La entrevista ocurrió en una cantina. No fuimos por la cerveza sino por la sal, porque yo necesitaba sal de cantina para un maleficio y Roble Holguín me acompañó. Brujo tradicional formado entre Chihuahua y la Ciudad de México, especialista en curanderismo mexicano, herbolaria ritual, catolicismo popular, culto a las ánimas, ensalmería y lo que él mismo llama hechicería vaquera, Roble ha pasado los últimos dos años recorriendo santuarios del norte de México y del suroeste de Estados Unidos para registrar las prácticas religiosas que la institución no reconoce pero que el pueblo nunca abandonó. En su casa hay una Santa Marta de un metro con diez centímetros. Quien entra la mira y piensa que ahí vive un muchacho muy católico. Lo que el visitante no sabe es que, pasada la una de la madrugada, Roble cubre con un manto a la santa y deja expuesto sólo al dragón que yace a sus pies. Ese gesto resume su oficio.
Lo conozco desde hace años, cuando practicábamos la Wicca y estudiaba druidismo. Hoy, 31 de octubre, noche de Samhain y de Halloween, cuando el velo entre vivos y muertos se adelgaza, conversamos sobre plantas que curan y plantas que matan, santos que se tuercen, ánimas que regresan a cobrar cuentas y un Charro Negro que, según él, aprendió a montar a caballo escondido en el monte.
Del roble europeo al gordolobo chihuahuense
Eres un trotamundos. Hace poco estuviste en Texas, en Nuevo México e incluso en Salem. ¿Qué te mueve?
Siempre me ha costado quedarme en un solo lugar. Sagitario, a final de cuentas. Pero estos dos últimos años el movimiento ha tenido un propósito, que es visitar sitios vinculados con el curanderismo y la religiosidad popular del norte de México y del sur de Estados Unidos. En Nuevo México fui a Chimayó, un pueblo al norte de Santa Fe, conocido por dos templos, uno dedicado al Santo Niño de Atocha y el Santuario, que surge de un milagro, porque ahí se encontró un Cristo enterrado. Ese sitio no lo cubrieron con cemento, de modo que puedes ver la tierra, tomarla y usarla para curarte. Para Nuevo México es el gran lugar de peregrinaje. Si alguien tiene un problema va a Chimayó a buscar un milagro, un consejo o una curación. Es como Chalma, el Chalma del suroeste. A Salem fui por otra razón. Me invitaron a un congreso a hablar de la limpia con huevo.
Te conocí en la Wicca, pero siempre muy cerca del druidismo. Alguna vez me contaste que habías encontrado un druidismo con herbolaria norteña. ¿Cómo se pasa de ahí al curanderismo?
El druidismo puede entenderse desde varios lados, y uno de ellos es el reconocimiento de los espíritus del territorio. Mi primer choque fue justamente ése. ¿Cómo llevas una tradición arbórea a un contexto árido o semiárido? Chihuahua tiene sierra húmeda, pero no es el paisaje donde yo me desenvolvía. Además de trasladar los principios filosóficos y teológicos a un territorio mexicano, tuve que enfrentar la herbolaria, porque el trabajo iniciático druídico tiene fases. Primero vienen el oráculo y la poesía, después el trabajo medicinal. Reconocer a los espíritus del lugar y aprender a curarme con ellos me obligó a voltear hacia la etnobotánica chihuahuense, que ya conocía por la antropología pero nunca había llevado a mi práctica. Esa fase me condujo de lleno al curanderismo mexicano, y en particular al norteño. Ahí empezó el hilo.

No todas las curanderas ni las brujas de pueblo usan todas las plantas. ¿Cómo descubres el uso mágico de una planta del norte cuando no hay tradición que lo registre?
Si no hay evidencia en la historia oral ni en la medicina tradicional, recurro a la anatomía oculta, una visión del ocultismo que se mezcla con la Cábala y que atribuye un valor energético y espiritual a cada parte del cuerpo. Según el órgano que la planta alivia, se vincula con lo que ese órgano representa en el plano espiritual. Las plantas amargas, las que protegen el hígado, son depurativas, pero también son plantas de guerra, asociadas con la sangre y apotropaicas, es decir, protectoras. El gordolobo, una de mis favoritas de Chihuahua, es expectorante, ayuda a sacar la flema, y tradicionalmente se toma con leche por las noches. Trabajando con él entendí que tiene una naturaleza nocturna. Las vías respiratorias se asocian con el elemento aire y con Mercurio, pero un Mercurio nocturno es el Mercurio psicopompo, el que entra al inframundo.
