La noche de los generales
La decisión de poner fin a gobiernos encabezados por un militar resguardó al Ejército mexicano, durante seis décadas, del peligroso juego del poder.
La decisión de poner fin a gobiernos encabezados por un militar resguardó al Ejército mexicano, durante seis décadas, del peligroso juego del poder.
“¡Serénense! ¡Que no es para tanto!” Eso les diría el demócrata Andrés Manuel López Obrador a las víctimas de los abusos cometidos por un gobierno presidido por él
Miguel Angel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal electo, declaró que trabajará con el próximo presidente de la república —“se llame como se llame”— y que no tendrá objeción alguna en aparecer a lado de Enrique Peña Nieto.
La mejor respuesta a la estrategia desestabilizadora del lopezobradorismo —anunciada en Atenco por la llamada Convención Nacional contra la Imposición— fue la reunión que se llevó a cabo en Los Pinos entre el presidente Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, para iniciar los trabajos de la transición presidencial.
Durante seis años, la gobernabilidad del país sufrió las consecuencias de una presidencia inconsistente. La relación entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, entre el presidente de la república y los gobernadores, siempre estuvo marcada por la incertidumbre y la desconfianza.
Que no se mal entienda o distorsione la frase. Decir que México necesita un presidente de la república fuerte no significa proponer un gobierno autoritario o el regreso al presidencialismo absolutista de otros tiempos.
La táctica desestabilizadora que ha venido construyendo Andrés Manuel López Obrador para invalidar los resultados electorales coloca en el centro del escenario nacional al presidente de la república, Felipe Calderón, y al jefe de Gobierno del Distrito Federal, dos piezas políticas que estarían obligadas a desactivar el intento de romper el orden constitucional.
Quienes conocen la formación institucional de algunos que hoy militan en el “gabinete” de Andrés Manuel López Obrador se preguntan, con sobrada razón, si esos secretarios virtuales siguen convencidos de las convicciones democráticas del candidato de las izquierdas, o si a estas alturas ya tienen serias dudas.
A su manera, forzado por los reporteros y las constantes acusaciones que se le hacen, de buscar incendiar las elecciones, Andrés Manuel López Obrador dijo que firmaría una carta compromiso para respetar el resultado de los comicios.
La trasgresión de López Obrador era clara, no sólo por intentar recaudar un monto que triplica lo permitido por la ley, sino por la presencia de agitadores extranjeros como Costa Bonino, que se especializa en organizar “golpes sociales” para beneficiar a sus clientes.
Aquella frase de Felipe Calderón, pronunciada en algún lugar de Los Pinos, sin duda en una noche infortunada, vuelve como reptil a serpentear en medio de la sucesión presidencial: “Prefiero entregarle la banda presidencial a un militar, ¡a cualquiera!, antes que a un priista”.
Los políticos, como cualquier ser humano, son absolutamente predecibles, sobre todo, después de haber estado expuestos durante más de veinte años ante la mirada de la opinión pública, como es el caso del candidato del PRD a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador.
Germán Martínez Cázares, exdirigente del PAN, publicó recientemente en el periódico Reforma un artículo que tendría otra relevancia si no se tratara de uno de los hombres más cercanos a Calderón.
¿Moral? Sí, moral. Porque mientras la candidata del PAN Josefina Vázquez Mota hablaba como la encarnación de la Santísma Trinidad y el candidato de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador decía ser —para variar— el poseedor de la verdad absoluta, Enrique Peña Nieto nunca intentó burlarse, durante el debate, de la inteligencia de los mexicanos.
El debate se convirtió, de pronto, en lugar sagrado de quienes hoy se encuentran en la parte baja de las encuestas. Josefina Vázquez Mota —pero sobre todo Andrés Manuel López Obrador— hizo de la transmisión en cadena nacional un asunto de vida o muerte como si en ello le fuera el triunfo o la derrota. Seguir Leyendo
Para algunos, Josefina Vázquez Mota ya fue sustituida como candidata de Acción Nacional a la Presidencia de la República. Para otros, la consigna es que crezca de aquí a la primera mitad de mayo para evitar su relevo.
Enrique Peña Nieto dijo ante un empresario del turismo que frente al exterior México es un país casi en guerra.
Josefina Vázquez Mota ha demostrado públicamente su afición a la mentira. Más que una economista o una política es una mujer formada en relaciones públicas y mercadotecnia. Una típica vendedora, con sonrisa forzada, obligada a exagerar para vender.
La candidata del Partido Acción Nacional, Josefina Vázquez Mota, va a la baja. Durante la primera semana de campaña todo le salió en contra: spots mal producidos y peor redactados, los reclamos por llamar “monstruo” a la UNAM
La novedad es que el Indice de Desarrollo Humano de un país —según la ONU— ya no sólo se mide por el ingreso nacional sino también por la esperanza de vida, los grados de alfabetización y, “ojo”, por los avances en materia de equidad de género.