Joaquín Pérez Sánchez

Tras la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez, se abre el escenario para nuevas elecciones presidenciales, ahora entre el candidato opositor perdedor, Henrique Capriles y Nicolás Maduro, el sucesor designado por el propio Chávez. El arranque de las “campañas” con duros insultos, amenaza con convertir los comicios en una “guerra” electoral, que podría culminar con otras elecciones ganadas por Chávez, esta vez desde la tumba.

El cinco de marzo pasado, el gobierno venezolano anunció la muerte de Chávez a causa del cáncer que le aquejaba desde  2011 y que lo llevó al quirófano en cuatro ocasiones, la última de las cuales fue en diciembre pasado. Tras ser intervenido en Cuba, el mandatario venezolano, tuvo altibajos en su postoperatorio. Chávez regresó a Caracas para seguir su convalecencia, sin embargo, el mandatario no pudo recuperarse y ocurrió su deceso tras una infección respiratoria.

Si bien es cierto desde algunos círculos de prensa internacional opositora al gobierno chavista, ya se especulaba sobre la posible muerte de Chávez, su fallecimiento y la reacción, tanto nacional como internacional, paralizaron física y mediáticamente esas expresiones. Los medios de comunicación reflejaron claramente los millones de seguidores chavistas que se volcaron inconsolables en los que, quizá pueden ser considerados los funerales más concurridos de la historia venezolana.

Además, la presencia de 32 jefes de Estado y de decenas de delegaciones de distintos países que acudieron a las exequias del comandante, entre simpatizantes y adversarios políticos, además de los cientos de informadores y medios que se dieron cita, todo un fenómeno mediático que merece un estudio aparte.

Quizá esta apabullante manifestación de simpatía a la figura de Chávez, aunado a las dos últimas derrotas electorales de la oposición venezolana, retardaron la articulación de una candidatura presidencial que ya se esperaba, la de Capriles.

El dirigente opositor aceptó contender en los comicios presidenciales del 14 de abril próximo por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y en sus primeras declaraciones atacó a Maduro, acusándolo de “manipulador” de la muerte de Chávez, para favorecer su candidatura presidencial.

Capriles, quien perdió con Chávez por más diez puntos en octubre pasado, acusó al oficialismo de mentir sobre la muerte del presidente y de engañar a “nuestro pueblo chavista” sobre su verdadero estado de salud. “Nicolás, no le voy a dejar el camino libre, compañero. Voy a pelear cada voto con estas manos, cuésteme lo que me cueste”, apuntó el opositor.

Por su parte, Maduro, quien fue designado “presidente encargado” y quien también aceptó la candidatura, consideró que Capriles busca desatar la violencia para justificar su derrota y lo llamó “fascista”, y “señorito que acaba de llegar de Nueva York, donde tiene un apartamento de cinco millones de dólares”.

Al cierre de este material, todavía las autoridades electorales no oficializaban el arranque de las campañas, las cuales sólo duraran diez días. Sin embargo, es evidente que el centro de la contienda será alrededor de la figura de Chávez.

A juzgar por los funerales de Chávez, modificar el escenario electoral para revertir un triunfo del oficialismo será muy difícil, pero a juzgar por el tono en que están iniciando las campañas y las amenazas que se han vertido, la “guerra” electoral puede generar escenarios de confrontación e incluso de violencia.

Chávez ganó todas sus batallas electorales y los datos duros avalan la transformación de Venezuela que él encabezó, sobre todo en materia social y educativa, en la reducción de la pobreza y en la distribución más equitativa de la riqueza nacional, sobre todo del petróleo. A nivel latinoamericano, tampoco se puede ocultar su potente contribución al reordenamiento geopolítico del área, apoyando gobiernos e iniciativas alternativas al tradicional poder hegemónico estadounidense.

Ese fuerte legado es el que es muy difícil de cambiar o tergiversar para sus opositores, por eso ahora el escenario electoral venezolano se centra en su figura y muy probablemente estas elecciones presidenciales también las gane Chávez, sólo que desde la tumba.