¿Y si tampoco la anatomía oculta da respuesta?
Entonces funciona la magia simpática. Te vales de las características físicas de la planta, de su comportamiento y de su ecosistema. Si es espinosa, por naturaleza es marcial o protectora. Si es venenosa, corresponde a Saturno. Si es enredadera, abre caminos, pero si además se agarra de otras plantas, como la hiedra, que termina matando al árbol que la sostiene, entonces es una planta de dominación. Pienso en la gobernadora, el guamis, que hoy tiene una presencia enorme en el estado. Es fungicida, desparasitante, abortiva y beneficia al hígado. Toda planta fungicida ya es guerrera, pero la gobernadora además acidifica el suelo y mata a las plantas vecinas para expandirse. Ese comportamiento también lo llevas a la hechicería.
La abuela, el Niño de Atocha y el regreso a los santos
Hace años, para ti el catolicismo era el Diablo. Hoy tu práctica está hecha de santos. ¿Cómo nace ese giro?
Tenía un rechazo profundo hacia la tradición judeocristiana por muchas razones, entre ellas mi orientación sexual. El paganismo fue una buena opción, aunque después tuve mis diferencias con él, porque también es una institución. El detonante vino de mi abuela paterna. Era una mujer de campo y conocía muy bien la flora. Les pregunté a mis tíos qué recordaban de ella y decidí ponerle un altar para pedirle que me siguiera guiando. Le puse gordolobo y ayudó un poco, pero sentía que faltaba un puente. Entonces entendí que debía honrarla desde su propia fe. Era devota de la Virgen de Guadalupe, de San Judas y sobre todo del Santo Niño de Atocha. Le compré su figurita y me dije que no se trataba de mí sino de ella. Tuve que volver a aprender el Padrenuestro, el Avemaría y el rosario, como ofrenda y como espacio de diálogo.
¿Y qué salió de ese diálogo?
Salieron historias. Mis tíos me contaron que, cuando alguno de sus hijos andaba de rebelde, mi abuela cortaba la tapa de una lata de cerveza, metía una vela, le echaba agua de Sanborns, pegaba la foto del muchacho y le hablaba para que se calmara. Todo lo hacía con el Niño de Atocha. También contribuyó la Cábala mística, la de Dion Fortune, con su visión arcangélica. Empecé a preguntarme por qué sostenía un discurso de rechazo si estaba encontrando evidencia de hechicería con santos en México. Casi todas las familias, por ejemplo, saben que a San Ramón Nonato se le pega un chicle en la boca para callar a los chismosos. Dejé de ver la institución y empecé a ver la mística que hay detrás de ella.
Hablas de brujería mexicana. ¿Existía antes de la Conquista?
El término bruja llega de España. Hablar de brujería en el México prehispánico es una visión colonialista. Por eso sostengo que la brujería en México comienza en la Nueva España y que es una práctica sincrética. Para lo anterior, desde la antropología, podemos hablar de pensamiento mágico, de animismo, de prácticas rituales. Yo aceptaría el término hechicería, entendida como práctica mágica y ritual de naturaleza operativa. Aunque también tiene carga política y religiosa, me parece menos colonialista que bruja, porque la bruja europea responde a un proceso inquisitorial muy específico y su traslado a figuras como el nahual no deja de ser un esfuerzo por acomodar algo que era distinto.
Pensamos en la bruja y nos vamos a Salem, a la Inquisición, al Malleus Maleficarum de Heinrich Kramer. ¿Cuál fue su rol social en el México colonial y en el revolucionario?
La bruja es la que envenena. Hubo un momento en que se instaló la palabra curandero para nombrar a ciertas personas dedicadas a la medicina, mientras que toda práctica que mezclaba medicina y espiritualidad fue tachada de herejía, superstición, hechicería o brujería. La curandera es la que sana, porque sus prácticas se alinean con el catolicismo y su ética habla de hacer el bien en nombre de Dios. La bruja es la que castiga. Generalmente era alguien rechazado por una discapacidad, una adicción, por ser madre soltera o simplemente soltera. Como no tenía nada que perder, no temía oscilar entre lo positivo y lo negativo. Y aun así es a ella a quien acudes cuando la impunidad o la injusticia llegan a tu casa.
Santos torcidos
Los santos son santos. ¿Cómo accionan para una venganza sin caer en una contradicción teológica?
