Hacia otro Sistema Nacional de Investigadores/IV-VI
Javier Esteinou Madrid
Además de los diversos logros obtenidos por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) a lo largo de casi 30 años de vida, en la actualidad también encara diversos retos históricos que es necesario superar para alcanzar otro nivel de madurez institucional y de impulso a la ciencia y la innovación en México. Dentro de los principales desafíos figuran, entre otros, los siguientes:
11.- En oposición a los múltiples discursos oficiales de las autoridades que señalan reiteradamente que el mejoramiento académico de los posgrados en México se debe a la presencia de miembros del SNI dentro de éstos, la verdad es que la evolución de las diversas maestrías y doctorados en el país no se ha gestado necesariamente por el cultivo de una motivación heurística de los estudiantes por avanzar por los caminos complejos del conocimiento especializado.
De esta forma, la demanda creciente de los universitarios por el acceso al SNI no proviene del interés por avanzar en el exigente terreno del progreso científico para crear nuevos conocimientos o para descubrir nuevos aportes cognoscitivos que beneficien el avance social, o para resolver los diversos desafíos que plantea la ciencia contemporánea, o para progresar científicamente en la resolución de los grandes desafíos de la nación, etc.; sino por el simple pragmatismo de sobrevivencia material que les permita a los académicos gozar de un apoyo monetario extra para obtener un mejor nivel de calidad de vida.
En este sentido, el SNI no ha cristalizado como institución estratégica del Estado para impulsar la ciencia y la innovación, pues la estimulación que continúa promoviendo entre los académicos no es el interés por la expansión del conocimiento científico, sino el cumplir con los requisitos administrativos que se exigen para conquistar la percepción asistencial del estímulo económico mensual.
12.- Aunque se demuestre la capacidad de ser un investigador nacional consolidado con muchas evidencias, el SNI no le concede al académico maduro la permanencia de los estímulos económicos, pues prefiere conservar la estructura de condicionamientos o “vigilancia” anual sobre su personal para que éste demuestre periódicamente que continúa trabajando productivamente. En este sentido, el SNI adopta la posición de no dar dinero por adelantado, o una definitividad en el estímulo económico, porque entonces se considera que ya no trabajaríamos. Este pensamiento es verdaderamente denigrante y degradante.
13.- La existencia del SNI por tres décadas no ha revertido la inercia de la escasísima presencia de patentes y de productos nacionales relacionados con innovaciones y con desarrollos tecnológicos, ni se ha propiciado la óptima vinculación de los investigadores con diversos sectores productivos, ni ha impactado en la construcción de nuevas políticas de investigación o de generación de conocimientos para el país.
14.- Se tiene una visión deformada de lo que significa ser investigador del SNI: el investigador es un “bicho de biblioteca” que publica artículos, es citado, vive en constante estrés y recibe una compensación económica mensual; y no el individuo que produce conocimientos especializados útiles para contribuir a resolver los desafíos de la nación y de la vida cotidiana.
15.- Después del enorme esfuerzo económico y humano realizado por las universidades, los centros de enseñanza superior y las áreas de investigación a lo largo de tres décadas en el país para generar conocimientos científicos especializados; el SNI no ha edificado una base nacional de datos que permita rescatar y sistematizar lo que todos los años sus miembros descubren o lo que aportan a cada una de las ramas del conocimiento que institucionalmente apoya.
Así, por ejemplo, después de muchos años de existencia del SNI no sabemos qué es lo que han aportado los biólogos para crear semillas más resistentes ante las plagas; qué es lo que han construido los físicos para proteger la atmósfera de los rayos ultravioleta en las principales ciudades de la república; qué es lo que han propuesto los sociólogos para saber si la sociedad ha evolucionado a una nueva fase de transición democrática o continúa perdurando el mismo viejo sistema político anquilosado pero maquillado de moderno; qué han aportado los ingenieros para saber cuántos mantos acuíferos todavía se conservan puros en el subsuelo del país; qué han precisado los ecólogos sobre cuántas especies se encuentran en fase de extinción; qué es lo que han localizado los médicos para encontrar novedosos medicamentos frente al surgimiento de nuevas enfermedades locales; qué saberes han acumulado los geólogos para conocer qué regiones del país son más sísmicas que otras; qué tanto se conoce sobre el genoma del mexicano para crear una mejor nutrición de la población; etc.; cuando en realidad sí existe muchísima información sobre estos hechos producida por los miembros del SNI, pero tales conocimientos no se han organizado y se han abandonado a la dinámica del uso del mercado o a la espontaneidad de la anarquía nacional.
Incluso, existe una especie de desprecio sorprendente por parte del aparato burocrático del SNI hacia las aportaciones científicas producidas por los académicos de las diversas instituciones de educación superior.
Así, en plena modernidad se ha llegado a la paradoja institucional aberrante donde con muchos esfuerzos el SNI financia la continuidad de la investigación en México, y después su aparato administrativo anuncia la ultimación de los conocimientos forjados por falta de espacio para guardarlos o la ausencia de políticas informáticas para aprovecharlos.
Ante ello, debemos preguntarnos: ¿dónde queda esa masa gigantesca de conocimiento nacional que producen anualmente los académicos, y que no se sistematiza para saber en qué porcentaje y nivel hemos progresado sobre el discernimiento de nuestras diversas realidades nacionales, y cuáles son sus posibles alternativas de solución?
16.- El saber especializado generado en México por los investigadores nacionales se desperdicia por el Estado y es reaprovechado astutamente por los consocios monopólicos transnacionales privados, sin que esto les implique costo alguno.
En última instancia, esto significa que lo que realmente patrocinan las políticas de ciencia y tecnología del Estado mexicano es el fortalecimiento de las empresas multinacionales instaladas en el país y en el mundo, y no el crecimiento nacional.
jesteinou@gmail.com
