Antes cuando alguien era descubierto en algún acto ilícito, abuso de autoridad o en algo similar, ese personaje asumía el costo y, por lo menos, presentaba su renuncia, lo que en ocasiones representaba su tumba política.

Ejemplos hay bastantes, ya que la clase política en este país se ha caracterizado por cometer abusos y utilizar su cargo para sacar ventajas fuera de la ley.

Uno de los casos más sonados fue el del director general de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en el sexenio de Enrique Peña Nieto, quien presentó su renuncia tras el escándalo al ser fotografiado utilizando un helicóptero oficial del organismo para trasladar a su familia en un viaje personal.

Otro caso muy conocido fue el del entonces titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), Humberto Benítez Treviño, quien fuera destituido el 15 de mayo de 2013 por el mismo Peña Nieto.

El motivo fue un escándalo protagonizado por la hija del funcionario, quien tras no obtener de inmediato la mesa que deseaba en un popular restaurante de la Ciudad de México, amenazó con clausurarlo. Minutos después del incidente, verificadores de la PROFECO acudieron al lugar para colocar sellos de suspensión en el establecimiento.

Resulta que Enrique Peña Nieto tenía más vergüenza y consideración para el pueblo de México que su sucesor. No se le conocen escándalos de enriquecimiento ilícito a sus hijos, al contrario, se han mantenido lejos de los reflectores de la política nacional.

En cambio, el de Macuspana, hoy avecindado en la chingada, resultó ser un sinvergüenza de cuidado, además de un cínico en toda la extensión de la palabra.

En su sexenio y posterior al mismo, la escena política ha estado llena de escándalos de miembros de su partido, los cuales, en lugar de ser sancionados, son arropados por conveniencia y complicidad. Aplican la ya muy celebré frase de que “si caigo yo, caes tu también”.

Y no es que nuestro expresidente haya perdido la razón y viva en otra realidad, simplemente como lo demuestra en su ultima aparición en redes sociales, trata de confundir, basado en mentiras, calumnias, difamaciones y lo que se acumule, todo con el único objetivo de desviar el escándalo que ya es una losa muy pesada sobre sus hijos.

Por cierto, seguramente a sus hijos no los pudo educar bajo los principios que él pregona para todo el pueblo bueno y sabio.

Al pueblo si le decía que con un par de zapatos bastaban, en cambio a sus hijos no les exigió una vida austera y mucho menos para los amigos de sus vástagos quienes pasaron de vender azulejos a ser los nuevos ricos de este país.

Es probable que lo cínico y desvergonzado se le esté acrecentando con los años y al enterarse que sus hijos podrían estar siendo investigados por los Estados Unidos por sus lazos con el crimen organizado, la trama del huachicol fiscal, contratos a modo dentro de su gobierno, riqueza inexplicable, entre otras muchas cosas.

Debe estar muy enojado el cabecita de algodón, ya que mientras a su pueblo le pide no ser aspiracionista y no dejarse llevar por las cosas materiales, sus hijos se dan una vida de reyes, lo cual ha estado ampliamente documentado en medios de comunicación y redes sociales.

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