Dentro de los parámetros católicos, la contradicción existe. Pero el primer punto es instalarte en la idea de que un santo también es un muerto, una persona. Pienso en San Cipriano o en Marta de Betania, santos con conocimiento místico y carácter muy fuerte. Exaltas su aspecto humano, carnal, incluso pecador, como ocurre en los himnos órficos. El segundo punto son los milagros, que conviertes en acciones rituales por vía simpática. Ya no recurres a Marta como la santa que venció al dragón, sino que le dices «así como dominaste al dragón, domina a esta persona». Hay incluso una línea que usa la Biblia como grimorio. El Salmo 109 es el más violento de todos, pide la muerte de alguien y la maldición de sus generaciones. El tercer punto es el martirio. Levantas el dolor que padeció el santo y lo usas para la venganza.
Danos un par de ejemplos.
Santa Lucía pertenece a lo que yo llamo santas vírgenes, mujeres martirizadas por desobedecer a una figura masculina. Intentaron quemarla y no pudieron, intentaron moverla y no pudieron, y entonces le sacaron los ojos y la decapitaron. Es patrona de quien padece de la vista, pero en lo místico es santa de la luz, de la claridad. Torcida, sirve para cegar. Le dices «así como te dejaron ciega a ti, déjalo ciego a él», para que una persona no te eche mal de ojo o para que una institución no te vea. Siempre digo que con ella hay que hacerse la mosquita muerta y seducirla, y después pagarle. Santa Apolonia, en Alejandría, sufrió que le arrancaran los dientes con pinzas. Es santa de los dentistas y de quien padece de las muelas, pero si aspectas su lado oscuro trabajas para provocar dolor de muelas o que a alguien se le caigan los dientes.
¿Quién descubrió que los santos podían usarse así?
Es como preguntar qué fue primero, la artemisa o Artemisa, la planta o la diosa. Nadie sabe quién descubrió que San Expedito cumple si le pones un pan y una moneda. Alguien lo comprobó, compartió el conocimiento y la gente lo aplicó, porque además trabajar con santos es una práctica segura. Detrás hay un trabajo egregórico muy fuerte, una forma de pensamiento colectivo que alimentaron generaciones de doñitas de pueblo. En México lo vemos con Malverde y con Pancho Villa.

Pancho Villa, ánima vengativa
Platícanos de Pancho Villa.
Villa entra en dos clasificaciones. Es un santo popular, que la Iglesia no reconoce por su vida o porque la perjudicó, como Malverde, Zapata o Agustín Lorenzo en Morelos, pero al que el pueblo, beneficiado por sus acciones, reconoce como guardián. Y es un ánima empautada, es decir, pactada con el Diablo. No hay archivo que lo compruebe, pero es parte de la leyenda. De Zapata se dice que nació con la marca del Diablo, de Villa que pactó tras una de sus derrotas en Sonora, de Agustín Lorenzo que lo hizo con el Charro Negro. Por ese pacto el ánima se vuelve extensión del Diablo y no permanece en el infierno sino aquí, por maldición. En el caso de Villa, y en parte es interpretación mía, está lo que se llama su venganza. Quienes lo emboscaron fueron muriendo de causas sospechosas, y se dice que también murieron quienes profanaron su tumba para llevarse la cabeza. Es un ánima vengativa que regresa.
En Espinazo, en las prácticas espiritistas del Niño Fidencio, también invocan a Villa. ¿Qué se le pide?
Cualquier asunto de justicia social. Así como con las plantas hablo de su función biológica, con las ánimas me valgo de lo que hicieron en vida. Más allá de que Villa haya sido un sociópata, en el imaginario colectivo defendía al pueblo frente al poder político y económico. Mi primer trabajo con él fue para una mujer despedida injustamente y luego acosada para que no procediera legalmente contra la institución. A las ánimas empautadas se les habla con valor, como a un compadre. «Compa, me han faltado al respeto personas con poder. No es que yo me raje, pero tienen más fuerza que yo. Ayúdeme a que las cosas sean parejas». Y trabaja rápido.
¿Cómo lo atiendes?
Con los santos que andan a caballo, San Martín, San Jorge, Santiago, primero se atiende al caballo y después al jinete. Yo trabajo con un cráneo de caballo y primero atiendo a Siete Leguas, su yegua, y desde ahí llamo a Panchito. En Espinazo le ofrecen tequila, pero él era abstemio. Yo le pongo malteada de fresa. Cuando necesito que se ponga bravo le doy sotol molido en molcajete con chiltepín. Ésa es la señal para mandarlo a pelear. Y todos los lunes, junto con el Ánima Sola y todas las ánimas, limpio su altar, cambio el agua, le pongo veladora y oración. Lo atiendo como ánima para mantener el vínculo y, cuando hace falta, lo lanzo desde la hechicería.
