Miguel Ángel, acreedor de afectos y gratitudes
Mi desconcierto inicial ante lo inconexo de estas palabras y los textos completos de tus artículos, se tornó en desazón y angustia cuando entendí, de golpe, la manera discreta, sobria, elegante de escribir tu despedida: nada de quejumbres ni lamentos, nada de sermones o proclamas a los que, por otra parte, tenías derecho más que ganado.
