Telecracia vs. democracia/VII-IX
Javier Esteinou Madrid
No obstante las demandas de múltiples instituciones, grupos y personajes sociales para solicitar la difusión en cobertura nacional del primer debate presidencial, el duopolio televisivo decidió practicar el bullying electoral sin reticencias, ni más justificación que hacer prevalecer el negocio del futbol profesional por encima de cualquier prioridad nacional.
De esta forma, la intolerancia de los concesionarios que controlaban el 90% de la penetración televisiva en el país puso a competir en audiencia el primer debate político con dos programas de entretenimiento de alto rating.
Así, la primera disputa de los candidatos presidenciables efectuado desde el World Trade Center de la ciudad de México sólo se transmitió en televisión por el Canal 11 (Politécnico Nacional), Canal 22 (Conaculta), Canal 34 (TV Mexiquense), Milenio TV, CNN en Español, Canal 5 (Televisa), Canal 40 (TV Azteca), repetidoras para las 32 entidades del país y señales especiales de Internet.
En este sentido, desconociendo que los empresarios de la televisión comercial privada funcionan en México en base a concesiones jurídicas que les otorga el Estado para funcionar a partir del interés público, el duopolio televisivo excluyó este escenario constitucional y retó al propio Estado mexicano, rebelándose para no transmitir a través de los principales canales de televisión dicho encuentro. De esta forma, menospreciando toda la gran inversión material, física, cultural y humana que realizó el IFE en los últimos 2 años para preparar la construcción de una “democracia de alta intensidad” en el país que reflexionara y discutiera sobre las grandes contradicciones de crecimiento nacional, el poder mediático minimizó tal evento.
Paradójicamente, mientras esta realidad electoral sucedía en México, en ese mismo marco histórico, en los Estados Unidos donde también se preparaban las elecciones presidenciales para la Casa Blanca, la National Football League (NFL) —una de las ligas de futbol americano más rentables del mundo—decidió no interferir con el proceso de sucesión electoral del presidente Barack Obama, y por primera vez, en toda su historia empresarial norteamericana, modificó la inauguración de su temporada deportiva moviéndola para el 5 de septiembre, con el fin de evitar obstaculizar el discurso del presidente Obama en la Convención Demócrata del 2012.
De igual forma, en idéntico contexto, a 4 días de las elecciones en la segunda vuelta en Francia, los candidatos al gobierno francés en el 2012, Nicolás Sarkozy y François Hollande, celebraron un fuerte, frontal y enriquecedor debate electoral que fue televisado por todas las cadenas públicas y privadas del país.
Sin embargo, pese a las restricciones impuestas por el duopolio televisivo, los resultados de penetración del evento fueron sorprendentes, pues por una parte, el partido de futbol “Monarcas-Tigres” —transmitido por el Canal 40 de TV Azteca— obtuvo 9 puntos de rating, y el debate presidencial transmitido por el Canal 5 de Televisa en cobertura abierta alcanzó una penetración superior promedio a 10.4 puntos de rating y en la parte final obtuvo hasta 12 puntos de audiencia.
Incluso, un mes después este éxito de la cultura política televisiva se volvió a repetir cuando el segundo debate presidencial, realizado el 10 de junio del 2012, tuvo un interés más notable en la población al registrar 100% de mayor penetración con 22.6 puntos de rating en todo el país. Así, el día del encuentro el rating del debate político rebasó la penetración de las principales televisoras con su programación comercial, pues el Canal 2 de Televisa registro un rating de 17.4 puntos y el Canal 13 de Televisión Azteca obtuvo 5.2% puntos.
Por otra parte, en las redes sociales el debate entre los candidatos presidenciales alcanzó un éxito sorprendente, pues al menos en Twitter el encuentro por la sucesión presidencial derrotó al partido de futbol transmitido por Televisión Azteca a la misma hora, ya que tales tópicos futboleros tuvieron escasa presencia como temas relevantes o trending topics en esa red social.
Así, no obstante las limitaciones impuestas por el poder mediático, las consecuencias de la difusión del encuentro sobre la opinión pública también fueron importantes, pues las encuestas de opinión posteriores a la transmisión del primer debate reflejaron un cambio importante en las preferencias de intensión del voto al dejar a Enrique Peña Nieto con 46.9%, Josefina Vázquez Mota con 26.2%, Andrés López Obrador con 23.7 % y Gabriel Quadri con 1.9% de preferencia electoral.
Empero, no satisfechos los concesionarios privados con el boicot a la difusión de la primera discusión política, y sin considerar el significativo impacto positivo que este motivó en la opinión pública nacional, al día siguiente las industrias electrónicas privadas, particularmente las audiovisuales, intentaron desviar la atención del país señalando que lo más destacado del debate no fueron los contenidos que se expusieron sobre la problemática del futuro del país, sino fue la presencia sexy y frívola de la edecán argentina Julia Orayen, una conejita modelo de Playboy en 2008.
Así, subrayaron que lo visualmente fundamental no fue la sustancia ideológica expuesta por los contendientes presidenciales, sino el muy atrevido escote que la modelo lució ante las cámaras durante 1 minuto en un vestido blanco muy enfundado para entregar a los precandidatos al inicio de la competencia unas boletas jerarquizadas, con el fin de definir los turnos de las participaciones, llevándose con ello estelarmente la noche política.
La ofensiva critica mediática contra el IFE en el posdebate fue tan grande, especialmente de la telecracia, que el presidente del organismo, Leonardo Valdés, pidió disculpas públicas a la sociedad y a los candidatos por la infortunada participación de la edecán, atribuyéndole a la casa productora del evento la responsabilidad de introducir a la mujer como “objeto de distracción”.
Todo ello comprobó que pese a los obstáculos interpuestos por la telecracia, la transmisión de la discusión política sobre el futuro del país fue un éxito, pues suscitó más interés en los auditorios que la difusión del entretenimiento deportivo o espectacular en México.
La actitud sensible de la teleaudiencia para enfrentar la solución de los grandes conflictos de nuestro desarrollo nacional desmitificó el lema popular de que “¿pá que veo el debate, si ya sé de qué se va a tratar?… mejor veo el fut”, y eligió mayoritariamente atender la polémica sobre el desarrollo de la nación.
De esta forma, mediante ese comportamiento empresarial intolerante, el duopolio televisivo, por una parte, confirmó su tendencia mediática para boicotear sistemáticamente el avance de la apertura de los sistemas comunicativos de gobernabilidad nacional —con el fin de seguir conservando los enormes privilegios unilaterales e ilimitados que ha conquistado por décadas al aliarse al funcionamiento del viejo autoritarismo político en el país— y, por otra parte, ratificó que su principal interés es oponerse a la edificación de la democracia.
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