El Charro Negro, Diablo de la Revolución
El Charro Negro es sinónimo de Diablo folclórico. ¿De dónde viene?
Está asociado al proceso histórico de la conformación del país. En América no hay evidencia de una deidad que represente el mal absoluto. El Diablo llega con los europeos, y la Iglesia apenas en el siglo XIII terminó de definirlo, sincretizando deidades paganas cornudas, ctónicas o agrícolas. Al llegar a territorio mexica, los conquistadores habrán pensado que el Diablo ya estaba aquí. Lo sincretizaron con Tláloc, por las tormentas y por su vínculo con San Miguel Arcángel, que sin el Diablo a sus pies no tendría sentido, y con Tezcatlipoca en su fase negra, nocturna y subterránea. Hay un testimonio sobre la primera cruz franciscana en la Ciudad de México, en el templo de San Francisco sobre Madero. No podían levantarla, hasta que un fraile ciego vio al Diablo sentado sobre ella, lo expulsó con rezos y el demonio huyó al monte dejando olor a azufre. Donde se levanta la cruz, el Diablo se va al monte, y el monte se vuelve su territorio, el lugar donde se escondió el culto a los antiguos dioses. Por eso hay tantas cuevas del Diablo en el país.
¿Y cuándo se sube al caballo?
Durante la Colonia no cualquiera podía montar. Era privilegio de quien tenía poder económico y político. La gente empezó a criar caballos escondida en el monte, y yo digo que ahí el Diablo aprendió a cabalgar. En la Independencia hay testimonios de rebeldes a caballo, con lanzas, machetes y fuetes, que atacaban de noche porque no tenían armas de fuego. Nace el jinete nocturno que transgrede. Luego vienen la Reforma, las inconformidades del porfiriato, la Santa de Cabora, Pedrito Jaramillo, Malverde, y a principios del siglo XX el Diablo aparece ya como jinete con indumentaria de charro, alimentado por una Revolución anticlerical. El Charro Negro está ligado al caudillismo. Es Tláloc nocturno y Tezcatlipoca, todo lo salvaje que el ser humano no controla. Y como la Iglesia dice que el Diablo no tiene cuerpo, necesita de sus brujas para manifestarse, de modo que se vuelve la justificación de todo levantamiento, como Aradia, la hija de Diana y Lucifer que ayudó a los campesinos contra los señores feudales.
¿Qué le pides tú?
Es un trickster, como Loki. Hay que ver muy bien desde dónde llegas a él, porque puede hacerte esclavo de tus circunstancias o ayudarte a salir de ellas. Yo jamás le pido dinero. Eso es corromperte. Le pido trabajo. «No te necesito para que me favorezcas, sólo ábreme el camino para conseguir la chamba que me dé la lana». Muchas leyendas de terror cuentan de alguien que le pidió oro y terminó víctima de su propia ambición, como en Macario. Al ser una figura de resistencia, someterte a él sería contradictorio. Lo que trabajas con él es la voluntad, que no caigas en tus propias trampas ni en las que impone la sociedad.
Santos que cargan al Diablo
San Miguel, San Expedito, Santa Marta, San Jorge. Hay quien trabaja con ellos para llegar al Diablo. ¿Por qué no invocarlo directamente?
Hay un caso en Nuevo León, en un templo de San Miguel Arcángel. El sacerdote estaba feliz porque de pronto se llenó de gente, hasta que un monaguillo vio a una señora encender un cigarro y dejarlo a los pies del santo, donde está el Diablo. Borrachos, adictos, toda una población que la Iglesia segrega hacía lo mismo. Si tu Dios me rechaza, me voy con el contrario. Y descubrieron que el Diablo también vive en la iglesia, junto a Marta, a San Expedito, a San Miguel y a San Jorge. El templo se vuelve lugar de trabajo para los pactados y los hechiceros. Es una forma segura de trabajar con el enemigo a los ojos de todos. Por eso tapo a Marta y dejo expuesto al dragón, o tapo al dragón y dejo a Marta, o dejo a los dos.
Hay un conjuro español de Santa Marta que menciona al Diablo Cojuelo.
Es una figura ibérica que llegó intacta a México. Cuando Lucifer fue expulsado del cielo, el cojuelo fue el primero en caer, los demás ángeles le cayeron encima y se torció un pie. Su esencia está en el pie, en el caminar, así que es un Diablo al que se manda. Y Marta, que dominó al dragón, no sólo lo somete sino que le dice qué hacer.
¿Y el cuervo de San Expedito?
