Hacia otro Sistema Nacional de Investigadores/VII-IX
Javier Esteinou Madrid
A lo largo de casi tres décadas, el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) alcanzó diversos logros valiosos que han contribuido al impulso de la ciencia y la innovación en México. Sin embargo, además de las metas conquistadas, en la actualidad también encara diversos lastres que no ha podido resolver y que es necesario encarar para que madure como una institución superior que impulse sustantivamente el desarrollo del quehacer científico en el país.
Dentro de los principales pendientes en el ámbito salarial y laboral de los investigadores nacionales figuran, entre otros, los siguientes:
24.- Al no formar parte del salario real los estímulos del SNI, sino operar como becas académicas provisionales que se deben renovar periódicamente, pues de lo contrario se anulan; se excluye de ese monto financiero todas las prestaciones laborales regulares que por ley le corresponden a un trabajador (aguinaldo, vacaciones, antigüedad, pensión, bono de partida). Además, los aumentos otorgados anualmente por el Estado a los estímulos están indexados al salario mínimo que se devalúa constantemente afectando el valor del apoyo percibido. Por consiguiente, si dejan de pertenecer al SNI los académicos pierden aproximadamente hasta el 70% de su salario mensual.
Todo ello coloca el respaldo económico del SNI en una situación de gran fragilidad salarial, y por lo tanto, impacta sustantivamente sobre el fomento de las políticas de ciencia y tecnología.
25.- Finalmente, siendo que el SNI se creó hace casi tres décadas, en la actualidad, cada vez más, un porcentaje mayoritario de su población académica se encuentra colocada en una fuerte tendencia de envejecimiento y sin opción real para renovarse, pues el Estado no ha resuelto el aspecto económico de fondo correspondiente a la atención de la jubilación de los mismos. Simplemente, en el 2012 el promedio de edad de todos sus miembros fue de 49 años, el promedio de edad en el nivel II fue de 50 años, y de su población total de investigadores el 5.5 % tiene más de 70 años.
Sin embargo, no obstante esta preocupante realidad de envejecimiento humano, al no haberse indexado el estímulo pecuniario que otorga el SNI a la estructura del salario base de los investigadores, ocasionó que los académicos no decidan jubilarse, pues al retirarse pierden la categoría como investigador nacional, y con ello, sus limitadas prestaciones. Dicha realidad evita que los estudiosos pertenecientes a tal régimen académico consideren la posibilidad efectiva de su retiro, aunque ya no tengan condiciones físicas adecuadas para seguir ejerciendo su rol de investigadores nacionales.
Así, en la actualidad nadie quiere abandonar el SNI y al mantenerse controlado el crecimiento de dicha institución por el Estado, gran parte de los nuevos doctores que pretenden ingresar a él, no pueden hacerlo, presionando al propio SNI, mientras que su planta académica envejece rápidamente. Todo ello obstaculiza sustancialmente la renovación de la base de investigadores nacionales de tercera edad por jóvenes estudiosos de las nuevas generaciones, ya que los investigadores de mayor edad se ven impedidos para retirase en condiciones dignas. Esta circunstancia provoca que la dinámica de renovación de los investigadores en las universidades sólo se dé “cuando éstos salen con los pies por delante”.
Por todo lo anterior, el actual modelo administrativo-científico del SNI ya se agotó y ya no da más de sí para impulsar el avance científico del país, más allá de simplemente continuar apoyando salarialmente a los académicos que cumplen administrativamente con los requisitos formales del mismo. Por ello, ahora se requiere la creación de un nuevo paradigma de promoción de la ciencia y de la innovación orientada hacia la colaboración de la resolución de los grandes problemas globales de México. De lo contrario, continuaremos teniendo una ciencia e innovación divorciada del proyecto de crecimiento nacional que servirá más como un instrumento “decorativo” o de “ornato” para presumir ante las naciones más desarrolladas del primer mundo que están inmersas en el estímulo de la “sociedad de la información y el conocimiento” del siglo XXI; y no como una herramienta eficaz que colabore a que el país salga del proceso de subdesarrollo científico en el que está sumido desde hace varios siglos.
El conjunto de estas realidades y otras más reflejan la necesidad ineludible que el SNI resuelva dichas contradicciones para superar sus limitaciones históricas de origen e impulse el verdadero desarrollo científico de la nación, aprovechando la enorme riqueza del capital humano que actualmente existe en la república mexicana.
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