La marcha de febrero
Los mexicanos, aun cuando en algunos casos estén parcial o totalmente equivocados, tienen todo el derecho a expresar sus simpatías o rechazos a las diferentes causas o propuestas políticas que surjan.
Los mexicanos, aun cuando en algunos casos estén parcial o totalmente equivocados, tienen todo el derecho a expresar sus simpatías o rechazos a las diferentes causas o propuestas políticas que surjan.
Por supuesto, “El Carreño”, como se le conocía ya avanzado el siglo XX, era un objeto de burlas, particularmente por parte de los jóvenes que no aceptaban desfiguros morales como los propuestos por don Manuel.
La Cuarta Transformación busca reducir —y con el tiempo eliminar— la irregularidad en el manejo de los asuntos públicos y esta intención choca contra los ánimos de una red de corrupción…
Nuestra frontera norte, con una respetuosa disculpa para nuestros entrañables amigos de América Central, es decisiva para nuestro país. Y, por cierto, más importante para los centroamericanos que la frontera de ellos con México.
Hay mucho que hacer más allá de llevarles algún alivio en sus condiciones materiales de vida. Nuestros pueblos, todos en su conjunto, afrontan problemas culturales que requieren de nuestra preocupación y de las acciones inmediatas.
En los años 60, Mario Gil sostuvo que en una relación de buenos vecinos, los mexicanos éramos los buenos y los estadounidenses los vecinos.
De pasar de un arreglo político excluyente a uno más participativo, en donde las y los mexicanos tengamos mucho que decir y mucho que decidir. De una democracia formal a un ejercicio real de la política entre ciudadanos que deben vivir en una mayor equidad.
La marcha del domingo refleja opiniones que tienen múltiples explicaciones y la más importante es la vertiente de la pluralidad en el pensamiento político de los mexicanos.
El punto decisivo en los problemas de salud en nuestro país es el de la población sin acceso formal a los servicios médicos, es decir, de las y los mexicanos que no cuentan con servicios de seguridad social.
A pesar de los esfuerzos hechos en diferentes tiempos, y aún más en el presente Gobierno, en México hay 27 millones de habitantes que viven —a veces sobreviven, como ya se ha dicho— en las áreas rurales.
El incidente, en sí escandaloso del hackeo, no es, al menos por ahora, una amenaza a nuestra integridad nacional, lo que no significa que debamos abandonar las precauciones.
Por ahora, no existen fuerzas policiales adecuadas para responder a todas las necesidades de la población en la materia.
Aquí estamos en pleito los seguidores de Cuauhtémoc con los seguidores de Hernán Cortés y en Chiapas todavía se agrede a los partidarios de Jacinto Pérez, “El Pajarito”, o de los jefes llamados “mapaches”.
El Presidente Andrés Manuel López Obrador, desde su condición de candidato a la Primera Magistratura del país había prometido esclarecer aquellos trágicos acontecimientos de 2014.
Hay una certidumbre que sí es positiva en su totalidad: la que se refiere a que las competencias electorales van a sucederse en sus debidos tiempos. La democracia es competencia permanente y la seguridad en el sentido de que será un ejercicio con escenarios parejos.
Se ha dicho que son actos adelantados de campaña y que, por eso mismo, constituyen faltas al orden legal vigente que deben ser castigados por las autoridades respectivas.
Por eso es importante ir a fondo en los análisis que se hagan sobre la reciente visita del Presidente Andrés Manuel López Obrador, para una reunión de trabajo, con el Presidente de Estados Unidos.
Esa fortaleza debe provenir, y por ahora así es, del respaldo popular que también es indiscutible en el país. Un gobierno fuerte es una garantía consensuada por la voluntad de los ciudadanos en el territorio nacional.
Como factor o como instrumento, desde los días del PNR fue un ingrediente en la historia política del país, al relacionarse con la construcción de las instituciones del México moderno en los términos de la política.
Ese es un componente del escenario en el que se dieron los incidentes de hace unos días, en que se vieron involucrados los enviados de la prensa que cubrían un evento presidencial.