Lo que viene es de horror
Encerrado en su vanidad este Presidente decidió. Optó por abandonarnos a 100 millones de mexicanos, fallando a su juramento al ser investido como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Encerrado en su vanidad este Presidente decidió. Optó por abandonarnos a 100 millones de mexicanos, fallando a su juramento al ser investido como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Vean ustedes: intento por apropiarse de las leyes como en el caso de Baja California; odio por las limitantes, por eso hay que eliminar a todos los órganos autónomos y convertirlos en vasallos del gran señor tenochca macuspano.
La crisis en sus palabras es muy relativa, cuando es total, mortal para todos los mexicanos, excepto para el asalariado que lo increpaba, y el niño que obedece todo lo que dice el inepto mayor, el tal López Obrador.
Así de chuecos estamos en este acertijo nacional, asesorados por latinoamericanos rojos cubanos, venezolanos, ecuatorianos, y de otras latitudes.
Más de una empresa mexicana tiene capacidad y el gusto de apoyar al gobierno para crear equipo médico de seguridad y ventiladores médicos, en vez de importarlos de Asia o Europa.
El YO y el conmigo. A él le dijeron que no iban a desemplear a nadie. Los que generen desempleo serán expuestos por el Gran Andrés en las Mañaneras, para que vean lo que se siente. A menos que sean sus cuates.
Para ambos los organismos internacionales como la WHO o el G20 son inútiles. Tampoco creen en el poder de la OPEP. No entienden, son muy incultos con un toque bien sazonado de tontería de origen (falla educativa).
Ahora nos presentan un Plan de Emergencia alterno, hecho en unos cuantos días para apagar el fuego que prende cual vil pirómano el apasionado Brutus con todo y harpa desde Palacio Nacional.
¡Qué lastima!, digo, porque estamos en el mejor momento para recibir apoyo del mundo entero para en tierras mexicanas combatir a ese extraño enemigo. Su nombre, Coronavirus, o Covid-19.
Es lo que deduzco de los pleitos que ocurren entre diplomáticos de México y otros países; entre miembros del gabinete federal que buscan rescatar al país de la crisis en la que se encuentra y que será peor.
Con una economía muy débil, difícil de ser contabilizada por nadie decente, pues gran parte del presupuesto 2019 salió con subejercicio, y otra parte importante no está auditada, pues sale y la maneja directamente el señor Presidente.
Revisen en el diccionario de la lengua española la diferencia que existe entre contraerse, encogerse, crecer y caer. No son sinónimos perfectos.
La economía mexicana tuvo una caída en el 2019.
El diccionario de la surreal Academia de la 4T define al Neoliberalismo como ese saco de perversidades que de tan infausta maldad llegada del averno, es indescriptible.
Cuarenta mil billetes para que los números cuadren. Es decir que los empresarios le van a entrar cada uno con 20 millones de pesos. Pero los que están muy de buenas, le pueden marcar a la opción doscientos millones.
La economía mexicana sorprendió en 2019, pero por la caída con la que cerró. Hoy la falta de credibilidad apunta a convertirse en un grave dolor para el Gobierno Federal y para la economía de 130 millones de connacionales.
Ya se veía venir en el mundo y por supuesto en México, una crisis de reglas inciertas. Algo se acababa, y surgían nuevos caminos del todo incomprendidos pero que se antojaban irremediables.
Todo apunta color de hormiga, por lo menos en este mes de enero, que no ha sido de cuesta, sino tormentoso y depresivo. Llegaron los primeros pronósticos y todos pintan color rojo hormiga.
En este 2019 hubo un conjunto de coincidencias de esas, que ya sabemos que no son coincidencias, aunque tardan en asimilarse. Pero son muestra clara de que alguien trae un plan para el país muy distinto del que se quiso dibujar en lo oscurito a partir del 1 de julio de 2018.
Hoy Mexico es más atractivo que por sus recursos naturales, por sus habitantes, por su capacidad de organización para el crecimiento, por su iniciativa, porque luchamos por nuevas riquezas.
Contrarios al espíritu del T-MEC los viejos sindicatos mexicanos amañados, pro líderes e intereses personales, luchan con fuerza en contra de los preceptos laborales del nuevo T-MEC.