La tradición popular dice que los cuervos le picaron los ojos a Judas Iscariote y a uno de los ladrones crucificados junto a Jesús, Dimas o Gestas. En las tradiciones celtas y celtíberas el cuervo porta conocimiento y es psicopompo, está entre los vivos y los muertos. Además es un ave rebelde que se pone al tú por tú con un águila. En un cristianismo tan antropocéntrico, todo animal que muestre una astucia capaz de transgredir al ser humano se asocia con el Diablo. Lo mismo pasa con el dragón y la serpiente. El catolicismo es, en el fondo, una tradición criptopagana.

La Santa Muerte y el Ánima Sola
Nunca te he visto cerca de la Santa Muerte. ¿Qué pasa ahí?
En la adolescencia, como reacción a la tradición hegemónica, me acerqué al satanismo. En la secundaria llegó una compañera del Estado de México cuya familia era devota de la Santa Muerte y empecé a rezarle, pero a los catorce años no estaba preparado y le dije basta. Aun así, la muerte siempre ha sido central para mí. La tenía en casa sin rezarle. Sé que existes, eres importante, pero no quiero devoción contigo. Primero me regalaron la roja, luego la blanca. Lo único que hacía era negociar con ella a través de la Virgen de la Soledad, Nuestra Señora de la Buena Muerte, porque me llega mucha gente trabajada con la Santa Muerte. «Virgen, ve con ella y dile que deje en paz a esta persona, y a cambio le ofrendo tal cosa».
¿Y la negra?
Llegó hace unos tres meses, por un sueño. Tenía un conflicto con alguien y soñé que una sombra negra me seguía. La confronté y me dijo «mete a la Santa Muerte negra a tu casa». Al consultar entendí que venía a ayudarme. No hago hechicería con ella. Le ofrendo y media. Así me nació y ésa es nuestra relación.
¿Y por qué sí el Ánima Sola?
Al no ser palero, ni santero, ni practicante de vudú haitiano, el culto a las ánimas me dio la estructura para el trabajo con muertos dentro de una hechicería popular mexicana. Los espíritus con los que trabajo desde hace cinco años no los escogí, llegaron, incluido el Charro Negro. El Ánima Sola llegó durante un proceso muy duro, acompañando a una familia acosada por el crimen organizado. Ella me dio la respuesta y le prometí devoción. Hoy tengo en casa 53 imágenes de santos, Santa Apolonia, Santa Águeda, Santa Lucía, San Expedito, San Martín Caballero, San Jorge, Santiago, Santa Marta, San Lázaro, María Magdalena, el Niño de Atocha, San Judas Tadeo, San Simón, San Cipriano. Tengo altar de San Expedito, de Marta, de mis abuelos, de las ánimas, de la Guadalupana, y uno de mis jinetes, el Charro, Zapata y Villa, con quienes ahora convive la Santa Muerte. Muchas veces sueño con un santo o algo me dice que compre una imagen, y a la semana llega alguien con el problema que ese santo resuelve.
La tierra que pisas
¿Hay que tirar a la basura lo aprendido en otras tradiciones? ¿Se puede practicar Wicca en Alaska o chamanismo en Puebla?
En mi caso, el druidismo, la Cábala, las tradiciones egipcias y helénicas dibujaron un mapa que al final me escupió en México. Mucha gente cree que me levanto contra el paganismo y no es así, ahí sigo con Zeus y con Hades. Pero sea lo que sea que creas sobre vidas pasadas, la tierra que pisas hoy es ésta. El territorio que habitas te da las herramientas para sostener cualquier práctica, aunque venga de Europa, de Medio Oriente o de Oriente, y eso implica reconocer y honrar a los espíritus que están contigo. Discúlpame, pero no vives en Escocia, vives en Puebla. Tu devoción puede ser con deidades celtíberas, pero aquí estás y aquí están tus muertos.
Cuando nos levantamos de la mesa ya había pardeado. Fui a la cantina por sal para un maleficio y salí con otra certeza, la de que en este país los muertos nunca se fueron. Se quedaron en el monte con el Diablo, a los pies de San Miguel, en la yegua de Villa, en el gordolobo que se bebe de noche. Esta noche de Samhain alguien le pondrá una veladora al Ánima Sola y cubrirá a Santa Marta para quedarse a solas con el dragón.
El autor es estudió arqueología en la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México y es periodista en Chihuahua. Cubre temas socioculturales, política, violencia y derechos humanos. Es autor de HÜZÜN y sus investigaciones exploran la religiosidad popular, la muerte y los santos heréticos, profanos y populares.
